ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

30/8/10

Himno ortodoxo

O alegre luz de la gloria santa del Padre inmortal, celestial, santo, bendito Jesucristo. 
Ahora que hemos llegado a la puesta del sol y contemplar la luz de la tarde, cantamos a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 
Todo momento es apropiado para alabarte con voces alegres, oh Hijo de Dios, el Dador de la vida. He aquí, el mundo canta tu gloria.
Oh Señor, nos mantendrá esta noche sin pecado.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, y alabado y glorificado sea tu nombre por los siglos. O Señor, que tu misericordia este sobre nosotros porque hemos puesto nuestra esperanza en ti.
Bendito seas, Señor, enséñame tus mandamientos.
Bendito seas, Señor, concédeme la comprensión de tus mandamientos.
Bendito seas, Santo, ilumíname con tus mandamientos. 

Señor, tu misericordia es para siempre.
No desprecies las obras de tus manos. 

A ti se debe la alabanza, a ti es la canción debido a que es la gloria debida, 
al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. 
Amén

27/8/10

PARA SER FIEL TESTIGO

Sé alguien que escucha y serás escuchado.
Sé alguien cuidadoso con los demás y serás amado.
Sé alguien que se brinda y serás bendecido.
Sé alguien que da consuelo y descubrirás la paz.
Sé alguien que intenta genuinamente comprender y serás sabio.
Sé alguien amable, alguien considerado, y serás admirado.
Sé alguien que valora la verdad y serás respetado.
Sé alguien que pone manos a la obra y progresarás.
Sé alguien que hace que los demás crezcan y te enriquecerás.
Sé alguien lleno de gratitud y la lista de cosas que tendrás por agradecer será interminable.
Sé alguien que vive con alegría, con sentido, con su propia luz brillando intensamente.
Sé, a cada instante, ese alguien especial que, de verdad, estás destinado a ser.


PARA SER EL REFLEJO DE JESUS

SIEMPRE
Siempre que te llamen, acude.

Siempre que te pidan, da...

Siempre que te tironeen, cede.

Siempre que te hablen, escucha.

Siempre que te interroguen, responde.

Siempre que te ofendan, perdona.

Siempre que te calumnien, responde con el bien.

Siempre que te hieran, conforta.

Siempre que te insulten, olvida.

Siempre que te pisen, humíllate.

Siempre que te alaben, cierra los oídos.

PARA SER FIEL TESTIGO

Observador de apariencias (Lucas 14, 1.7-14)

Madre Teresa de Calcuta: 100 años del nacimiento de la madre de los pobres

Modelo de virtud cristiana

Mensaje del Papa Benedicto XVI por el centenario del nacimiento de Madre Teresa de Calcuta
26 agosto 2010


Le envío cordiales saludos a usted y a todas las Misioneras de la Caridad al inicio de las celebraciones del centenario del nacimiento de la Beata Madre Teresa, fundadora de vuestra orden y modelo ejemplar de virtud cristiana. Confío en el hecho de que este años será para la Iglesia y para el mundo una ocasión de gratitud ferviente hacia Dios por el don inestimable que Madre Teresa ha sido en el transcurso de su vida y que sigue siendo a través de la obra amorosa e incansable que lleváis a cabo vosotras, sus hijas espirituales.


Para prepararos a este año, habéis buscado acercaros aún más a la persona de Jesús, cuya sed de almas se extingue gracias a vuestro ministerio por Él en los más pobres de entre los pobres. Habiendo respondido con confianza a la llamada directa del Señor, Madre Teresa dio ejemplo excelente ante el mundo de las palabras de san Juan: “Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros” (1 Jn 4, 11-12).


Que este amor siga inspirándoos, Misioneras de la Caridad, para donaros generosamente a Jesús, quien veis y servís, o lo que es lo mismo, a los pobres, a los marginados y a los abandonados. Os animo a beber con constancia de la espiritualidad y del ejemplo de Madre Teresa y, siguiendo sus huellas, a acoger la invitación de Cristo: “Venid y sed mi luz”. Participando espiritualmente en las celebraciones por el centenario, con gran afecto en el Señor, imparto de todo corazón a as Misioneras de la caridad y a todos aquellos que servís, mi paternal Bendición Apostólica.

13/8/10

«Quien cree nunca está solo»


Hace varias semanas tuve la oportunidad de conocer  a Sor Aurora, una monja jerónima, en Constantina. 
La visita al convento y  el poder compartir con las hermanas la liturgia de las horas, fue todo un remanso de paz y alegría. 
De todo lo que me dijo está buena mujer entregada a Dios fue esta frase: 
"El que está con Dios nunca está menos solo que cuando está solo"

9/8/10

Teresa Benedicta a Croce (Edith Stein), carmelita mártir y Patrona de Europa (1891 1942)


«El 12 de Octubre de 1891 nací yo, Edith Stein, hija del fallecido comerciante Siegfried Stein y de su mujer Auguste Courant, en Breslau. Soy ciudadana prusiana y judía». Así comenzaba su «curriculum vitae». Pertenece a una familia alemana normal que es trabajadora y practicante de la religión judía; tienen seis hijos más.
En el ámbito familiar se observan con escrupulosidad las normas del Talmud. El padre murió pronto; frecuenta la sinagoga, pero su madre notó que solo iba por complacerla. Efectivamente, Edith se confiesa atea a sus veintiún años y abandona la religión por mucho tiempo como consecuencia de una decisión consciente y libre. No obstante siempre mantuvo respeto y admiración hacia el judaísmo.
Se dedica en su juventud al estudio de la filosofía como camino que consideraba apto para el descubrimiento de la verdad, cuya búsqueda le apasiona; en Breslau se enreda con el subjetivismo de Kant y sus seguidores. La lectura de Investigaciones lógicas, obra de Edmund Husserl, supuso para ella un nuevo descubrimiento de la realidad, una recuperación de los principios y el abandono del kantismo imperante. Ha hecho suya la verdad de que, además del yo, existen los demás y muchas cosas más. Busca en la baja Sajonia, en Gotinga, al profesor Husserl, se hace su discípula predilecta y con él trabaja su tesis doctoral llegando a obtener la calificación máxima. También le ayuda en su nuevo camino de pensamiento Adolf Reinach que, aparte de ser un colaborador y discípulo de Husserl, es un cristiano convencido.
Al estallar la primera guerra mundial del 1914, siente la necesidad de ser útil a su país; si sus amigos han marchado al frente, ella se alista como enfermera en el hospital de Märisch-Weisschirchen en Austria. A la vuelta, comienza a trabajar en Friburgo con Husserl como Profesora Asistente de Cátedra; pero, a decir verdad, tampoco el pensamiento fenomenológico saciaba su sed de la verdad en respuestas a las cuestiones últimas acerca del sentido de la vida. El proceso su promete largo y dificultoso; pero va a tener influencia decisiva el contacto con católicos cabales.
Cuando recibe el encargo de custodiar la herencia filosófica de Reinach, que ha muerto en Flandes, el contacto con su viuda le va descubriendo que en el mundo del dolor tienen sitio la fortaleza y la fe; la altura espiritual de esta mujer, su talante ante la adversidad y la esperanza cristiana que vio en ella le impresionaron vivamente. Edith misma escribirá más tarde: «Aquel fue mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que esta infunde a quienes la llevan».
También debieron de aportar datos propedéuticos para la fe las conferencias sobre temas religiosos que escuchó a Max Scheler.
Pero lo que definitivamente hizo de puente entre la gracia de Dios y su inteligencia ansiosa de verdad fue la amistad con un matrimonio amigo en cuya casa lee la Vida de Santa Teresa de Jesús. Tenía entonces treinta años. Ella misma dirá: «Comencé a leer, me sentí cautivada inmediatamente y lo acabé de un tirón. Cuando cerré el libro me dije: ¡Esta es la verdad!». La filósofa Stein ha descubierto en los fenómenos del alma de la santa de Ávila la huella de Dios, la Verdad tan buscada. Dios la cautivó y ya no se separó de Él.
No dio largas al asunto. A la mañana siguiente se compró un catecismo católico y un misal, y se puso a estudiarlos detenidamente. Después fue a la iglesia y asistió a la Santa Misa. Al terminar, Edith se dirigió al sacerdote y le pidió que la bautizara. Fijaron la fecha para el 1 de enero de 1922. Pasó con elegancia y firmeza el costoso aprieto de comunicar a la familia su decisión; recibió el bautismo, la confirmación y la primera comunión, habiendo elegido por nombre el de Teresa. Era la fiesta de la circuncisión del judío Jesús.
Continúa desempeñando su labor docente, pero con luces nuevas. Estudia a Santo Tomás, explica conferencias sobre temas religiosos que le piden desde muchos lugares, tiene contactos con Heidegger y no deja de visitar a su antiguo maestro Husserl, que siguió con respeto sus pasos.
Al llegar la persecución nazi, pierde su puesto de trabajo. Ella continúa con amor a su pueblo, hasta el punto de llegar a escribir al papa Pío XI pidiéndole auxilio para los hebreos.
Le ofrecen cátedra en una universidad de Nicaragua, pero contra todo pronóstico toma la decisión de entrar en clausura, asunto que llevaba madurando una docena de años. Tiene ella cuarenta y dos cuando entra en las Carmelitas de Colonia, y comienza a llamarse Teresa Benedicta a Croce: Bendecida por la cruz. También su hermana Rosa entra en el convento. En su completa entrega, descubre y asimila la doctrina de san Juan de la Cruz, dándole tiempo a escribir el bello tratado La ciencia de la cruz.
Ante la persecución nazi, las dos hermanas son trasladadas al convento holandés de Echt; pero los nazis entran en Holanda en 1940. El 2 de agosto de 1942 las apresan dos oficiales de la Gestapo y, el día 9 de agosto, Edith y Rosa mueren en la cámara de gas. La Cruz Roja holandesa publicó una escueta nota: «Edith Stein, nacida en Breslau, fue asesinada el 9 de agosto de 1942 en Auschwitz, con gas».
El papa Juan Pablo II la elevó a los altares, en Colonia, el 1 de mayo de 1997.
En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, cuando se prepara la Iglesia para el comienzo del tercer milenio, el Sumo Pontífice la declaró Patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Brígida de Suecia, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los patronos Benito, Cirilo y Metodio para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del Continente.

6/8/10

PABLO VI

“Ahora que la jornada llega al crepúsculo y todo termina…”

  La Buhardilla de Jerónimo
*
Siervo de Dios Pablo VI
(26/9/1897 – 6/8/1978)
32º aniversario de su fallecimiento
***
La grandeza de Pablo VI encuentra el fundamento en el misterio de la cruz de Cristo. Como sucesor de Pedro, él aceptó esa bendición y todo el contenido de la promesa mesiánica, que había sido pronunciada en la región de Cesarea de Filipo, y aceptó en toda su plenitud el misterio de la cruz. Llevó esta cruz no sólo en sus manos, caminando, todos los años, sobre las huellas del Vía Crucis, en el Coliseo romano. La llevó dentro de sí, en su corazón, en toda su misión: "…no quiera Dios que me gloríe sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo" (Gál 6, 14). Estas palabras del Apóstol, cuyo nombre había tomado el año 1963 al comienzo del pontificado, han sido confirmadas por toda su vida. Pablo VI: apóstol del Crucificado, igual que lo fue Pablo Apóstol. Y lo mismo que Pablo Apóstol, él hubiera podido completar esa confesión de gloriarse en la cruz de Cristo, diciendo "por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo" (ib.). Y quizá estas palabras constituyen una clave esencial para comprender la vida de Pablo VI igual que la ha constituido para comprender la vida y la misión de San Pablo.


La cruz […] tiene una dimensión interior, y Pablo VI ha conocido esta dimensión interior de la cruz. Ciertamente, no estuvo exento de "insultos" y "salivazos" (cf. Is 50, 6) que sufrió como maestro y servidor de la verdad. Ciertamente, su alma no estuvo exenta de esa "tristeza y angustia" (Sal 114 [115], 3) de las que habla el salmista. Tristeza y angustia, que nacen del sentido de responsabilidad por los valores más santos, por la gran causa que Dios confía al hombre, sólo pueden ser superadas en la oración; sólo pueden ser superadas con la fuerza de la confianza sin límites: "El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó" (Sal 114 [115], 5-6). Pablo VI era el hombre de esta profunda, difícil —y justamente por esto—inquebrantable confianza. Y gracias a ella precisamente, él era la piedra, la roca sobre la que se edificaba la Iglesia en este período excepcional de grandes cambios después del Concilio Vaticano II.


Respondía a las pruebas interiores y exteriores de la Iglesia con esa inquebrantable fe, esperanza y confianza, que hacían de él el Pedro de nuestro tiempo. La gran sabiduría y la humildad acompañaron esta fe y esta esperanza y le hicieron precisamente tan firme e inflexible.


Nos enseñaba con la palabra y con las obras esa fe salvífica, de la que habla hoy Santiago en la segunda lectura de manera tan convincente: "La fe, si no tiene obras, es de suyo muerta" (Sant 2, 17). Pablo VI nos enseñaba, pues, la fe viva; enseñaba a toda la Iglesia la vida de la fe a medida de nuestra época. ¿Qué otra cosa, sino esta enseñanza de fe viva unida a las obras, son sus grandes Encíclicas, especialmente la "Populorum progressio" y, en otra dimensión, la "Humanae vitae"? Esto hoy se comprende quizá mejor que no hace diez años. La coherencia entre la fe y la vida debe rezumar de cada una de las obras. Debe manifestarse en cada uno de los campos de nuestro obrar.


Sería difícil no hacer oír, con ocasión de este recuerdo del gran Papa, su voz, no hacer escuchar sus palabras, siempre tan llenas de fe y de caridad:


«Ante la muerte y la separación total y definitiva de la vida presente, siento el deber de celebrar el don, la fortuna, la vida presente, el destino de esta misma existencia fugaz: Señor, te doy gracias porque me has llamado a la vida, y aún más todavía, porque haciéndome cristiano me has regenerado y destinado a la plenitud de la vida… Ahora que la jornada llega al crepúsculo y todo termina y se desvanece esta estupenda y dramática escena temporal y terrena, ¿cómo agradecerte, Señor, después del don de la vida natural, el don muy superior de la fe y de la gracia, en el que únicamente se refugia al final mi ser?… Cierro los ojos sobre esta tierra doliente, dramática y magnífica, implorando una vez más sobre ella la Bondad divina» (Testamento: Pablo VI, Enseñanzas al Pueblo de Dios, 1978, páginas 259-262).


Escuchándole hoy, a poco más de un año de su muerte, tenemos aún en los ojos esa separación. Se marcha fatigado y deja detrás de sí una gran herencia. La muerte lo separa de los problemas de esta tierra, del ministerio de esta Sede. Parece decir, como en otro tiempo dijo Pedro: "Señor…, mándame ir a ti" (Mt 14, 28). Y el Señor le deja ir a Él.


Todos nosotros que participamos en este sacrificio eucarístico para encomendar al Eterno Padre el alma de Pablo VI, damos gracias por todo lo que ha hecho y todo lo que ha sido para la Iglesia. "Bienaventurado tú, Simón Bar Jona" (Mt 16, 17).

***
De la homilía del Venerable Juan Pablo II en la Santa Misa en conmemoración de Pablo VI, 16 de septiembre de 1979