ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

29/2/16

Mira a Jesús. Atrévete a vivir con Él.




“Os aseguro que ningún profeta 
es bien mirado en su tierra” 
(Lc 4,24)   

Los de Nazaret no aceptan a Jesús 
porque les dice que la salvación de Dios 
no es sólo para ellos, sino para todo el mundo, 
y les recuerda la fe ejemplar 
de algunos extranjeros. 
Aquella comunidad sabe reconocer que Dios los ama; 
pero no puede tolerar que Dios ame igualmente 
a todas las personas y que quiera la salvación de todos. 
Su indignación les conduce a querer eliminar a Jesús.


- Líbranos, Señor, de la tentación del exclusivismo 
y ayúdanos a descubrir y a valorar el bien 
que hay en cada persona y en cada pueblo y cultura.


Las gentes de su pueblo quieren controlar a Jesús, 
utilizarlo para sus intereses. 
Jesús se abre paso y abre paso a la gracia, 
que es para todos. 
La esclavitud queda rota por su enseñanza. 
Mira a Jesús. 
Atrévete a vivir con Él. 
Es un lujo caminar con una persona tan libre. 
Él da un nuevo horizonte a tu vida.   


Tú, Jesús, nos quieres libres, capaces de liberar. 
Contigo, la vida para siempre es libertad. 
Libéranos. 


“Siempre tenemos necesidad 
de contemplar el misterio de la misericordia. 
Es fuente de alegría, de serenidad y de paz” (MV 2).    

Cuando le damos la mano a Dios 
y se la damos a los pobres, 
podemos sentir el rechazo de los demás. 
¿Seguiremos cantando entonces? 
Entonces seguiremos cantando como profetas.  

28/2/16

Dios ama gratuitamente





Yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, 
a ver si da fruto en adelante”(Lc 13,8-9)  
 
“En la misericordia tenemos la prueba 
de cómo Dios ama. 
Él da todo de sí mismo, por siempre, 
gratuitamente y sin pedir nada a cambio” (MV 14). 
 
Hay una alegría, ¿perdida?, 
que brota cuando nos damos a los demás, 
sincera y gratuitamente.  
 
Señor: Soy tu higuera plantada en la viña de tu Iglesia.
Muchos me creen bueno, porque mis apariencias engañan.
Tú eres el único que conoce la verdad de mi corazón.
Tú eres el único que cada día buscas 
ahí dentro de mí los frutos de bondad.
A ti no te interesan los engaños de mis engaños.
A ti no te sirven las apariencias del follaje de mi piedad.
Cada día sé que vienes a mí 
esperando los frutos de santidad.
Me duele que, tantos años te esté defraudando.
Me duele que, tu gracia no haya sido más eficaz en mí.
Gracias por saber que sigues esperando.
Gracias por saber que aún me dejas crecer en tu Iglesia.
Gracias porque aún sigues poniendo esperanzas en mi.
Amén.

27/2/16

Todo lo mío es tuyo y para ti




“Cuando todavía estaba lejos, 
su padre lo vio y se conmovió; 
y echando a correr se le echó al cuello, 
y se puso a besarlo”  
(Lc 15,20)    

“La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona” (MV 3).  

Cuando vivimos en las sombras 
no toleramos que Dios sea tan bueno con los pecadores.  
Es preciso que corra el aire del Espíritu por nuestros pulmones para que nuestra mente no se anquilose, 
los pensamientos no se fosilicen 
y el corazón no se endurezca.
Los besos fueron la respuesta del Padre.  

No son superfluas las palabras de Lucas 
explicando el porqué de la parábola:  
Jesús es criticado por acoger y comer con pecadores.
Responde con tres parábolas.  
La última y más bella de ellas 
quiere mostrar que su actuación 
es reflejo del rostro misericordioso del Padre.
Quiere que lleguemos a comprender qué Padre tenemos.
¡Cómo es el Padre!  
No pierde de vista al que se aleja, 
ve de lejos al que se acerca.  
Se conmueve.  
Echa a correr.  
Se funde en un abrazo de alegría con quien vuelve.  
Hace fiesta.  

Recuerda que has nacido de un abrazo 
entrañable de ternura.
 Al verte, a Dios le da un vuelco el corazón.  
“Sea bendito por siempre, que tanto me esperó” 
(Sta Teresa).  
 Invita a superar la crítica del hijo mayor 
y su negativa a abrazar al hermano.  
A regresar a casa y al amor paterno cuando nos separamos de él.  
Y desea que vivamos lo que se dice al hermano mayor:  
«tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo».
 
¡Qué alegría escuchar de tus labios, cuando volvemos a Ti:
Todo lo mío es tuyo y para ti 
- ¡Gracias, Jesús, por mostrarnos qué Padre tenemos!

26/2/16

La locura de amor del Padre por todos.




“Por último les mandó a su hijo” (Mt 21,37)  
 

El evangelio de hoy insinúa al Viernes Santo.   
La viña, plantada por Dios con mucho cariño, 
es el pueblo elegido, 
que no ha producido los frutos esperados.   
Sólo alguien que ame como Dios ama a su pueblo 
es capaz de enviar a su propio Hijo 
para percibir los frutos, 
después de lo ocurrido con los enviados anteriores.


Con todo, 
la condena a los viñadores 
no la hace Jesús, 
sino sus oyentes.
 

Él llama a la conversión 
y a producir los frutos 
que Dios espera de nosotros.
 
Y en Jesús, 
su Hijo entregado, 
lo dijo todo y lo dio todo.

Ya no tiene más.  
¡Hasta ahí llegó la locura de amor del Padre por todos!   
Y ahí sigue Jesús, llamando cada puerta.

Haz silencio. 
Escucha a Jesús. 
Que Él ilumine las oscuridades que llevas dentro.   
Jesús en persona se aproxima a tu camino, 
quiere entrar en tu historia.

Déjate encontrar por Él.  


Jesús, peregrino de amor.  
 Aquí nos tienes. 
Estamos dispuestos a tratar de amistad contigo 
en nuestra interioridad.   
Tú que tienes paciencia con nosotros, 
no pases de largo. 


 “En él (Jesús) todo habla de misericordia.   
Nada en Él es falto de compasión” (MV 8). 
 

Ahí está Jesús. 
¿Queremos conocer su camino?   
Con Jesús en medio, 
nada es igual. 
Vayamos a él aunque sea de noche.  

  - Gracias, Señor, 
porque no dejas de amarnos 
a pesar de nuestras infidelidades. 
Que nos dejemos tocar 
y transformar por tu amor.

25/2/16

Dios se hace mendigo por amor.




“Había un hombre rico... 
y un mendigo llamado Lázaro 
estaba echado en su portal”  
(Lc 16,19-20) 
   
El Papa Francisco, al hablar de ecología, 
insiste en saber escuchar 
tanto el clamor de la tierra 
como el de los pobres. 
Mendigos y ricos.   
Muchos mendigos y pocos ricos. 
Pueblos con todo, pueblos con casi nada. 
Lo plantea la parábola, 
recordando la necesidad urgente 
de convertirnos a una verdadera fraternidad. 
El rico es condenado 
porque no ha sabido ver en Lázaro a un hermano, 
con quien le une un deber de cuidado y custodia. 
Al no tener una relación adecuada con su vecino, 
aquel hombre ha destruido 
la relación interior consigo mismo, 
con los demás, con Dios y con la tierra.  

¡Un escándalo! 
Dios se vuelca con los mendigos, 
se hace mendigo por amor. 

Déjate confrontar con esta parábola de Jesús. 
No pases de largo, 
implícate en los que están echados en tu portal. 
Silencia tu ego.   
Despiértanos, Jesús.   
Cuando nuestro orden establecido es injusto, 
¿para qué sirve?   

"Abramos nuestros ojos 
para mirar las miserias del mundo, 
las heridas de tantos hermanos 
y hermanas privados de la dignidad" (MV 15).   

Si no damos el paso hacia una comunión 
con todos los que sufren, 
nuestro cristianismo corre el peligro 
de adormecerse y quedar anquilosado.

Frente a la tentación de la indiferencia 
está la belleza del encuentro solidario.   
Todos somos pordioseros de amor.   

- Abre, Señor, nuestro corazón 
hacia actitudes auténticamente 
solidarias y fraternas.

Señor: Sé que no me impides tener, 
pero sí que sea insensible. 
Señor: Sé que no es malo poder vestir y comer bien, 
pero sí ser indiferentes 
ante los que visten andrajos 
y comen lo que encuentran en basureros. 
Señor: Yo te pido derribes el portal 
que me separa de mis hermanos 
y me impide ver su realidad. 
Señor: No te pido envíes alguien del más allá, 
sino que sepa escuchar a los que me rodean.