ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

31/5/17

La visita de María




“¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” 
(Lc 1,43)   

La actitud de María, acogiendo la Palabra de Dios, queda traducida en acto de servicio, de caridad, al ser portadora de la gran noticia a su prima Isabel y compartiendo la acción de gracias al Señor por medio del canto y la alabanza conjuntas.

La visita de María empieza por la fe, sigue por la caridad y termina en alabanza.

María como personaje «cristiano de excepción» es un modelo para las gentes de ayer y de hoy por su sencillez, por su profunda fe y su caridad operante.
Se ha hecho «morada de Dios entre los hombres» porque creyó en la Palabra del Señor y por eso se cumplirán todas las promesas
Y es la primera transmisora del mensaje de salvación.
También hoy nosotros, los cristianos, tenemos que colaborar para que se cumplan las promesas salvadoras de Dios.  
Hemos de ser «anunciadores de la Buena Nueva de Dios y no perder la capacidad de admiración, de sorpresa y asombro ante las maravillas del "Dios hecho hombre"», tal como María lo hizo.

“Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (EG 288). 

El ser humano tiene vocación de encuentro.
Y también los pueblos y las culturas.
Pero la humanidad está llena de heridas; son los desencuentros.
La visita de María llena de luz la mañana. 

María, con su saludo, trae al Espíritu Santo


Plantéate el día como quien desea comunicar algo a los demás.
Todo es nuevo cuando el saludo, las palabras, los gestos, participan de la frescura de la visita de María. 

«María es nuestro modelo: ha recibido el don más apreciado de Dios y se pone en camino para llevar a Jesús» (Francisco). 

El Magníficat no es el canto de los triunfadores.
Es el canto de los agradecidos que en medio de las dificultades de la vida se saben amados y protegidos por Dios. 




El Magníficat que canta María anuncia los tiempos nuevos de la salvación de Dios anunciada a los pobres.

"En el Magníficat escuchamos la voz de tantos santos y santas de la caridad (...)
Quien permanece por largo tiempo cerca de las personas que sufren, conoce la angustia y las lágrimas, pero también el milagro del gozo, fruto del amor" (Benedicto XVI).

María es la maestra:
Que nos enseña a ver las necedades de los demás.
Que nos enseña a ser sensibles a los demás.
Que nos enseña el camino a los demás.
Que nos enseña a no ser indiferentes ante los demás.
 

- He aquí la esclava del Señor.

Tu visita es anunciadora de Evangelio.
Tu visita despierta la alegría escondida.
Visítame cada día, María.
“Ayúdanos a decir nuestro sí”.

30/5/17

Jesús ora por ti





“Te ruego por ellos… 
Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío" 
(Jn 17,9.10)

Alguien ha dicho que un creyente es un enamorado, alguien que se ha enamorado de Dios. 
Si le pides que te dé razones de su amor, quizá no logre hacerlo, no porque no tenga razones o no las haya pensado, sino porque tendrá tantas que se le amontonarán en la boca y no podrán salir. 
Conocer a Jesús no nos puede dejar indiferentes, como no es indiferente el hombre ante el amor de su esposa, o de su novia.

- Señor mío y Dios mío.

Jesús está hablando con el Padre, en una apertura confiada. 
Habla de su vuelta a los brazos del Padre, que es lo que más le agrada. 
En su empeño por abrir los oídos sordos para que escucharan la salvación, y de levantar a todos los caídos para que descubrieran su dignidad de hijos, ha manifestado la gloria y el proyecto del Padre. Jesús ora por los que permanecen en él y le dan su adhesión incondicional. 
Jesús ora por ti. 
Siéntelo, grábalo en tu corazón.   
Tu cariño me conmueve, Señor. 
¡Gracias! 
Metes mi vida en tu lenguaje de amor trinitario. 
¡Gracias! 

Señor,
al iniciar esta jornada,
al examinar qué me duele,
qué no está en su sitio,
qué necesita cambio, transformación, conversión…
qué podría ser de otro modo, mejor, más bueno,
una mañana más, a mí sólo me queda decirte:
Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

Señor,
ahora que de nuevo nos ponemos en camino
te doy gracias por tantas cosas que tenemos,
que sabemos y que hemos logrado,
pero también me angustia, no poco,
tantas otras cosas que aún no hemos estrenado como debiéramos:
trabajo para todos, educación para todos,
agua y alimento para todos, justicia -la misma- para todos,
por eso una mañana más, a mí sólo me queda decirte:
Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

Señor,
en este nuevo día te pido que me colmes de pasión,
que mis pasiones sean siempre por otros y con otros,
que me compadezca de quien no puede, no tiene, no sabe, no es…
y practique con él la compasión que libera,
que dignifica y que hermana.
En esta mañana, a mí sólo me queda decirte:
Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. 
Así sea.