ATARDECER

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Remar mar adentro

25/10/14

Id por el mundo y anunciad el Evangelio

"Somos enviados a llevar la alegría del Evangelio, la Buena Noticia que es Jesucristo, a todos los hombres: 
Id por el mundo y anunciad el Evangelio a todos los hombres la confianza, la esperanza, la alegría del Evangelio, el encuentro entre los hombres, construir la cultura del encuentro entre los hombres, construir la cultura del encuentro. 
Tenemos que provocar, como el Señor, en medio de la historia de los hombres esa atracción, la misma que provocó Jesucristo en el camino de Emaús".
 



22/10/14

¡Ay de mi si no evangelizare!





¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Yo soy apóstol y testigo
Cuánto más lejana está la meta, cuánto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia el amor nos apremia.
Debo predicar su Nombre:
Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Él es quien nos ha revelado al Dios invisible,
Él nació, murió y resucitó por nosotros.
Él es el centro de la historia y del universo;
Él nos conoce y nos ama,
Compañero y amigo de nuestra vida,
Hombre de dolor y de esperanza.
Él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez, y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Yo nunca me cansaría de hablar de Él.
Él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida. Él es pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed.
Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano.
Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Este Jesucristo, de quien vosotros ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis, por vuestra condición de cristianos.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
A vosotros, pues, cristianos, os repito su Nombre a todos os lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
Él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; Él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito. Y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico.
¡Ay de mi si no evangelizare!
Para esto me ha enviado el mismo Cristo.
¡Jesucristo! Recordadlo: Él es el objeto perenne de nuestra predicación. Nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos. Amén. (S.S. Paulo VI).

22 de octubre: Fiesta de San Juan Pablo II.

Fiesta de San Juan Pablo II. Ruega al Señor por nosotros!

Oficio de lectura
Segunda lectura:
De la Homilía de san Juan Pablo II, Papa, en el inicio de su pontificado (22 de octubre 1978):
¡Pedro vino a Roma! ¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.
Según una antigua tradicióndurante la persecución de Nerón, Pedro quería abandonar Roma. Pero el Señor intervino, le salió al encuentro. Pedro se dirigió a El preguntándole: «Quo vadis, Domine?: ¿Dónde vas, Señor?». Y el Señor le respondió enseguida: «Voy a Roma para ser crucificado por segunda vez». Pedro volvió a Roma y permaneció aquí hasta su crucifixión.
Nuestro tiempo nos invita, nos impulsa y nos obliga a mirar al Señor y a sumergirnos en una meditación humilde y devota sobre el misterio de la suprema potestad del mismo Cristo. El que nació de María Virgen, el Hijo del carpintero – como se le consideraba –, el Hijo del Dios vivo, como confesó Pedro, vino para hacer de todos nosotros «un reino de sacerdotes».
El Concilio Vaticano II nos ha recordado el misterio de esta potestad y el hecho de que la misión de Cristo –Sacerdote, Profeta-Maestro, Rey– continúa en la Iglesia. Todos, todo el Pueblo de Dios participa de esta triple misión. Y quizás en el pasado se colocaba sobre la cabeza del Papa la tiara, esa triple corona, para expresar, por medio de tal símbolo, el designio del Señor sobre su Iglesia, es decir, que todo el orden jerárquico de la Iglesia de Cristo, toda su "sagrada potestad" ejercitada en ella no es otra cosa que el servicio, servicio que tiene un objetivo único: que todo el Pueblo de Dios participe en esta triple misión de Cristo y permanezca siempre bajo la potestad del Señor, la cual tiene su origen no en los poderes de este mundo, sino en el Padre celestial y en el misterio de la cruz y de la resurrección.
La potestad absoluta y también dulce y suave del Señor responde a lo más profundo del hombre, a sus más elevadas aspiraciones de la inteligencia, de la voluntad y del corazón. Esta potestad no habla con un lenguaje de fuerza, sino que se expresa en la caridad y en la verdad.
El nuevo Sucesor de Pedro en la Sede de Roma eleva hoy una oración fervorosa, humilde y confiada: ¡Oh Cristo! ¡Haz que yo me convierta en servidor, y lo sea, de tu única potestad! ¡Servidor de tu dulce potestad! ¡Servidor de tu potestad que no conoce ocaso! ¡Haz que yo sea un siervo! Más aún, siervo de tus siervos.
¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!
¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!
¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!
Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues, – os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza – permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo El tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!".
Responsorio
R/.No tengáis miedo: el Redentor del hombre ha revelado el poder de la cruz y ha dado la vida por nosotros. * Abrid de par en par las puertas a Cristo.
V/.Somos llamados en la Iglesia a participar de su potestad. * Abrid.
Oración
Oh Dios, rico en misericordia, que has querido que san Juan Pablo II, papa, guiara toda tu Iglesia, te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos concedas abrir confiadamente nuestros corazones a la gracia salvadora de Cristo, único redentor del hombre. Él, que vive y reina...