De la muerte a la vida

 


"Quien escucha mi palabra 
y cree al que me envió 
posee la vida eterna 
y no incurre en juicio."
 (Jn 5,17-30).

En Cuaresma, la mirada de Dios, contempla y diseña cada detalle en la vida de cada uno de nosotros sus hijos, para realizar sus maravillosos designios divinos.

Las palabras de Jesús recogidas en el cuarto evangelio son meridianamente claras. Lo esencial está en creer la palabra de Jesús y creer en quien lo envió. Tan esencial es que esta fe, anunciada, celebrada y vivida, otorga a quien la profesa, la plenitud de vida: la vida eterna.

 

Que se haga tu voluntad, Dios mío, y no la mía. Enséñame a renunciar, a ser flexible, a acoger tus proyectos.
Guía mi voluntad por los caminos de tu amor y misericordia, Hazme obediente a tu Palabra, a tus deseos. Dame, Dios mío, un espíritu de servicio,  ya que Tú eres mi Dios y Señor que te entregaste por mi  y me diste ejemplo para que siga tus huellas. Amén

Jesús tiene asumido que no puede hacer nada por sí mismo. Abandonado en la voluntad del que lo envió, hace y dice. Un motivo que provocó las ganas de matarlo porque no se entendió. Un modelo en el que poner la mirada y la vida. Una razón para morir dando vida.


«Mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad» Lo que da fuerza a nuestro testimonio no es lo que somos, sino que mostramos a aquel que nos amó primero y da razón a la Buena nueva que no quede encerrada en nuestro corazón sino que salga al mundo, para que la conozca en verdad.

Pasar de la muerte a la vida, esa es la misión de Jesús. Pasar de pensar y sentir desde la muerte, sino sabernos envueltos de vida. Ese es el gran regalo de la fe. Y la vida se nos manifiesta en todo lo que ocurre. Hay vida en cada encuentro, en cada situación, en las buenas y en las malas. En la salud y enfermedad. Por eso estamos invitados a cambiar nuestra forma de mirar la realidad y pasar del temor a la confianza.


Ante la muerte, 
Jesús habla de vida… 
¡y nos llena de vida! 
¿Cómo pienso en mi propia muerte? 
¿Vivo con la esperanza de la fe?

  

 

Que, ¿por qué te amo?

Te amo porque eres mi hijo…
Te amo cuando veo que te vas,
 y también cuando decides volver. 
Te amo cuando juntas conmigo, 
y también cuando desparramas. 
Te amo cuando estás en mi rebaño, 
y también cuando te entretienes por ahí… 
Te amo cuando me dices «voy» y no vas,
 y también cuando me dices «no voy», 
y arrepentido vas… 
Te amo cuando te veo construir sobre roca, 
y también cuando lo haces en pantanos y arenas. 
Te amo cuando traes las redes colmadas, 
y también cuando vienen vacías. 
Te amo cuando me sigues a mí, que soy el Camino, 
y también cuando tomas atajos o te pierdes en callejones. 
Te amo. 
Te amo, porque eres mi hijo amado. 
Te amaré siempre. 
(Hermana Viviana Romero)
 

 

 


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