ATARDECER

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Remar mar adentro

16/2/16

Nuestro Padre es el Dios del "Padre nuestro·"




“Vosotros rezad así: Padre nuestro… 
perdona nuestras ofensas, 
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden” (Mt 6,9.12)   

Jesús no se guarda nada para sí. 
Todo lo da.   
Su mayor tesoro, la presencia del Padre, 
la pone en nuestras manos.   
¡Todos, hijos y hermanos!   
¡Sin desigualdades ni muros entre los pueblos!   
Ponte ante tu Padre con confianza.   
Saber que Él te ama, te basta.  
 Cuando dices “Padre nuestro”, “pan nuestro”,  
 comunicas la mejor noticia a los pobres de la tierra.   
   
“En comenzando, nos henchís las manos…   
¡Oh Hijo de Dios y Señor mío! 
¿Cómo dais tanto junto a la primera palabra?” (Santa Teresa).

El Padrenuestro que rezamos diariamente 
debe ser como la lluvia suave y continua 
que empapa y fecunda nuestro corazón 
y hace germinar en él actitudes filiales 
en relación a Dios y fraternas para con todos. 
Entre estas actitudes se subraya 
la capacidad de perdonar, 
que se pone como condición 
para poder ser perdonados por el Padre celestial. 
Quizá Jesús nos está diciendo 
que sólo somos capaces de recibir de Dios 
lo que estamos dispuestos a ofrecer a los demás.

No podemos orar enemistados.
La oración requiere perdón.
No esperemos que el Padre escuche a hijos 
que no se aman ni perdonan.

“El perdón es el instrumento puesto 
en nuestras frágiles manos 
para alcanzar la serenidad del corazón” (MV 9).   

Jesús abre su secreto interior 
para ofrecer sus tesoros a los que ama. 
El silencio asombrado 
en que nos sumerge esta oración, 
también es regalo de Jesús.  
 
Señor: Concédenos sentir la paternidad del Padre.
Señor: Concédenos sentirnos como hijos.
Señor: Concédenos sentirnos como hermanos.
Señor: Danos la gracia de perdonar y ser perdonados.
Señor: Danos gracia de ser la comunidad 
que tú esperas de nosotros. 

- Que la Palabra que escuchamos cada día 
y la oración que tenemos siempre 
en los labios y en el corazón 
sean fuerzas transformadoras de nuestra vida.


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