ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

28/2/17

Ligero de equipaje, te sigo Jesús.




“Quién deje casa… por mí y por el Evangelio recibirá ahora, 
en este tiempo, cien veces más” 
(Mc 10,29-30).  
En el Reino no habrá miseria, sino afecto abundante para todos.
¿Cuál es tu salario por ser seguidor de Jesús?

“Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna”.

Dios es buen pagador.
Haz frente al deseo de acumular con tu vida compartida.  
Ligero de equipaje, te sigo Jesús.
En mi mochila, tu alegría y un pan para una eucaristía.
Necesitamos mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos:
¿Qué me impide ser fiel a mi bautismo?
¿Qué me impide ser fiel a la gracia de Dios?
¿Qué me impide ser fiel a la misión que Dios me encomienda?
¿Qué me impide ser fiel a mí mismo?
¿Qué me impide ser fiel al Evangelio?
¿Qué me impide ser fiel al cambio?
Seremos libres cuando podamos decir como Pedro:
“Señor, nosotros que lo hemos dejado todo y te seguimos”.
Seremos libres cuando no tengamos la tentación de mirar atrás.
Seremos libres cuando podamos mirar con alegría al futuro.
Seremos libres cuando podamos seguir a Jesús.
Seremos libres cuando, como María, podamos decir: 
“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí tu voluntad”.
El Espíritu Santo nos hace libres.


25/2/17

Como un niño




“De los que son como los niños es el Reino de Dios” 
(Mc 10,14) 

Las cosas bellas empiezan a nacer en el corazón de un niño.
El don de Jesús se convierte en ellos en una fuente de gracia para todos.
Acércate a los pequeños, míralos con cariño.
Poco a poco te descubrirás tu propio rostro.
Ando buscando tu rostro, Señor. 
Y Tú te escondes en los pequeños.
Enséñame a recorrer los caminos de la infancia confiadamente.  
• Señor, que acoja a las personas tal cual son.

 
Señor, delante de ti yo quiero ser sólo un pobre,
quiero despojarme, Señor, de mis pretensiones y vanidades;
también, Señor, quiero traspasar mi propia culpa
y entrar a tu casa desnudo,
meterme en tu corazón como un niño.
Quiero mirarte a los ojos suplicándote
confiadamente.

Quiero, Señor, y deseo apoyarme sólo en tu amor,
descansar en tu amor
y llenarme de la alegría de haber hallado tu amor.
Tu amor es la casa que me tienes preparada;
he sentido tu invitación
y entro en ella sin que me avergüence mi pecado;
sólo deseo habitar en tu casa todos los días de mi vida.

Tú nunca me vas a echar,
sólo me pides que crea en tu amor, 
que me atreva a vivir en tu amor,
Que nunca me falten la humildad y la confianza de los niños;
para que el orgullo y los desengaños nunca me separen de ti
y pueda amarte con todo el corazón
y compartir tu amor con los más pequeños. Amén.