ATARDECER

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Remar mar adentro

2/2/17

Señor, que tu Palabra sea luz para mis pasos.




“Mis ojos han visto a tu Salvador” 
(Lc 2, 30)  

Cuarenta días después de Navidad, celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el templo de Jerusalén para cumplir la ley. 
Después de la adoración de los pastores, la visita de los magos y todo lo vivido, José y María no tienen reparo alguno en «cumplir la Ley»
No se consideran exentos. 
A veces a los cristianos nos cuesta ser plenamente humanos. Buscamos atajos o simplemente nos consideramos libres tanto de los que nos define como cristianos como de lo que se nos exige como ciudadanos.

- Señor, que tu Palabra sea luz para mis pasos.

Va entre los pobres para llenar de gozo sus vidas. 
Jesús, hombre como nosotros, se somete a una ceremonia propia de todos los israelitas: consagrar los hijos a Dios
El Niño Jesús es el Señor, luz para todos, por eso la «fiesta de la Candelaria».
 Impulsados y habitados por el Espíritu Santo, llegaron también al templo dos ancianos llenos de esperanza en el corazón: Simeón y Ana, conocieron al Salvador y cantaron llenos de alegría la llegada de la Luz a la vida de la humanidad.  

«A Simeón, el Espíritu Santo le reveló que no moriría sin haber visto al Salvador.  
¡Cómo querría yo tener tal seguridad!  
Ver a Jesús antes de morir con los ojos de la fe. (Un monje de la Iglesia de Oriente).

En esta fiesta de la luz déjate iluminar por la Palabra de Dios y se testigo de la nueva vida que Jesús te regala. 
Señor, dame un corazón humilde y confiado,
como el de Simeón y Ana, como el de María.

Ellos no tenían nada y, precisamente por eso,
se acercaban a Ti, ponían toda su confianza en Ti,
observaban la ley, cumplían tu voluntad.

No deseaban otra cosa que encontrarse contigo;
tenían un corazón limpio y una mirada transparente,
capaz de reconocerte en un recién nacido,

Señor, líbrame de la idolatría de las riquezas.
Ayúdame a compartir con generosidad lo que tengo,
No dejes que tenga otro Dios fuera de Ti.

No permitas que me apoye demasiado en las personas,
tampoco en mis propias fuerzas.
Qué sólo confíe plenamente en Ti, Señor.

Dame sabiduría y fuerza para ser pobre y libre,
purifica mi corazón de todo deseo que me aparte de Ti,
para estar abierto del todo a la plenitud de tu Amor.

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