ATARDECER

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Remar mar adentro

31/12/16

La ternura de Dios en la mirada de los niños



  • “HEMOS CONTEMPLADO SU GLORIA” (Jn 1,14).  

El inicio del evangelio de Juan es para ser meditado y orado con calma durante el tiempo de Navidad.
Presenta a Jesucristo corno Palabra o portavoz del Padre, como Luz, Vida e Hijo de Dios. Es quien da a conocer a Dios y ofrece el poder ser hijos e hijas suyos.
Esto porque el Hijo se ha hecho hombre y ha vivido entre nosotros una vida plenamente humana.
En esta vida humana de Jesucristo debemos descubrir quién es Dios y qué estamos llamados a ser los hombres y mujeres.

- Gracias, Señor Jesús, por haberte hecho uno de nosotros. Que nuestra vida consista en dejamos hacer semejantes a ti.

Los niños son todo ojos para mirar el amor que hay a su alrededor y quedar empapados de ternura.
Nunca se cansan de mirar y escuchar. Los padres realizan cada minuto una tarea artesanal con sus hijos.
Los niños nos enseñan a mirar a Jesús junto a sus padres José y María.  



“Es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen.
¡Cuánta ternura hay en ello!
En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración” (AL 287).


Terminamos el año con el mismo Evangelio de La Navidad.
“La Palabra se hizo carne”.
Me parece un Evangelio muy apropiado para el día:
Mientras el año 2016 está en agonía, prácticamente ya le hemos dado la unción de enfermos, y se nos irá esta noche:
Nadie va a hacer luto por él.
Nadie asistirá a su velatorio.
Todos lo celebraremos con la juerga que todos conocemos.
El Evangelio nos habla de “nacer”: “Estos han nacido de Dios”.


Primero una mala noticia: “Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”.
¿Estarían todos de juerga?
Pero luego, la maravillosa noticia: “Los que la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos han nacido de Dios”.


¿Por qué hablar tanto de la muerte?
Si nos pasamos la vida “naciendo”.
Primero nacimos “en el corazón y el pensamiento de Dios”.
Nos parecemos a la Palabra: “En el principio ya existía la Palabra”.
Nos parecemos a Jesús que, antes de encarnarse “ya existía en el Padre”.
En segundo lugar, “nacimos como brotes en la vida de nuestros padres”.
En tercer lugar, “nacimos creyendo en la Palabra encarnada”.
Y seguimos naciendo cada día.
Porque cada día, es un nuevo amanecer.
Porque cada día, nos abrimos a la Palabra.
Porque cada día, “la recibimos en nuestra casa”.


Por tanto, terminamos el Año Viejo:
No hablando de muerte.
Sino abiertos a la vida.
Y no una vida cualquiera: No es la vida que “nace de la carne, ni del amor humano”, que es perecedera, sino de la vida misma de Dios.


Muchos celebrarán esta noche “la muerte del año que se nos va”.
Nosotros celebraremos la nueva vida que nos viene de la fe en el Niño recién nacido.
Serán alegrías distintas.
Unos, se alegrarán por la gran cena de Nochevieja, acompañada de su “bailetón” hasta la madrugada y el “caldito caliente” para comenzar el nuevo día.
Otros, nos alegraremos celebrando el nuevo Nacimiento de Jesús en nuestras Misas, actualizando nuestra fe en El.
Nos alegraremos sí del “Año Nuevo”.
Pero nos alegraremos mucho más de “sentirnos a nosotros mismos nuevos, nuevos hijos de Dios”.
Esa es nuestra verdadera novedad.


A todos los que “lo habéis reconocido”: ¡Felicidades!
A todos los que “lo habéis recibido en vuestra casa”: ¡Felicidades!
A todos los que habéis “renacidos como hijos de Dios”: ¡Felicidades!


Y que el Nuevo Año, que estamos a punto de comenzar, signifique para nosotros:
Un seguir reconociéndolo cada día.
Un seguir abriéndole las puertas de nuestro corazón,
Un seguir disfrutando de nuestra condición de hijos de Dios.
La alegría de la Nochevieja durará unas horas.
La alegría de nuestro nacimiento como “hijos de Dios” durará todo el año y todos los años.


¡Feliz Nochevieja a todos!



30/12/16

Dios ha tenido necesidad de una familia.






  • “EL ÁNGEL DEL SEÑOR SE APARECIÓ EN SUEÑOS A JOSÉ Y LE DIJO: LEVÁNTATE, TOMA AL NIÑO Y A SU MADRE Y HUYE A EGIPTO” (Mt 2,13).
 Todo el tiempo de Navidad habla de la familia. 
Este año el Papa nos ha ofrecido el documento «Amoris Laetitia». Nos cuestiona de diversos modos. 
Por ejemplo, invitando a la Iglesia a compartir la alegría del amor que se vive en el interior de las familias. 
Recordando que las familias cristianas deben ser las primeras promotoras de la pastoral familiar. 
O la necesidad de ofrecer motivaciones para un amor sólido y duradero, sin olvidar los problemas reales de las personas.

Ayuda, Señor, a las familias a encontrar los caminos adecuados para vivir su vocación de ser reflejo del amor del Padre.
 
Bendice a todas las familias con la paz, la unidad y el amor.

 

Dios eligió nacer en una humilde familia de nazaret

La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y misión de la familia

Los padres de Jesús están con Él. 
Sus vidas se mueven al ritmo de las necesidades de su hijo. 
Detrás de millones de inmigrantes están los hijos. 
En medio del dolor asistimos a un acto de amor que recorre la tierra. 
Cada familia desplazada es una llamada a la ayuda.  

“La compleja realidad social y los desafíos que la familia está llamada a afrontar hoy requieren un compromiso mayor de toda la comunidad cristiana en la preparación de los prometidos al matrimonio”(AL 206).  

 «La casa de Nazaret es una escuela en la que se empieza a conocer la vida de Cristo: es la escuela del Evangelio. 
En ella, primero aprendemos a ver, a escuchar, a meditar, a entender profundamente la fuerza, profunda y misteriosa, que hay en esta revelación del Hijo de Dios, simplicísima, humildísima y llena de hermosura.  
Quizá aprendemos incluso, sin darnos cuenta, a imitarlo» 
(Pablo VI, en Nazaret, 1964).


En familia vino Dios al mundo
y, con una Madre de familia al pie de la cruz,
el Señor marchó humildemente de él.
En familia, lloró Dios en la primera noche de la Navidad,
y en familia, Dios gozó por servir a la humanidad.
En familia, Jesús, recibió humildes y regios honores.
En familia, subió y bajó a Jerusalén a cumplir con la Ley.
En familia, Jesús, aprendió el valor del trabajo
y, en familia, respetó y rezó en el día de descanso.
En familia, el Niño Dios, nació en la más fría noche,
en familia, ese mismo Niño, recibió el aliento
que, ante la ausencia del calor humano,
un buey una mula le ofrecieron.
¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
En familia, Jesús, creció
y, en familia, Jesús, el amor de Dios aprendió.
En familia, Jesús, emigró lejos de su país
y, en familia, volvió a la tierra que le vio nacer.
En familia, Jesús, se instruyó en el lenguaje del cielo
y, en familia, Jesús, entendió los signos de la tierra.
En familia, Jesús, cultivó el valor de la fe en Dios
y, en familia, compartió las esperanzas de los hombres.

¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
Algo de bueno, debe de tener la familia
cuando, el mismo Dios, eligió formar parte de una de ellas.
Cuando, el Padre, quiso ser Padre en el cielo
y, por una familia, Padre de todos
los hombres y mujeres de la tierra.
Cuando, Dios, teniendo todo… quiso una mujer como Madre,
un José como padre para Jesús,
y una casa donde entretejer la más bella historia de amor.

Algo, fuera de serie, divino y humano, tiene la familia,
cuando Dios, puso en el tiempo señalado por los profetas
al Verbo Encarnado en el corazón de la misma.
Algo, grande, noble, insustituible y santo
posee la familia cuando, el mismo Dios,
siendo Dios, quiso dejarse abrazar, acariciar,
cuidar, querer, sostener, mimar, educar
y corregir en una de ellas.

29/12/16

Una luz para todas las naciones




“SERÁ COMO UN SIGNO DE CONTRADICCIÓN, 
PARA QUE SE PONGAN DE MANIFIESTO 
LOS PENSAMIENTOS DE MUCHOS CORAZONES” 
(Lc 2,35).  
Como en el evangelio de ayer, Jesús también es presentado como bandera discutida. 
Destaca, con todo, la acogida alegre y sencilla de Simeón que, a su edad avanzada, ha guardado encendida la lámpara de la esperanza y la fe. 
El Espíritu Santo moraba en él y lo guiaba. 
Esta fe de los sencillos —el resto de Israel— hará posible que, más adelante, muchos puedan adherirse a Jesús: el Salvador que no ha venido sólo para algunos, sino para alumbrar a todas las naciones.

• Te damos gracias, Señor, por los ancianos que, de manera sencilla, saben transmitir la fe a los niños.

Hablar hoy de los valores de la familia puede llegar a ser signo de contradicción. 
Pero las crisis, superadas juntos, ejercitan y prueban el amor. 
Jesús acompaña a las familias en sus dificultades.  

“La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. 
Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión” (AL 232).  


Señor, dame un corazón humilde y confiado,
como el de Simeón y Ana, como el de María.

Ellos no tenían nada y, precisamente por eso,
se acercaban a Ti, ponían en Ti toda su confianza,
cumplían tu voluntad, observaban la ley.

Señor, líbrame de la idolatría de las riquezas,
no dejes que tenga otro Dios fuera de Ti
y ayúdame a vivir siempre atento a Ti y a tu palabra.

No permitas que confíe demasiado en las personas,
ni siquiera en mis propias fuerzas.
Qué sólo confíe plenamente en Ti.

Ayúdame  a estar siempre disponible para caminar hacia Ti,
para compartir todo lo que tengo con total generosidad,
sin dejarme atar por ninguna propiedad.

Dame sabiduría y fuerza para ser libre de verdad,
para renunciar a todo lo que me aparte de Ti,
para estar abierto del todo a la plenitud de tu Amor

28/12/16

La fiesta de los Inocentes





“EL ÁNGEL DEL SEÑOR SE APARECIÓ 
EN SUEÑOS A JOSÉ Y LE DIJO: 
LEVÁNTATE, TOMA AL NIÑO Y ASU MADRE 
Y HUYE A EGIPTO; 
QUÉDATE ALLÍ HASTA QUE YO TE AVISE, 
PORQUE HERODES VA ABUSCAR AL NIÑO 
PARA MATARLO"
(Mt 2, 13-14).

El evangelio presenta a Jesús rechazado y combatido desde el inicio. O como nuevo Moisés que, a pesar de las amenazas de muerte, formará el nuevo y definitivo pueblo de Dios. 
La fiesta de los Inocentes evoca a tantos niños que cada día son víctimas de la crueldad, ambiciones u omisiones humanas. 
Mientras haya niños muertos por el hambre, la violencia o engullidos por el mar, significa que aún nos queda mucho camino en la construcción del Reino inaugurado por Jesús. 
Familias de prófugos, desechados, con la inocencia crucificada. Donde sufren tantos inocentes allí está la familia de Nazaret dando aliento. 

El poder de los tiranos deja la tierra sembrada de dolor pero no puede con la fuerza vital que aportan tantas familias de la tierra.  

“Ante cada familia se presenta el icono dela familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes” (AL 30).  

• Haznos conscientes, Señor, de nuestra responsabilidad en la vida y la dignidad de los niños.

Aquellos infantes de Belén muertos por causa de Cristo nos muestran las consecuencias terribles del afán de poder. 
Pero también, la fuerza dé Dios que da vida para siempre, más allá de todo mal que los hombres puedan crear en este mundo: 

«El rey teme que todo su mundo edificado sobre el poder, el prestigio, la corrupción, entra en crisis por un niño. 
Y Herodes llega a matar incluso a los niños: por este temor pierde el juicio» (Papa Francisco).

Señor, contemplamos tu bondad y tu ternura,
en la pobreza y humildad del portal de Belén.
Y nuestro corazón se llena de paz y alegría.

Pero hasta la ternura a veces es mal recibida.
Herodes te recibió con miedo y violencia.
Tu bondad resultó peligrosa para muchos
y acabaste colgado en el madero de la cruz.

Nos parece increíble, pero esto sigue pasando:
muchas personas que aman son incomprendidas,
porque su bondad supone una denuncia de la maldad,
porque preferimos la mediocridad a la santidad.

Señor, no dejes que otros paguen mis temores y enfados,
Perdona el mal que hacemos a muchas personas buenas.
Danos fuerza para compensar con amor nuestros errores
y para defender a los Santos Inocentes de este tiempo.