ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

21/9/17

Jesús se interesó por él.



“He venido a llamar a los pecadores” 
(Mt 9,13)

Mateo era un pecador, un excluido, pero con el deseo vivo de la salvación. 
Jesús le rompió todos los esquemas
Se interesó por él
Jesús lo llama y le cambia la esclavitud del dinero por la libertad del seguimiento. 
Le abre las puertas de la comunidad, porque el amor rompe las fronteras entre buenos y malos. 
Mira cómo actúa Jesús: el misterio del pecado lo ve siempre a la luz del misterio del amor.

Restáurame, Señor Jesús, en el amor.
 Que tu perdón y tu bondad dejen en mí la paz.


El Señor, pasando junto a nosotros nos ha dicho: 
Sígueme. 
Y nosotros, convocados por Él, estamos en su presencia para dejarnos, no sólo instruir, sino transformar por su Palabra poderosa, que nos perdona, nos santifica y nos va configurando día a día, hasta que lleguemos a ser hombres perfectos, y alcancemos nuestra plenitud en Cristo Jesús.
Y Él nos sienta a su mesa, a nosotros, pecadores amados por Él; amados hasta el extremo de tal forma que se entregó por nosotros, para santificarnos, pues nos quiere totalmente renovados para poder presentarnos, justos y santos, ante su Padre Dios.

Dejémonos amar por el Señor, y permitámosle llevar a cabo en nosotros su obra salvadora.
Amados por Dios y reconciliados con Él en Cristo Jesús, seamos la Iglesia de Cristo, que continúa en el mundo y su historia la encarnación del Hijo de Dios. 
Sigamos trabajando constantemente por la justicia, por el amor fraterno y por la paz. 
No seamos ocasión de división ni de luchas fratricidas entre nosotros.


20/9/17

Reconocer la sabiduría de Dios


"Los discípulos de la sabiduría 
le han dado la razón" 
(Lc 7, 35)

Es difícil librarse de la influencia del «qué dirán».
 La opinión de los otros influye.
Nos gusta ser valorados y nos duele la crítica.
Vivir más preocupados del exterior que de nuestro interior nos lleva a andar como veletas al vaivén de la opinión de la gente.
Cuesta tener un criterio personal y ser coherente con nuestras creencias.

- Señor, que viva mi vida cristiana sin miedo.

La parábola de los niños que estaban en la plaza pone de manifiesto la falsa lectura de los signos de Dios, que muchas veces hacen los que rodean a Jesús.
 Sólo los que han sabido reconocer la sabiduría de Dios presente en las palabras y los hechos de Juan y Jesús, a pesar de sus diferencias, han sabido acoger a Jesús viendo en él al Mesías de Dios.

Dame un corazón sencillo, Señor, para que pueda ir por la vida reconociendo las pequeñas señales de tu presencia.  

Señor, te doy gracias por todas las personas que hoy se encontrarán conmigo, cada una con su forma de pensar, sentir y actuar; todas están creadas a imagen y semejanza tuya, de todas puedo aprender algo bueno, todas me pueden enriquecer.
En el fondo, todas son un regalo tuyo.

Sin embargo, a veces estoy cerrado, agrando los defectos de las personas para no aprender de nadie, para no cambiar. 
Unas me parecen demasiado estrictas, otras muy permisivas, algunas poco modernas, otras demasiado avanzadas.
 Señor, ayúdame a descubrir el don de todas las personas, a seguir el mensaje que tú me ofreces a través de cada una.

Conviérteme, para ser regalo tuyo para los demás.

Amén.

19/9/17

Consuelo para los que sufren



"Al verla el Señor, 
le dio lástima y le dijo: No llores" 
(Lc 7,13)

El evangelio de hoy pone de manifiesto que Jesús iba por la vida «viendo» y «sintiendo». 
Muchos lloraban la muerte del joven. 
Jesús entra en acción y devuelve a la mujer lo único que tenía: al hijo
Jesús se compadece de una mujer que llora la muerte de su hijo. 
Lo hace con inmensa ternura. 
La palabra de Jesús es compasiva, comunica siempre la vida. 
Jesús entrega la vida a la mujer que llora.  
Hay un paralelismo claro con la escena del Calvario. 
Jesús no quiere dejar sola a su madre viuda. 
De nuevo la humanidad de Jesús se hace patente y el sentir se traduce en actos.
 Ante nuestro sufrimiento Dios no pasa de largo, se acerca y quiere curarnos con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, pero ¡cuántas veces nos encuentra cerrados! 
¡Pasamos del médico que puede curarnos, que quiere curarnos!
Vete al encuentro al encuentro de la gente que sufre. 
No esperes a mañana para hacerlo. 
Dales tu cercanía, tu sencillez. 
Pon vida en medio de toda muerte.

Junto a ti, Jesús, se respira la vida. 
Junto a ti, Jesús, no hay lugar para el llanto. 
Junto a ti, Jesús, encontramos a los hermanos.

 - Señor, que sea consuelo para los que sufren.


Señor, tienes un corazón de carne, un corazón sensible,
que se alegra con los que gozan
y comparte los sufrimientos de los que lloran.
Gracias, Jesús, porque te alegras con mis éxitos
y sufres conmigo los malos momentos.

Gracias, Señor, porque me miras a los ojos,
me llamas por mi nombre y me dices:
A ti te hablo, LEVÁNTATE,
levántate de tu tristeza; levántate de tu egoísmo,
levántate de tu desesperanza, levántate de tus desconfianzas,
levántate de todo lo que te impide vivir,
de todo lo que no te dejar ser persona,
de todo lo que no te deja avanzar.

Señor, dame un corazón como el tuyo
y ayúdame a levantar a quienes están caídos junto a mí.

18/9/17

Aumenta mi fe



"Os digo que ni en Israel 
he encontrado tanta fe" 
(Lc 7,5)

Un centurión romano, cosa rara, se había hecho querer por el pueblo ocupado. 
Sabía respetar la fe del pueblo judío. 
Pero lo que maravilla a Jesús es su fe. 
¡Qué fe tan bella y tan confiada! 
Todo un estímulo para ayudar a otros a creer. 
Fíjate en la gente que te rodea. 
Quizás hay creyentes de otras religiones. 
Respétalos, ámalos, dales tu ayuda.

Mi fe en ti, Jesús, me lleva a amar a todos. 
Cuando ayudo a los demás se fortalece mi fe 



Yo creo en Ti, Señor, y te doy gracias de corazón,
pero aumenta mi fe, porque a veces me envuelven las dudas.

Señor, haz que mi fe sea plena,
que sepa abrirte mis pensamientos y sentimientos y acciones,
mi pasado, mi presente y mi futuro, sin reservas.

Señor, haz que mi fe sea coherente,
que acepte las renuncias y los deberes que comporta
y sepa hacerla vida en cada momento de mi vida.

Señor, haz que mi fe sea fuerte,
que madure ante la contradicción de los problemas,
que encuentre cimiento más firme ante quienes la rechazan.

Señor, haz que mi fe sea alegre,
al saber y sentir que tu amor me envuelve,
al descubrir en cada persona la huella de tu gloria.

Señor, haz que mi fe sea activa
que sepa verte en los pobres y en cuantos me necesitan
y sepa avanzar por el camino de servicio y la entrega.

Señor, haz que mi fe sea humilde.
Porque estoy envuelto en debilidades,
que apoye mi fe en la fe de los hermanos, en la fe de la Iglesia.

Señor, haz que mi fe sea contagiosa,
a través de mis palabras, mi sonrisa y mi vida entera.
Que sepa transmitir, Señor, que Tú eres lo mejor que me ha pasado.
Amén.



17/9/17

Perdonar


“Os doy el mandato nuevo;
que os améis unos a otros, 
como yo os he amado”

“Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz”
(Palabras del Papa Francisco en Colombia).    

La única condición puesta para que permanezcamos en el amor que es Dios, es amar a los hermanos como Dios nos ama, como Dios los ama.

Dios Padre Bueno y Misericordioso,
te damos gracias por el don de la comunidad
y porque Tú nos ofreces cada día
hermanos con los que compartir nuestra fe,
para que crezca, se fortalezca, y madure
junto a fe de otros muchos hermanos nuestros.
Te damos Gracias, Dios Padre nuestro,
porque Tú eres el centro de nuestras comunidades
y porque Tú nos hablas al corazón a través de los gestos,
acciones y palabras de nuestros hermanos de comunidad.
Gracias, Padre Bueno, porque podemos escucharte
y encontrarte en nuestras oraciones comunitarias
y en la vida diaria de nuestra Parroquia.
Te damos Gracias, Dios Padre nuestro,
por el don de la fraternidad que Tú nos regalas
y porque la Misericordia que Tú nos entregas cada día
nos enseña y nos ayuda a perdonar a nuestros hermanos.
Tú, que eres Padre Bueno y nos amas a todos,
concédenos cada día la capacidad de diálogo
y el don de tener siempre una palabra acertada y oportuna
para cada uno de nuestros hermanos con los que convivimos.
Dios Padre nuestro, ten Misericordia de nosotros,
y ayúdanos a acoger siempre con cariño a cada hermano,
con generosidad y sin caer en la tentación de juzgarlos,
para que tu Amor pueda llegar al corazón de cada persona. 
Amén

16/9/17

Dar frutos


“Cada árbol se conoce por sus frutos” 
(Lc 6,44)

Cada día nos acercamos al Evangelio, escuchamos la voz del Señor, rezamos... 
Pero con esto no basta. 
El que escucha la palabra de Jesús y nos las pone en práctica se parece a uno que edifico su caso sobre tierra.

Las obras son las que mejor hablan de lo que cada uno lleva en el corazón. 
Las obras son las que mejor hablan de Dios. 
Ofrece gratuitamente a todos los frutos que Dios hace nacer en tu tierra. 
Si riegas mi vida con tu amor, mi vida florecerá.

Si pongo tus frutos en una mesa común, en una eucaristía, sé que se alegrará tu corazón.



¿Qué será de la palabra sin los gestos
que la encarnan, y la enhuesan, y la ensangran,
y al mostrarla viva en un espacio tiempo,
la confirman, verifican y consagran?

¿Qué será de mi cantar si no atestigua
lo que lucha por gestarse en mi sustancia?
Algo injusto, que promete y no realiza.
Algo absurdo, o infantil, o hasta canalla,

¡Dios de gestos (de Belén hasta la Pascua),
Dios-Palabra que pronuncias lo que actúas,
Esplendor de la verdad, Palabra actuante,
que resuenas y convences y aseguras.

Cohesióname en un cruce de coherencias,
reconcilia mi vida descoyuntada,
balbucea en mí un idioma
hecho de gestos...
Repronuncia en mis gestos tu Palabra!

La palabra, si es semilla de los gestos,
germinando corrobora su nobleza.
Si es palabra que es fiel nombre de los hechos
esos hechos la reafirman y resiembran.

Sólo el gesto hace creíble nuestro anuncio.
La verdad solo es verdad en cuerpo y alma.
Y si el sólo hablar nunca es buena noticia,
nuestro actuar, en cambio, puede ser proclama.

Oh Dios, Cristo es tu Verbo y es tu Gesto,
y su gesta dice y hace «Vida» y «Gracia».
Nuestra historia es el lugar de tu coherencia:
Verdad que a la vez es hecha y pronunciada.

Lo que haces es igual a lo que dices.
Lo que dices, al decirlo, queda hecho.
En tu Espíritu es posible la coherencia,
de gestos palabras y palabras gestos.

¡Pobrecita la palabra sin el gesto!
¡Qué desnuda, estéril y debilitada!
Algo es hueco, irresponsable y deshonesto,
si mi gesto no acompaña a mi palabra.

Es preciso hablar sólo lo necesario.
Decir sólo lo que sangra en mi latido.
Necesito más y más ser de una pieza.
Siempre ser -intentar ser- uno y el mismo.

Me conmueve el dolor de los caídos
pero sé que con mi canto no me alcanza;
necesito inclinarme con mi vida...
-silente poesía de hombros y de espalda.

Pero ya que nos regalas el milagro
de cantar, comunicándonos las almas,
que el servir le dé coherencia a estas canciones
que el amar le dé coherencia a estas palabras.


Eduardo Meana

15/9/17

Fidelidad y entereza de María al pie de la cruz.


"Ahí tienes a tu madre" 
(Jn 19,27)

María ha sido fiel a Jesús hasta el final.
María estaba al pie de la cruz, junto a su hijo.
María se mantuvo a distancia cuando Jesús “triunfaba”, cuando querían hacerle rey, cuando lo aclamaban...
Pero ahora, en la cruz, María está cerca, muy cerca.

Ha dicho sí cuando todo sonría y ha dicho sí cuando todo era oscuridad.
Su sí ha abierto en el mundo caminos de fecundidad y de esperanza.
Cada vez que dices sí a Jesús, también en las dificultades, se ensancha el espacio de tu tienda y Dios te da nuevos hermanos y hermanas a tu cargo, para que los cuides.

“Mujer, ahí tienes a tu hijo... Hijo, ahí tienes a tu madre”.
Jesús está preocupado por sus discípulos y cuando ya les ha dado todo, les da a su madre, para que los cuide, para que aliente su fe.
María acogió la nueva misión y en su corazón resonaron aquellas palabras primeras: “hágase en mí según tu palabra”

María junto a la Cruz.
La Madre sosteniendo al Hijo con su mirada y su corazón.
Discípulos aprendiendo del Maestro a amar hasta el extremo.
Con Jesús, junto a los que sufren, acompañando y sosteniendo su dolor y traspasándolo del amor y de la luz de la Cruz de Cristo.
El dolor de la Virgen fue profundo pero nunca se derramó en el pozo abismal de su esperanza.
Todos podemos calmar nuestra sed en ella.
Siempre que hay un hijo que atraviesa una pasión, allí está la Madre...

«La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría» (Papa Francisco).

Señor, que sea tu presencia amorosa para los que sufren.

Cuando miro mi corazón veo tu luz, María.
Cuando miro mi corazón, me encuentro con muchos nombres.
Gracias por tanta fecundidad, Señor.
Gracias, María, por ser madre, nuestra madre, mi madre
Gracias, María, por tu ejemplo de fidelidad y entereza
Gracias por estar siempre a mi lado, sobre todo cuando sufro
Gracias, Jesús, por compartir con nosotros hasta a tu madre
María, enséñanos a estar cerca de los que sufren
Danos fuerza, Señor, para acompañarte siempre

Madre:
Haz fuertes a nuestras madres.
Haz fuertes a tantas madres que también han perdido a sus hijos.
Haz fuertes a tantas madres que tienen que sacar adelante a sus hijos.
Haz fuertes a tantas madres que cada día dejan su vida hecha jirones buscando el pan de sus hijos.
Haz fuertes a tantas madres que también hoy “están de pie” junto a la cruz de sus hijos.


Señor Jesús,
aquí nos tienes reunidos al pie de la Cruz,
con tu Madre y el discípulo amado.

Te pedimos perdón por nuestros pecados

que son la causa de tus sufrimientos de ayer y hoy.

Te damos gracias por haber pensado en nosotros

en aquella hora de salvación
y habernos dado a María por Madre.

Virgen Santa, acógenos bajo tu protección

y haznos cercanos a tus hijos que sufren.

San Juan, alcánzanos la gracia

de acoger como tú a María en nuestra vida
y para seguir a Jesús con ella y como ella. Amén.