ATARDECER

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Remar mar adentro

29/9/16

Tres mensajeros de Dios






“Veréis el cielo abierto” 
(Jn 1,51)  

Ver abierto el cielo significa sentir y vivir la proximidad y la protección de Dios.
Proximidad que la Biblia expresa a veces a través de la presencia de los ángeles o arcángeles que acompañan, comunican la voluntad o una misión especial confiada por Dios, curan, defienden o protegen del mal.
 La mayor proximidad de Dios la tenemos en Jesús: a través de él, Dios y nosotros somos de la misma familia, unida por una alianza indestructible.

- Gracias, Dios y Padre nuestro, porque de muchos modos nos haces comprender que estás cerca de toda la humanidad.

Jesús hace a sus discípulos una promesa.
Con sus palabras y con el don de su vida
nos ha revelado la gloria-amor del Padre a la humanidad.
Acércate a Jesús.
Déjate mirar por Él.
Aprende a vivir como El, en el ámbito de Dios, que es el de la vida.  
¡Oh Dios mío!, aclara mi mirada para que se vuelva hacia Ti.
Ahora que estoy sedienta, sáciame.
Ahora que soy débil, fortaléceme.
Dame tu Espíritu.

Como cada 29 de septiembre celebramos la fiesta de tres arcángeles. 
La Biblia nos habla de tres arcángeles con nombre propio:
Cada uno de ellos con un nombre y una misión:
MIGUEL: el defensor de Dios.
GABRIEL: el mensajero de Dios. 
RAFAEL: la medicina de Dios.

Tres mensajeros de Dios
Siempre nos traen la alegría y esperanza en Dios.
Tres encargados de Dios cada uno con su propia misión.
Tres misiones que pudieran ser también nuestras tres misiones.
Tres misiones de Dios a nosotros.
Tres misiones que Dios nos encarga a nosotros.
 De los tres hemos de aprender a saber servir más que ser servidos. 

Miguel:
El defensor de Dios.
El vencedor del diablo.
El que lucha por la defensa de Dios.

He ahí también nuestra misión en la tierra.
Defensores de Dios contra aquellos que tratan de eliminarlo.
Defensores de Dios contra aquellos que tratan de borrar la memoria de Dios.
Defensores de Dios contra quienes tratan de vaciar el mundo de Dios.
Defensores de Dios contra aquellos que se empeñan en crear un mundo sin Dios.
Defensores de Dios contra aquellos que se empeñan en proclamar el ateísmo.
Cuantos decimos creer no podemos avergonzarnos de Dios.
No podemos avergonzarnos de proclamar a Dios.
No podemos avergonzarnos de hablar de Dios.
No podemos avergonzarnos de confesar a Dios.
No podemos avergonzarnos de expresar a Dios en nuestras vidas.

Gabriel: Es el que, posiblemente más conocemos.
Es el encargado de la gran noticia de la encarnación de Dios.
Es el encargado de llevar la buena noticia de la encarnación a María.
Es el encargado de saludar a María de parte de Dios.
Es el encargado de solicitar el “sí” de María a su maternidad divina.
Es el encargado de anunciar la buena noticia a María.
Es el encargado de anunciar la buena noticia de María a Dios.

Bello ejemplo para todos nosotros como creyentes.
Estamos llamados a llevar el saludo de Dios a los hombres.
Estamos llamados a anunciar la alegría de Dios en el corazón de los hombres.
Estamos llamados a anunciar la plenitud de la gracia a los hombres.
Estamos llamados a anunciar la encarnación de Dios que se hizo uno de nosotros.
Estamos llamados a anunciar la misión que Dios tiene con cada uno de nosotros.
Estamos llamados a anunciar la encarnación de Dios en cada uno de nosotros.
Estamos llamados a anunciar al mundo la Navidad y el amor de Dios.

Rafael:
El arcángel de los caminos.
El arcángel del acompañamiento de Dios a los hombres.
El arcángel de ayudarnos en los peligros de los caminos.

Todos tenemos mucho de Rafael.
Somos caminantes con los que caminan.
Somos compañeros de camino de los hombres.
Somos compañeros que hacemos presente a Dios en el camino de los hombres.
Somos compañeros que hacemos más fácil el camino de los demás.

28/9/16

Siguiendo a Jesús




 “Tú vete a anunciar el reino de Dios” (Lc 9,60)

El evangelio recuerda las actitudes necesarias al que quiera seguir a Jesús.
Son exigentes.
Quizá las entendemos mejor si recordamos que fueron pronunciadas después del rechazo de los samaritanos.
Y cuando Jesús ha emprendido decididamente el camino hacia Jerusalén.
Ser discípulo exige prioridad absoluta y capacidad de renunciar a tolo lo que pueda estorbar.
Anunciar el Reino compromete toda la vida del discípulo.

- Concédenos, Señor, que en las muchas actividades que realizamos cada día sepamos ser testigos tuyos y del Reino.

Seguir a Jesús es algo serio,  requiere prontitud, desprendimiento  y harto ánimo para afrontar dificultades. 
Pero si escuchas en tu interior su invitación  a caminar con Él,  ten la certeza de que su presencia amorosa te rodea  y envuelve tu vida delicadamente.

Me fio de ti, Jesus. 
 ¡Envíame!    
A donde tú vayas, yo voy.   
 Llévame en la palma de tus manos, alienta mi débil fe.

Ser cristiano no es solamente conocer a Jesús, rezar, cumplir ciertas obligaciones, hacer cosas por los demás...
Ser cristiano es fundamentalmente seguir a Jesús, seguir a Jesús por el camino que él nos vaya marcando.
¿Cómo descubrir este camino?
A través de la oración, de la reflexión, del acompañamiento espiritual...
¿Estas dispuesto a seguir a Jesús por la senda que te señale?
 ¿Qué medios pones y podrías poner para escuchar su voz?

El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
Seguir a Jesús normalmente pasa por la pobreza, por la austeridad,
Vivir en pobreza sólo es posible si confío en Él, si tengo a Dios cómo el mejor tesoro.

La majestad no está en los gestos de orgullo,
en la mirada altiva o el ceño fruncido.
No está en la puerta infranqueable
o en la adulación cortesana.
Tampoco en la altura de los rascacielos
o la privacidad de los accesos exclusivos.
No está en las cenas de gala, la alta costura,
la joyería fina o los gastos suntuosos.
La majestad poco tiene que ver con protocolos
que encumbran al poderoso y ningunean al débil.
¿Dónde, entonces?
En un rey sin trono, palacio o ejércitos.
Sin cuenta corriente, sin otro techo que el cielo.
Un rey sin más ley que el amor desmedido,
sin más cetro que sus manos desnudas,
gastadas ya en tanta caricia, en tanta brega,
por tanto tirar de los derrumbados.
Sin otra atalaya que la cruz, y en ella,
el perdón por bandera, la paz por escudo,
y la justicia, inmortal,
como apuesta eterna.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

Seguir a Jesús es lo más importante, lo más urgente, lo único necesario; más que enterrar a un muerto, o terminar una carrera universitaria, o conseguir un trabajo, o alcanzar cualquier objetivo.
El seguimiento es la brújula que orienta toda nuestra vida (familiar, social, comunitaria, religiosa)

Maestro, te seguiré adonde vayas; Maestro, dedicaré un tiempo cada día a estar contigo;
Maestro, me gustaría comprometerme con una buena causa; Maestro, voy a compartir una parte de mi dinero; Maestro, quiero seguir el camino que Tú me señalas: Maestro, lo que más quiero en esta vida es ...
Pero, Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre; déjame terminar primero la carrera o la oposición; déjame criar primero a mis hijos; déjame pagar primero la hipoteca; déjame que antes resuelva todas mis dudas; déjame ....
Señor, Tú me llamas y yo pongo excusas; y tú vuelves a decirme: "Tú, sígueme".
Acompáñame, Señor, en esta jornada, para que sepa aprovechar cada momento, para seguirte, escucharte y hablarte, para comprometerme y compartir; para disfrutar la vida y entregarla del todo.  Amén.

27/9/16

Quiero ir contigo, Jesús.





 “Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén” 
(Lc 9,51).

Empieza la etapa del evangelio de Lucas que narra la subida de Jesús a Jerusalén, donde culminará su misión. Jesús, el Siervo del Amor, está decidido a ir a Jerusalén, donde le espera la cruz.
Quiere que el Plan del Padre se cumpla plenamente en él, a través de su Pascua.
Es una decisión tomada con plena conciencia.
El rechazo de los samaritanos preludia el que sufrirá al final del camino.
Su actitud es siempre de misericordia y nunca de destrucción; por eso procura que la hostilidad de los samaritanos no se contagie a los discípulos.
Lo que hace ahora Jesús es lo que pedirá a sus enviados cuando no sean bien recibidos.
Ser cristiano no es buscar seguridades.
Ser cristiano no es evitar el peligro.
Ser cristiano no es refugiarse entre los buenos.
Ser cristiano no es refugiarse en la Iglesia los domingos.
Ser cristiano no es tener miedo a que los demás se rían de él.
Ser cristiano no es buscar un lugar caliente donde todos le aplaudan.
Ser cristiano no es salvar su vida de quienes le persiguen.
Ser cristiano es ser rechazado por los que no creen.
Ser cristiano es ser rechazado también por los buenos.

- Señor Jesús, que sepamos acogerte
 en nuestra vida no como alguien que está de paso,
sino como huésped y Señor permanente.

Aprende de Jesús que en el camino encuentra hostilidad y rechazo por parte de unos y expectativas de un mesianismo espectacular y poderoso por parte de otros.
Su actitud es siempre de misericordia y no destrucción.

Quiero ir contigo, Jesús.
Hazme instrumento de tu paz.
Que donde haya discordia siembre yo el amor.   

Quiero tener una mirada como la tuya, Señor
A no dejarme llevar por mis juicios,
interesados, duros y excesivamente crueles.
A observar, no tanto los aspectos negativos,
cuanto la bondad y lo noble de los que me rodean.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A no conspirar ni levantar castillos
en las ruinas sufrientes de tantos hermanos.
A no señalar defectos e historias pasadas
que, entre otras cosas,
sólo sirven para causar sensación o daño.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A ser prudente, como Tú lo fuiste
con aquella mujer, que adulterada en su vida,
comenzó otra vida nueva
ante tu forma de mirarle y corregirle.

Ayúdame a mirar como Tu, Señor.
A ver el lado bueno de las personas.
A no recrearme con el sufrimiento ajeno.
A no ser altavoz de calumnias y mentiras.
A ser persona y no jugar a ser juez.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
A no manipular ni airear
las cruces de las personas que las soportan.
A no enjuiciar ni condenar
los defectos de tantos próximos a mi vida.
A no hacer estandarte ni burla
de los que están hundidos en sus miserias.

Ayúdame a mirar como Tú, Señor.
Para que, frente a la mentira, reine la verdad.
Para que, frente a la condena, brille tu misericordia.
Para que, frente a la burla, salga la comprensión.
Para que, frente a la humillación, despunte la bondad.
Amén.

Celebramos hoy San Vicente de Paul que entregó su vida al servicio de los pobres, viendo en cada persona doliente el rostro del Señor.
Conocido como el "Santo de las Caridades", Vicente (1581-1660) nació en una familia humilde de labradores.
 Fundó la Congregación de la Misión (Paules) para la formación de los sacerdotes y para el socorro de los pobres; y con la colaboración de Luisa de Marillac (1591-1660), las Hijas de la Caridad:
«Este es uno de los grandes efectos de la caridad: que no podamos ver a nadie que sufra sin sufrir con él; que no podemos verle llorar sin llorar también nosotros» (Consejos Espirituales).

En uno de sus escritos decía:
“El servicio a los pobres ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora.
Por esto, si en el momento de la oración hay que llevar a algún pobre un medicamento o un auxilio cualquiera, id a él con el ánimo bien tranquilo y haced lo que convenga, ofreciéndolo a Dios como una prolongación de la oración”.
Cuidar de los demás es un modo que Dios tiene para decir a los que sufren: “¡Yo estoy contigo!”.