ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

31/8/16

Una Misericordia en camino





“Los que tenían enfermos 
con el mal que fuera, 
se los llevaban” 
(Lc 4,40)  

La actividad de Jesús en Cafarnaún no se ha limitado a la sinagoga; ha llegado también a las familias y a la vida diaria del  lugar, con atención especial a los enfermos. 
Si en Nazaret lo habían expulsado, aquí quieren retenerlo. 
A través del silencio y la oración, Jesús debe discernir cómo ser fiel a la misión confiada por el Padre: el anuncio del reino de Dios se hará de manera itinerante por todo el país, sin reducirse a un solo lugar.

- Señor Jesús: 
que tu palabra y la luz del Espíritu nos ayuden 
a saber vivir y anunciar hoy la buena noticia del Reino.

Cuando crece la opinión de que Dios no puede hacer nada por nosotros, ¡qué reconfortante es escuchar estas palabras! Pon tus males y los males de los que te rodean ante Jesús. Jesús tiene poder para curar, para levantar a los caídos, para poner de nuevo en pie la esperanza.  

En el horizonte de mi esperanza, Tú estás. 
En mis enfermedades y dolencias, Tú estás. 
En mi vida de cada día, Tú siempre estás. 
Yo te llamo con fe.  

"La Misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una Misericordia “siempre más grande”, una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia."
 ( Francisco).

30/8/16

Tu Palabra




“¿Qué tiene su palabra?” 
(Lc 4,36)  

Jesús ha predicado en Nazaret, donde ha sido muy mal recibido.
Ahora va a Cafarnaún y cada sábado enseña en la sinagoga.
Los oyentes se fijan en su autoridad, que se manifiesta tanto en la forma de hablar como en sus actos de liberación del mal que oprime a las personas.
Palabra y acción íntimamente unidas en "el Santo de Dios".

- Señor Jesús, 
que todos los que formamos la Iglesia 
nos comprometamos, como tú, 
en la liberación de todo lo que destruye la vida 
y la dignidad de las personas.

¡Qué pregunta más bonita se hace la gente!
¿Qué fuerza lleva dentro la palabra de Jesús?
¡Con qué valentía se enfrenta al mal con su palabra!
¡Cuánta ternura y belleza esconden sus palabras!
Aprende a estar con la palabra de Jesús en el corazón, hasta que te comunique todos sus ecos.  

Tu palabra eres Tú, Jesús.
Escucho tus palabras y respiro tus perfumes.
¡Cómo me crea por dentro tu Palabra!  

29/8/16

La suerte de todos los profetas




“Quiero que ahora mismo me des en una bandeja 
la cabeza de Juan, el Bautista” 
(Mc 6,25)   

El martirio de Juan prenuncia el de Jesús.
Y el de muchos discípulos de todos los tiempos.
Cada mártir comparte la suerte de Cristo y es testigo de la verdad, del perdón y de entrega total. 
Esta muerte no dejaría en paz a Herodes, incapaz de negarse a la petición, ni a Herodías, instigadora del asesinato, ni tampoco a la joven que recibió el macabro trofeo.
En sentido positivo, debemos sentirnos afectados por cada muerte inocente.

- Señor, tu dijiste que Juan era una lámpara resplandeciente.
Que nos dejemos iluminar por los que dan la vida por ti y por el Evangelio.

Juan es el profeta de la denuncia y del anuncio.
Es un poco de luz en medio de la noche, una ráfaga de verdad en medio de la hipocresía.
Gusta pero molesta. 
Intentan acallar su voz con la muerte violenta, pero su voz seguirá viva en el corazón del mundo.
Acoge la voz profética de los que viven a tu lado.
Reaviva la vocación profética que has recibido en el bautismo.
Que los miedos no ahoguen tu voz ni escondan tu verdad.   

Me duele la confrontación con mis hermanos.
Me duele y la rehúyo, Señor.
Pero cómo me ayuda encontrar una voz que me diga las verdades con amor.  

28/8/16

Hoy celebramos a San Agustín



Señor, estabas conmigo,
pero yo de mi mismo estaba fuera.
Y por fuera te buscaba... Estabas conmigo,
pero yo no estaba contigo.
Me mantenían alejado aquellas cosas que,
si en ti no fuesen, no existirían.
Pero me llamaste, gritaste, derrumbaste mi sordera.
Brillaste, resplandeciste, ahuyentaste mi ceguera.
Derramaste tu fragancia, la respiré y suspiro por ti.
Gusté, tuve hambre y sed.
Me tocaste y ardo en deseos de tu paz.
Que yo te conozca, Dios mío,
de modo que te ame y no te pierda.
Que me conozca a mi mismo,
de tal manera que me desapegue de mis intereses y no me busque vanamente en cosa alguna.
Que yo te ame, Dios mío, riqueza de mi alma,
de modo que esté siempre contigo.
Que muera a mi mismo y renazca en ti.
Que sólo tú seas mi verdadera vida
y mi salud perfecta para siempre.
Amén

San Agustín. Confesiones X


Vuelvo a Ti, Señor

Peregrino y enfermo vuelvo a ti, Dios mío, cansado de peregrinar fuera,
y agobiado por el peso de mis males.
He experimentado que lejos de tu presencia
no hay refugio seguro, ni satisfacción que dure, ni deseo que dé fruto, ni bien alguno que sacie los deseos del alma que creaste.
Aquí estoy, pobre y hambriento.
¡Dios de mi salud!
Ábreme las puertas de tu casa: perdóname, recíbeme, sáname de todas mis enfermedades', úngeme con el óleo de tu gracia, y dame el abrazo de paz que prometiste al pecador arrepentido.
¡Oh Verdad!
¡Oh belleza infinitamente amable!
¡Qué tarde te amé, hermosura siempre antigua
y siempre nueva!
¡Qué tarde te conocí!
¡Qué desdichado fue el tiempo en que no te amé ni conocí!
(San Agustín. Confesiones X)

 


El pequeño es grande para ti, Señor.

TODO EL QUE SE ENSALCE, SERÁ HUMILLADO


Haznos sencillos y humildes, Señor
En estos tiempos en que se lleva lo grande, lo fastuoso, lo impresionante, lo especial, en que lo pequeño pasa inadvertido, Tú nos sigues recordando tu preferencia por lo sencillo. 
Cuando todos queremos parecer más guapos, más listos, más altos, más sabios, más estilosos, más modernos, más aptos, más actuales, más atrevidos, más, más y más…
Tú nos invitas a buscar lo menos, tú valoras lo menor. 
En medio de la competitividad en la que vivimos, en la que se nos invita a ser triunfadores, aunque sólo unos pocos consigan serio, Tú nos empujas a ayudarnos unos a otros, a levantarnos y a hacerle al otro sentirse mayor. 
“En esta sociedad del «mejor estar», envueltos en miles de caprichos, proponiéndosenos ser el primero en tener lo último, Tú nos recuerdas que el pequeño es el grande para ti, y al que tiene menos es al que más hay que cuidar. 
En este mundo loco que hemos inventado, en el que muchos son los perdedores y unos pocos ganan todas las carreras estéticas, intelectuales, laborales y económicas, Tú nos despiertas el corazón a la escucha del pobre, del caído, del necesitado, del fracasado y del que sufre.
En todo momento, Señor, tú cambias los valores, lo bajo lo conviertes en alto, engrandeces lo pequeño, al último le nombras primero y al primero le pones el último.
Seguirte a ti, Señor, es vivir del revés, es ser distinto, es aprender sencillez y humildad.