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Un Dios Compasivo


  

“Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9,38)  

Escuchamos en el evangelio el envío misionero, coincidiendo con la memoria de S. Francisco Javier. 
Todo parte de la actitud misericordiosa de Dios  y de Jesús al ver al pueblo como ovejas sin pastor. 
La llamada a la oración («Rogad al Señor de la mies...») es también invitación a compadecerme, como Jesús, ante las necesidades de mis hermanos. 
Y a escuchar la llamada a los doce como dirigida a mí. 

• Señor, haznos sentir como propio el sufrimiento de nuestros hermanos. 
Y haznos crecer en disponibilidad para anunciar el Reino.
 
Para Jesús está muy claro: los misioneros nacen en la oración. 
¿He descubierto la oración de intercesión como estímulo para la entrega evangelizadora y motivación para buscar el bien de los demás?   

“Si no sentimos el intenso deseo de comunicar a Jesús, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos” (EG 264).

El Señor nos sale al encuentro por todos los caminos.
Tanto si gemimos, como si bailamos,
tanto en la dificultad, como en la fiesta,.
Él vive la vida a nuestro lado.
Aunque nos distraigamos, agobiados y estresados,
aunque creamos que estamos solos, porque le olvidamos,
su luz ilumina nuestro camino,
como la linterna del caminante,
que alumbra sólo el trozo del camino que estamos pisando,
sin iluminar todo el camino a la vez.
El nos sale al paso cada día. Él goza, sufre y ama con cada uno.

Hoy celebramos a San Francisco Javier.
Nació en el castillo de Xabier (Navarra, 1506). Después de estudiar en París se unirá a la Compañía de san Ignacio de Loyola y, a partir de 1541, evangelizará el Extremo Oriente (Goa, Ceilán, Japón...). Es patrón de las misiones: 
«Enviadme donde deseéis; y, si lo creéis oportuno, incluso a la India. Vivirían mucho más felices y tendrían más esperanza para obtener la misericordia divina a la hora de la muerte, porque podrían decir a su favor: «Señor, me confiasteis cinco talentos; mirad, he conseguido cinco más"» (Carta).

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