ATARDECER

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Remar mar adentro

31/5/16

Juntos proclamamos la grandeza del Señor.




“¿Quién soy yo para que me visite 
la madre de mi Señor?”  
(Lc 1,43)
 
Terminamos el mes de mayo con la festividad litúrgica de la “Visitación de María”. 
Más allá de la ayuda de María a Isabel, el evangelio habla de dos mujeres que actúan movidas por la presencia del Espíritu.
El Espíritu mueve a comunicar y compartir los dones recibidos gratuitamente de Dios.
Esto es fuente de alegría profunda y motiva la acción de gracias y la alabanza de Aquél que jamás se olvida de amarnos y desea colmar a todos con sus dones.
Sólo hay que tener la humildad de reconocer la propia pequeñez y abrirle el corazón.

- Que no nos guardemos 
para nosotros solos las alegrías. 
Que comuniquemos generosamente al mundo 
la gran alegría del evangelio con rostro transfigurado, 
con corazón que reviente de alegría.
Como María, nuestra Madre.


María refleja la luz de Cristo en cada palabra, en cada mirada, en cada encuentro.
Como nueva arca de la alianza, todo lo siembra de serena alegría. 
Trabaja, habla, relaciónate, pero hazlo consciente de que llevas dentro de ti a Jesús. 

Y tú María, sin decir nada, 
me visitas y me llenas de gozo. 
Juntos proclamamos la grandeza del Señor. 

- Acompaña, María, 
a todos tus hijos e hijas para que sepamos 
adquirir tu capacidad de recibir los dones de Dios 
y compartirlos con los demás.



30/5/16

La «locura» del amor de Dios por toda la humanidad.




 “¿Qué hará al dueño de la viña?” 
(Mc 12,9).  


La viña, además de ser un cultivo que exige cuidado, es símbolo del pueblo de Dios.

Los que escuchan la parábola entienden muy bien que Jesús les está diciendo que se han adueñado de aquel pueblo que pertenece a Dios.

Y que la clase dirigente ha sido responsable de la muerte de los enviados de Dios, corno lo será de la muerte de Jesús. Mirando más profundamente, la parábola habla de la «locura» del amor de Dios por toda la humanidad.

- Dios y Padre nuestro, 
ayúdanos a saber acoger cada vez más tu amor. 
Y que nos hagamos servidores, 
y no propietarios, de tu pueblo.
 

¿Qué hará el Padre ante tantas injusticias cometidas contra los más pequeños?

¿Dónde quedará tanto amor sembrado en la humanidad? 
¿A quiénes dará su luz y su amor para que produzcan frutos de justicia en el mundo?

Deja que esta pregunta te alcance.

Dios está en las preguntas hondas. 
Señor, ¿quién conoce los designios de tu corazón?  


Pongo este día en tus manos.

Quiero caminar contigo.

Me coloco en medio de todos como quien sirve.  

29/5/16

Guíanos, Señor.




“COMIERON TODOS Y SE SACIARON”  
 (Lc 9,17)

GUÍANOS, SEÑOR  
(Javier Leoz- Corpus 2016)
Con emoción, Señor, te alabamos y te exaltamos
Acostumbrados a encumbrarte en el altar, somos conscientes de que, las calles y plazas de nuestro vivir, no siempre están preparadas ni bien dispuestas para acoger tú limpia y santa presencia.
La Eucaristía, nos recuerda a Ti
La Eucaristía, nos trae a Ti
La Eucaristía, nos habla de Ti
Vienes, Cristo, personalmente a cada uno de nosotros
Observas nuestra vida, y ves que le falta algo de amor te adentras en nuestros corazones, y advierte que, en ellos, no siempre hay lugar para Dios eres la fuente de la MISERICORDIA con mayúsculas la nuestra, nuestra misericordia, no siempre es acertada
¡GUÍANOS, SEÑOR, CON LA FUERZA DE LA EUCARISTÍA!
Convierte nuestras almas en una morada para tu presencia
Ilumina nuestros corazones con la luz de tu verdad
Abre nuestros ojos con el resplandor de tu Cuerpo
Dirige nuestros pies por los senderos de tu Verdad
Fortalece nuestro interior cuando, tantas fuerzas externas e idólatras, nos pruebas, nos persigues o nos rechazan
¡DANOS, SEÑOR, A BEBER TU VIDA!
Para nosotros, y para el mundo que te espera
Sin tu vida, nuestra vida se desangra es insatisfecha, vacía y llena de fisuras.
Porque, un mundo sin Dios, sin el Padre es una creación que muere con panes efímeros una realidad que pierde el sentido del futuro.
Acepta por un día, Señor, por unas horas, Señor la ofrenda de nuestras calles aromatizadas el encanto de nuestras plazas engalanadas el aroma del incienso que por Ti se quema y se eleva la música armoniosa y triunfal: todo es para Ti, amigo que te dignas caminar junto a nosotros
Y, después de todo, Señor no dejes de bendecirnos, de tocarnos con tu gracia de inspirarnos oportunamente con tu Palabra de hacernos invencibles con tu Sacramento de llenarnos con el Pan de la Vida de saciarnos con la Sangre que corre por tus venas
Bendícenos, Señor; haznos vivos y valientes
Bendícenos, Señor; haznos entusiastas y decididos para que, a la multitud que espera tu llegada, sepamos anunciarles y llevarles tu Reino tu presencia, tu pan multiplicado, tu mano sanadora y tu corazón compartido. 
Amén.