ATARDECER

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Remar mar adentro

30/4/10

Cáritas y la solidaridad



ABC/ Editorial
Mientras el Gobierno sigue siendo incapaz de tomar medidas que generen la confianza imprescindible para luchar contra la crisis, la gente confía en las instituciones vinculadas con la Iglesia para recibir un apoyo imprescindible en las circunstancias actuales. Ayer informaba ABC sobre la labor que Cáritas Española desarrolla a través de su programa de empleo al que acudieron en 2009 cerca de 96.000 personas, un 28,14 por ciento más que el año anterior. Aunque la mayoría siguen siendo mujeres, personas con estudios básicos e inmigrantes no comunitarios, es llamativo el incremento notable de varones españoles. La Iglesia atiende a todos sin excepción y no establece requisitos de sexo, nacionalidad o cualquier otra circunstancia personal o social. Por eso, cuando Rodríguez Zapatero impulsa la política de laicismo radical al servicio de dogmas ideológicos e intereses partidistas debería ser consciente de la contribución de las instituciones religiosas a paliar los efectos de una situación dramática. En efecto, bajo los datos macroeconómicos se oculta el día a día de muchas personas especialmente vulnerables por sus circunstancias particulares. Cáritas no sólo les ofrece unas ayudas básicas, sino que también estimula su adaptación al medio social y las sitúa ante un horizonte de justicia y dignidad. Cumple así una función muy positiva que merecería ser reconocida por los poderes públicos, como ya lo es por el conjunto de la sociedad, al margen de prejuicios, partidismos e intereses particulares.
No se trata sólo de medidas concebidas exclusivamente para la protección de contingencias inmediatas, sino también de actividades formativas y de fomento de una economía social para la búsqueda de empleo a personas con dificultades para su inserción en el mercado laboral. Las administraciones públicas tienen el deber de contribuir al sostenimiento de estas actuaciones con una financiación razonable, pero también es obligado que reconozcan esa labor abnegada y eficaz. Allí donde no llegan el Estado, las comunidades autónomas o los ayuntamientos, la Iglesia sí lo consigue, alcanzando a las capas más profundas del tejido social. Es fácil de entender que esa necesidad responde al arraigo histórico, cultural y sociológico del catolicismo en España. Sin embargo, los sectores laicistas prefieren cerrar los ojos a la evidencia y actúan con notable desprecio -y a veces con abierta hostilidad- hacia unas instituciones que son modelo de solidaridad.

Homenaje al Rvdo. Juan Francisco García Rodríguez de los palermos

El sacerdote y párroco de San Jorge Mártir, en Palos de la Frontera, Juan Francisco García Rodríguez, recibió, el pasado 23 de abril, la Medalla de Oro de la Ciudad con motivo de las fiestas de San Jorge, patrón de la localidad y en reconocimiento de la labor desempeñada desde 1979, año en que tomó posesión como párroco.
Juan Francisco García tomó posesión de su nombramiento como cura-párroco de Palos con motivo de la festividad de Nuestra Señora de los Milagros, patrona de la localidad, en 1979. Desde entonces su labor pastoral ha sido amplia y cargada de fechas memorables, comola coronación pontificia  de la Virgen de los Milagros por el   Papa Juan Pablo II  en 1993.
Emocionado, recordó la frase de San Francisco de Sales "Nada pedir, nada rehusar", su código cuando le comentaron la concesión de la medalla. "Cuando lo habéis decidido es porque lo consideráis oportuno y, por tanto, acepto", comentó. 
Juan Francisco es el cura de mi pueblo. En el año 1981 fue quien me llevo al Seminario. Que la Virgen de los Milagros le siga ayudando en su labor pastoral 

29/4/10

SANTA CATALINA DE SIENA, copatrona de Europa

Hoy celebra la iglesia a Santa catalina de Siena, que vivió en el siglo XIV.  Se carecterizó por una vida profunda de fe, dentro de la familia dominicana (era terciaria dominica). Jugó un papel muy importante en la sociedad y en la iglesia de su tiempo. Mujer de gran sabiduría cen trada en Dios y cercana a los acontecimiento de la historia de su tiempo. Con admirable libertad de expresión ayudó a que la iglesia fuera más santa y más libres de lazos mundanos.
Santa Catalina de Siena nos enseña una gran lección de unión con  Cristo,  de amor a la Iglesia, de compromiso en la pacificación de las personas, de profunda sabiduría hecha de sentido común y de fe cristiana.
Pidamos por Europa, que sea fiel a sus raíces cristianas.

26/4/10

La crisis de la pederastia en la Iglesia en 1.001 palabras
Y la respuesta de Benedicto XVI
ROMA, domingo 25 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El New York Times (NYT) publica (12/3/10) que en 1980 la archidiócesis de Múnich y Freising, siendo Joseph Ratzinger obispo, acogió y finalmente reincorporó a un sacerdote acusado de abusar sexualmente de niños. El cura perpetró más tarde nuevos abusos y fue procesado. Como se ha demostrado después, quien tomó la decisión de readmisión no fue Ratzinger sino el vicario general: la reasignación tuvo lugar en septiembre de 1982, cuando Ratzinger ya estaba en Roma .
Por las mismas fechas (5/03/10) se intenta implicar al hermano de Ratzinger, pero la acusación no se sostiene.
La respuesta de Benedicto XVI
Benedicto XVI (19/03/10) escribe una carta a los católicos de Irlanda sobre los abusos a niños y jóvenes por parte de clérigos, destapados por los informes  Murphy (julio 2009) y Ryan (mayo 2009). Irlanda es el segundo país tras Estados Unidos donde se investiga a fondo.
En la misiva, Benedicto XVI apunta 8 causas de este desastre: 1) inadecuada respuesta a la secularización, 2) descuido de prácticas sacramentales y devocionales (confesión frecuente, oración diaria y retiros anuales), 3) tendencia a adoptar formas de pensamiento y juicio sin referencia suficiente al Evangelio; 4) tendencia a evitar enfoques penales de las situaciones canónicamente irregulares; 5) procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; 6) insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; 7) tendencia social a favorecer el clero y otras figuras de autoridad y 8 ) preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y para evitar escándalos.
A las víctimas dice: "Habéis sufrido inmensamente y eso me apesadumbra en verdad. Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. (...)  Es comprensible que os resulte difícil perdonar o reconciliaros con la Iglesia. En su nombre, expreso abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos. Al mismo tiempo, os pido que no perdáis la esperanza". A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños: "Debéis responder de ello ante Dios todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos". A los obispos: "No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores habéis fallado, a veces gravemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones".
Benedicto XVI propone cinco medidas: 1) un año de penitencia, 2) redescubrir el sacramento de la Reconciliación (la confesión), 3) fomentar la adoración eucarística; 4) una Visita Apostólica (una inspección) en algunas diócesis, seminarios y congregaciones religiosas; 5) una misión para todos los obispos, sacerdotes y religiosos. En otras palabras: hacer limpieza.
Más cargos aún
El 24/03/10,NYT apunta directamente a Benedicto XVI como responsable de un caso, cuando era todavía cardenal: el de Lawrence Murphy, que abusó de niños sordos en los 70 en Milwaukee y no fue condenado ni por la justicia ordinaria ni por el arzobispado. Como se ha visto después, la falta de diligencia en el castigo del malhechor fue culpa del propio arzobispado local: el caso no llegó al Vaticano hasta los 90. El sesgo de la noticia periodística puede explicarse por errores de traducción y porque el artículo bebe de dos fuentes: los abogados que han denunciado al Arzobispado (uno de ellos, Jeffrey Anderson, tiene litigio abierto contra la Santa Sede) y el arzobispo retirado de Milwaukee Rembert Weakland, en activo cuando sucedió todo.
El 2/2/10 Associated Press lanzó otra acusación contra Benedicto XVI, cuya pruebas se demostraron falsas. El 9/4/10 volvió a la carga NYT con más acusacionescon igual suerte.
En resumen, las acusaciones contra la Iglesia son tres: 1) algunos sacerdotes católicos abusaron de niños, 2) muchos obispos lo ocultaron, y 3) Benedicto XVI es personalmente responsable. Con datos en la mano, el n. 1 es lamentablemente cierto en una ínfima minoría del colectivo; n. 2 se afirma en determinados prelados y n. 3 es rotundamente falso.


Las consecuencias
Algunos piden juzgar al Papa por encubrimiento, y aprovechan para suspender al catolicismo en su conjunto. Otros de funesto recuerdo ya habían intentado, tiempo atrás usar los delitos de unos pocos para desacreditar a toda la institución. Algunos abogados intentan sacar provecho. No han faltado voces amigas del Papa desde el judaísmo, desde el agnosticismo y, en general, desde ambientes intelectuales.
El Vaticano ha puesto sobre la mesa la información que tiene. Tal ejercicio de transparencia ha llegado al extremo de que el fiscal del Vaticano hable sobre los casos de abusos enuna documentada entrevista. La Santa Sede ha publicado los reglamentos por los cuales se juzgan estos casos y abundante documentación.
Dentro de la Iglesia, ha habido partidarios de la ruptura y partidarios de la renovación. Ruptura: 1) algunas voces reclaman una revisión del celibato y de la moral católica, aunque expertos y opinadores incluso  no católicos han denunciado con datos la inexistencia de tal vinculación causa-efecto. 2) exponentes antirromanos de cierta edad han reclamado la dimisión del Papa o una reforma.
Renovación: muchos han aplaudido el posicionamiento de Benedicto XVI de tolerancia cero, petición de perdón y penitencia y conversión. Muchos católicos han salido de la perplejidad buscando la verdad de los hechos. La operación limpieza iniciada años atrás ha retomado impulso: desde la carta a Irlanda han dimitido dos obispos irlandeses, un americano, un alemán, unnoruego y un belga. El liderazgo interno de Benedicto XVI es mayor ahora: se percibe Benedicto XVI como parte de la solución, y no parte del problema.
Además de la Iglesia, pocos han priorizado la protección de las víctimas y las medidas para acabar con la pederastia. Es una lástima, tanto más cuando se constata que es un problema transversal: afecta más gravemente a muchos otros colectivos sociales. Países como Alemania, ya lo afrontan globalmente. Algunos articulistas han apuntado a la culpa que en la extensión del fenómeno haya podido tener la revolución sexualde los sesenta y su simpatía declarada hacia la pedofilia.


Por Marc Argemí, creador del blog http://bxvi.wordpress.com/

25/4/10

DOMINGO DEL BUEN PASTOR: SE NECESITAN PASTORES

Dios y Padre nuestro,
hoy te damos gracias
porque nos muestras 
a Jesús 
como el Buen Pastor.
Él no impone nada.
No fuerza a nadie.
Llama a cada uno 
por su nombre.
Para Él 
cada uno de nosotros tiene nombre
y rostro propio.
Ayúdanos, Señor,
a escuchar su voz.

15/4/10

El sacerdote, luz de Dios.

En la catequesis de ayer 

El Papa asegura que la obligación del sacerdote es mostrar la luz de Dios en la confusión de nuestro tiempo.
"El sacerdote jamás debe ser homologado ni homologable a una cultura o mentalidad dominante, sino mostrar la única novedad capaz de realizar una auténtica y profunda renovación del hombres, es decir que Cristo es el viviente, es el Dios cercano, el Dios que trabaja en la vida y por la vida en el mundo", subrayó.
El Papa agregó que nadie puede elegir el sacerdocio para alcanzar la seguridad en la vida, para conquistar una posición social, "el sacerdocio es la respuesta a la llamada del Señor, a su voluntad, para convertirse en anunciador no de una verdad personal, sino de su verdad".

12/4/10

Nada te turbe

MOMENTO DE ORACIÓN

"Tenéis que nacer de nuevo" (Jn 3,7).
¿Crees que Dios puede hacerte de nuevo?

Como el barro ante el alfarero, 
así me presento ante Ti.
¡Señor, me fio de Ti! 
Mi vida está en tus manos.
Tu proyecto habita mi corazón
sea lo que sea, te doy las gracias.

En cada manacer estrenas mí vida,
me preparas para la sorpresa y el asombro.
Llegas Tú, y todo lo ensanchas, lo alegras.
Tu Reino se esconde en mi fragilidad,
está presente enlas pequeñas cosas 
de cada día.
¡Enséñame a mirarlo todo con amor!
¡Ayúdame a contemplar tu silencio sonoro!

En los conflictos de la vida, ahí estás.
Ahí me espera tu Rostro, siempre sorprendente.
Tu amor llama cada día a mi puerta, por eso te abro.
Entra,Señor, y comparte el pan de lo que soy y de lo que tengo.
El don de tu presencia va haciendo nueva mi vida.
Uno mis manos a otras manos para hacer un mundo más humano.
Con María te digo: ¡Aquí estoy!

(Revista  Orar. nº 190)

9/4/10

«¡Motivo de alegre sonrisa me ha dado Dios: quienquiera que lo sepa, sonreirá conmigo!»

La alegría pascual



El contenido profundo de este día es para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. Cristo ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte
La claridad y la alegría, que para gran parte de nosotros están unidas al pensamiento de la Pascua, no pueden cambiar nada respecto al hecho de que el contenido profundo de este día sea para nosotros más difícil de comprender que el de la Navidad. El nacimiento, la infancia, la familia, todo eso es parte de nuestro mundo de experiencias. Que Dios haya sido un niño y haya hecho así grande a lo pequeño, y humano, cercano y comprensible a lo grande, es un pensamiento que nos toca de un modo muy directo. Según nuestra fe, en el nacimiento en Belén, Dios ha entrado en el mundo y esto lleva una huella de luz hasta los hombres, los cuales no están en grado de acoger la noticia tal y como es.

Con la Pascua es distinto: aquí Dios no ha entrado en nuestra vida habitual, sino que, entre sus confines, ha abierto un paso hacia un nuevo espacio más allá de la muerte. Él no nos sigue ya, sino que nos precede y sostiene la antorcha en el interior de una extensión inexplorada para animarnos a seguirle. Pero, desde el momento en el que nosotros ahora sólo conocemos aquello que está a este lado de la muerte, no podemos relacionar ninguna de nuestras experiencias con esta noticia.

Ningún concepto puede venir en auxilio de la palabra; permanece una salida en lo desconocido; y en esto percibimos dolorosamente la miopía y limitación de nuestros pasos. Y, con todo, es estimulante pensar que ahora, por lo menos a través de la palabra de uno que sabe, experimentamos aquello frente a lo que nadie puede quedar indiferente. Con enorme curiosidad, en los últimos años, se han recogido las narraciones de personas que, habiendo pasado por una muerte clínica, afirman haber percibido lo imperceptible y pueden aparentemente decir qué hay después de la oscura puerta de la muerte. Esta curiosidad muestra cómo se abre camino en nosotros de un modo apremiante la cuestión de la muerte. Pero todas estas narraciones son inadecuadas, puesto que todos estos testigos no habían muerto realmente, sino que han debido sólo probar la particular experiencia de una condición extrema de la vida y de la conciencia humana.

Ninguno puede decir si su experiencia se habría confirmado en el caso de que hubiesen muerto realmente. Pero Aquel del que habla la Pascua, Jesucristo, realmente «descendió al reino de los muertos». Él ha respondido a la petición del rico Epulón: «¡Envía arriba a alguno del mundo de los muertos, para que así creamos!» Él, el verdadero Lázaro, ha venido de allá a fin de que nosotros creamos. ¿Lo hacemos ahora? No llega trayendo noticias y emocionantes descripciones del más allá. En cambio, nos ha dicho que prepara las moradas.

¿No es ésta la más emocionante novedad de la Historia, aunque sea dicha sin despertar sensaciones? La Pascua tiene que ver con lo inconcebible; su evento nos sale al encuentro en un primer momento sólo a través de la Palabra, no a través de los sentidos. Tanto más importante es entonces dejarse aferrar un día por la grandeza de esta Palabra. Pero, puesto que ahora pensamos con los sentidos, la fe de la Iglesia ha traducido desde siempre la Palabra pascual también en símbolos que hacen presagiar lo no dicho de la Palabra. El símbolo de la luz (y con él el del fuego) juega un papel importante; el saludo al cirio pascual, que en la iglesia oscura pasa a ser el signo de la vida, es para el vencedor sobre la muerte. El acontecimiento de entonces viene así traducido en nuestro presente: donde la luz vence la oscuridad, acontece algo de la resurrección. La bendición del agua pone de relieve otro elemento de la creación como símbolo de la resurrección: el agua puede tener en sí algo de amenazador, ser un arma de la muerte. Pero el agua viva de la fuente representa la fecundidad que, en medio del desierto, edifica oasis de vida.

Un tercer símbolo es de otro tipo distinto: el canto del Aleluya, el canto solemne de la liturgia pascual, muestra que la voz humana no sabe solamente gritar, gemir, llorar, hablar, sino justamente cantar. El hecho de que, además, el hombre sea capaz de evocar las voces de la creación y transformarlas en armonía, ¿no nos permite presagiar, de modo maravilloso, de qué transformaciones somos capaces nosotros mismos y la creación? ¿No es éste un signo admirable de esperanza, en virtud de la cual podemos presagiar el futuro y, a un tiempo, acogerlo como posibilidad y presencia?

En las grandes solemnidades de la Iglesia, la creación participa en la fiesta; o viceversa: en estas solemnidades entramos en el ritmo de la tierra y de las estrellas, y hacemos nuestro su conocimiento. Por esto, la nueva mañana de la naturaleza que señala la primera luna llena de la primavera forma parte tan real del mensaje pascual: la creación habla de nosotros y a nosotros; nos comprendemos correctamente a nosotros mismos y a Cristo sólo si aprendemos a escuchar también las voces de la creación.


La aflicción se convertirá en alegría

Todo aquello que podemos ver es –como por Isaías– el Cordero, del cual el apóstol Pedro dice que fue predestinado «ya antes de la fundación del mundo». Pero la mirada sobre el Cordero –sobre Cristo crucificado– coincide ahora precisamente con nuestra mirada al cielo, con nuestra mirada sobre la eterna providencia de Dios. En este Cordero, sin embargo, entrevemos lejana, en los cielos, una apertura; vemos la benignidad de Dios, que no es ni indiferencia ni debilidad, sino suprema fuerza. De este modo, y únicamente en esto, vemos los santuarios de la creación y percibimos en ellos algo similar al canto de los ángeles, podemos incluso intentar acompañar un poco a aquel canto en el Aleluya del día de Pascua. Desde el momento en que vemos el Cordero, podemos reír y podemos dar gracias; gracias a él también nosotros comprendemos qué significa adoración.

Todas las palabras del Resucitado llevan en sí la alegría –la sonrisa de la liberación: ¡Si vierais aquello que yo he visto y veo!–, si un día alcanzáis a ver el todo, entonces reiréis. Hubo un tiempo en el que el risus paschalis, la risa pascual, era parte integrante de la liturgia barroca. La homilía pascual debía contener una historia que suscitase la risa, de tal modo que la iglesia retumbase en carcajadas. Ésta podía ser una forma un poco superficial y exterior de alegría cristiana. Pero, ¿no es en realidad algo muy bello y justo el hecho de que la risa se hubiese convertido en un símbolo litúrgico? Y ¿no nos gusta quizá que en las iglesias barrocas escuchemos todavía, por el juego de los amorcillos y de los ornamentos, la risa en la cual se anunciaba la libertad de los redimidos? Y ¿no es un signo de fe pascual el hecho de que Haydn dijera, respecto a sus composiciones, que al pensar en Dios sentía una alegría cierta y añadiese: «Yo, apenas quería expresar palabras de súplica, no podía contener mi alegría, y hacía lugar a mi ánimo alegre y escribía allegro sobre el Miserere»?

La visión de los cielos del Apocalipsis dice lo que nosotros vemos en Pascua a través de la fe: el Cordero muerto vive. Puesto que vive, nuestro llanto termina y se convierte en sonrisa. La visión del cordero es nuestra mirada a los cielos abiertos de par en par. Dios nos ve y actúa, si bien de forma diversa a como pensamos y a como nosotros quisiéramos imponerlo. Sólo a partir de la Pascua podemos en realidad pronunciar de un modo completo el primer artículo de fe; sólo a partir de la Pascua éste se ve cumplido y consuela: yo creo en Dios, Padre omnipotente.

De hecho, sólo a partir del Cordero sabemos que Dios es realmente el Padre y es realmente omnipotente. Quien lo ha entendido no puede estar ya verdaderamente triste y desesperado. Quien lo ha entendido opondrá resistencia a la tentación de ponerse del lado de los verdugos. Quien lo ha comprendido no experimentará la angustia extrema cuando él mismo esté en la condición del Cordero. Puesto que se encuentra en el lugar más seguro. La Pascua nos invita, en resumen, no sólo a escuchar a Jesús, sino, en el instante en el que se le escucha, a aprender a ver desde el interior. La máxima solemnidad del calendario litúrgico nos anima, mirándole a Él, a Aquel que ha muerto y ha resucitado, a descubrir la apertura en los cielos. Si comprendemos el anuncio de la resurrección, entonces reconocemos que el cielo no está totalmente cerrado más arriba de la tierra. Entonces algo de la luz de Dios –si bien de un modo tímido pero potente– penetra en nuestra vida. Entonces surgirá en nosotros la alegría, que de otro modo esperaríamos inútilmente, y cada persona en la que ha penetrado algo de esta alegría puede ser, a su modo, una apertura a través de la cual el cielo mira a la tierra y nos alcanza. Entonces puede suceder lo que prevé la revelación de Juan: todas las criaturas del cielo y de la tierra, bajo la tierra y en el mar, todas las cosas en el mundo están colmadas de la alegría de los salvados. En la medida en la que lo reconocemos, se cumple la palabra que Jesús dirige en la despedida, en la que anuncia una nueva venida: «Vuestra aflicción se convertirá en alegría». Y, como Sara, los hombres que creen en virtud de la Pascua afirman: «¡Motivo de alegre sonrisa me ha dado Dios: quienquiera que lo sepa, sonreirá conmigo!»


En uno de los capítulos del libro Imágenes de esperanza (ed. San Paolo), del entonces cardenal Joseph Ratzinger, reflexiona sobre la celebración más importante del calendario litúrgico: la Resurrección de Nuestro Señor Jesús.

En Andalucia con nuestros impuestos pagamos abortos

MEDIANTE UN ACUERDO CON CLÍNICAS ABORTISTAS

La Junta de Andalucía ofrece rebajas para abortar presentando el carné joven


El nivel de degradación al que llegan algunas instituciones socialistas con el aborto parecen no tener límite. En Andalucía, la Junta promueve, a través del carné joven, toda serie de ofertas para que las jóvenes puedan abortar, haciendo descuentos similares a los que ofrecen por cambiar ruedas. »
Sin comentario.

8/4/10

"El Papa, criticado por no hacer nada... y por hacer demasiado"

 Interesante articulo de Vittorio Messori :"Ratzinger tiene la humanidad de los viejos hombres de Iglesia, que desde el púlpito denunciaban el pecado a viva voz, pero luego, en el confesionario, interpretaban generosamente la invitación de Cristo a perdonar".

Otro articulo que sale en defensa de Benedicto XVI es el de Tomás Cuesta: "Preferimos a Barrabás".

 Esperemos que a Garzón no le de por procesar al Papa ahora que parece que tiene  un pie en el banquillo y otro fuera de la Audiencia.
Estemos atentos.

No podemos olvidar el magnifico saludo del Cardenal Sodano al Papa al comienzo de la Misa de Pascua:

"La Iglesia está contigo, dulce Cristo en la tierra".


“Padre Santo, nosotros procuraremos atesorar Sus palabras. En esta Solemnidad pascual, nosotros rezaremos por Usted, para que el Señor, Buen Pastor, continúe a sostenerle en su misión al servicio de la Iglesia y del mundo. 
¡Feliz Pascua, Padre Santo!
¡Feliz Pascua, dulce Cristo en la tierra!
¡La Iglesia esta con Usted!” 


7/4/10

La alegría de la Pascua,

 
Queridos hermanos y hermanas:
La Pascua de la Resurrección del Señor es la fiesta principal de los cristianos. En ella, celebramos el triunfo de Jesucristo sobre el pecado y la muerte. En la Pascua somos invitados a vivir una vida nueva, alentados por la presencia del Resucitado, que vive para siempre.
Es tiempo  para felicitarnos y vivir la alegría de pertenecer a la comunidad de los discípulos del Señor Resucitado. “Somos el pueblo de la Pascua; Aleluya es nuestra canción”, son palabras de un himno que repetiremos en estos cincuenta días del tiempo pascual.
¿Qué consecuencias tiene esto para la vida del creyente? La primera es que el encuentro con el Señor Resucitado provoca una profunda alegría. “Los discípulos se alegraron al ver al Señor”, nos dice el Evangelio. El mismo Señor saluda a las mujeres que encontraron el sepulcro vacío con la expresión “¡Alegraos!”. A pesar de las dificultades de las persecuciones, los primeros cristianos y también nosotros, hemos de conservar la alegría característica del cristiano auténtico, pues nada ni nadie podrán separarnos del amor de Cristo que está con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”. El Papa Benedicto XVI nos recuerda que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida”. Éste es el encuentro con el Resucitado, fuente de nuestra alegría.
Una segunda consecuencia es que la Pascua rehace a las personas y a la comunidad. La Pasión del Señor fue una prueba durísima para los discípulos, que experimentaron su fragilidad y dejaron solo al Maestro en el momento de la prueba; algunos pensaron que todo había terminado y, sumidos en la tristeza y la desesperanza, se dispersaron.
La experiencia del encuentro con el Señor devolvió a Pedro la posibilidad de decirle: “Tú sabes que te quiero”. Los discípulos de Emaús sintieron arder su corazón cuando Jesús –peregrino en el mismo camino- les explicó el sentido de su muerte. Ellos le reconocieron “al partir el pan” y regresaron a la comunidad para compartir la Buena Noticia: “es verdad, ha resucitado el Señor”. También nosotros, abrumados por los problemas y los agobios que hemos de afrontar, perdemos muchas veces la esperanza y nos alejamos de la comunidad creyente para refugiarnos en nuestro propio yo, en el individualismo que nos aísla. La Pascua es tiempo de renacer y de reencontrarse con la comunidad cristiana. Es una ocasión para renovar nuestros compromisos bautismales y para acompañar a los nuevos miembros de la Iglesia, que se incorporan a ella por el Bautismo, crecen con la Confirmación y se sientan por primera vez al banquete de la Eucaristía.
Es mi deseo, queridos hermanos y hermanas, que no perdamos la oportunidad que nos ofrece la Pascua para revitalizar nuestra vida cristiana, tanto personal como comunitariamente. Esta renovación tendrá un fruto precioso: el amor mutuo. La comunidad de los discípulos del Resucitado tiene siempre esta señal: “mirad cómo se aman”. Cuando esta verdad impregna la vida, todo cambia.
¡Feliz Pascua de Resurrección a todos!
+ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva

4/4/10

FELIZ PASCUA

¡Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya!
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo,
Así, pues, celebremoal la Pascua del Señor.
con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.
Éste es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo. Aleluya.
Dios ha llenado nuestros corazones de vida y alegría,
los cielos y la tierra rebosan de su amor.
CRISTO NUESTRA VÍCTIMA PASCUAL, HA SIDO INMOLADO.
Feliz Pascua.
CRISTO HA RESUCITADO
VERDADERAMENTE HA RESUCITADO
ALELUYA

2/4/10

VIERNES SANTO

«Que todos sean uno, como tú, Padre, y yo somos uno». 
 Así rezaba Jesús al Padre por todos nosotros. Ayer, en la Misa Crismal,  Benedicto XVI realizaba estas tres preguntas:
«El Señor nos pregunta: ¿vives gracias a la fe, en comunión conmigo y, por tanto, en comunión con Dios? 
¿O acaso no vives más bien para ti mismo, alejándote así de la fe? 
¿Y no eres así tal vez culpable de la división que oscurece mi misión en el mundo, que impide a los hombres el acceso al amor de Dios?» 

Antr la Cruz de Cristo respondamos con sinceridad.


"¿Fue Cristo el que murió, o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh, qué muerte que mató a la muerte!" - San Agustín. 

Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero (antífona bizantina)

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste el mundo