ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

24/2/12

¿POR QUÉ AYUNAR?

“¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?” Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda?” (Mt 9,14-15)

El ayuno que agrada al Señor es el que nos lanza a compartir la vida y los bienes con las personas más necesitadas, a establecer relaciones más justas y fraternas con los demás (Is 58,1-9). ¡Eso es cumplir la voluntad del Padre!


 La religión de Jesús no es la religión del ayuno.
La religión de Jesús es la religión de la amistad con Dios.
La religión de Jesús es la religión de la comunión personal con Dios.
La religión de Jesús es la religión de la “boda”.
La religión de Jesús es la religión de la fiesta.






23/2/12

EN LAS MANOS DE DIOS

LA CONVERSIÓN

Un joven fue a visitar a un viejo sabio con el fin de que lo instruyera. El anciano lo recibió, invitándolo a una taza de té. Mientras tanto, el recién llegado no paraba de hablar inconscientemente sobre sus muchos conocimientos. El sabio cogió la tetera y empezó a verter té sobre la taza de su invitado, de tal modo que el humeante líquido se derramó. No obstante, el viejo seguía sirviendo té.

‑ ¿Qué hace usted ‑dijo el joven‑, no se da cuenta que la taza rebosa y está cayendo el té al suelo?

El anciano sonrío pícaramente y dijo:

‑ Ilustro esta situación. Tú, al igual que la taza, estás ya lleno de tus propias opiniones, prejuicios y creencias. ¿De qué serviría que yo intentara enseñarte algo si antes no te vacías?


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Un hombre fue a ver a un sabio maestro para pedirle que lo aceptara como discípulo. Cuando llegó, fue recibido por un asistente que lo interrogó sobre el motivo de su visita.

‑ Deseo que el maestro me acepte como discípulo ‑solicitó el recién llegado.

‑ Muy bien, yo soy su asistente y haré llegar al maestro su demanda.

Así lo hizo, y al rato regresó con un papel escrito en las manos que entregó al hombre.

‑ El maestro le pide que conteste a estas preguntas.

Como el visitante era un hombre instruido, contestó las preguntas con facilidad sin que ninguna le resultase complicada. Terminado el examen, el asistente recogió las respuestas y marchó a entregárselas al maestro. Al rato regresó junto al ya impaciente visitante.

‑ El maestro me ha pedido que le comunique que ha demostrado en sus respuestas una gran erudición, por ese motivo lo aceptará como discípulo dentro de un año.

Aquel hombre se sintió halagado, pero también decepcionado por tener que esperar el largo plazo marcado por el maestro. Antes de irse, preguntó:

‑ Si contestando correctamente a las preguntas he de esperar un año, ¿cuál sería el plazo señalado en caso de no haber respondido adecuadamente al examen?

‑ Ah, en ese caso ‑contestó el asistente‑, el maestro te habría aceptado ahora mismo.

Tú, en cambio, necesitas al menos un año para liberarte de toda esa carga de conocimiento inútil que llevas encima.

La conversión empieza por cambiar de mentalidad, por librarse de prejuicios, de ideas preconcebidas, incluso de las ideas religiosas… ¡especialmente de los prejuicios religiosos!

22/2/12

La verdad del ser humano.

«El hombre, a la larga, no se aguanta a sí mismo si no está redimido para la libertad abierta a Dios. Sólo cuando el hombre sabe que es infinitamente más que una mera evidencia inmediata, que es el hombre del Dios infinito de libertad, amor y bienaventuranza sin límite, sólo entonces puede aguantarse a la larga. Si no, se va asfixiando lentamente en su propia finitud y toda la retórica sobre la dignidad humana y la misión del hombre sonará cada vez más falaz» (K. Rahner).

21/2/12

CARTA DE CUARESMA 2O12

“CREO, SEÑOR; AUMENTA MI FE”

CARTA DE CUARESMA 2012
Queridos hermanos y hermanas:
1. Al iniciarse el tiempo de Cuaresma, me dirijo a vosotros invitándoos a entrar en este tiempo de conversión con una súplica: “Creo, Señor; aumenta mi fe”. Esta breve y sentida oración la pronunció un padre que pedía la curación de su hijo. Los apóstoles habían intentado, sin éxito, liberar al muchacho de un mal espíritu. Cuando llegó Jesús, el padre, con humildad y confianza, desde su dolor, le rogó al Señor que tuviera compasión y le ayudara. Jesús le dijo: “todo es posible al que tiene fe” . Entonces el hombre gritó: “Creo, pero ayuda mi falta de fe” (Mc 9, 24). Esta breve oración contiene dos aspectos importantes: el reconocimiento humilde de una fe débil y la confianza de que el Señor, con su ayuda, la puede aumentar y fortalecer.
2. El Papa Benedicto XVI nos ha convocado a un Año de la fe, que comenzará el próximo mes de octubre con motivo del cincuentenario del Concilio Vaticano II. Por esta razón, acogiendo la iniciativa del Papa, os propongo vivir esta Cuaresma como una etapa intensa de oración para que el Señor aumente nuestra fe y nos haga testigos de ella en medio de nuestro mundo. La fe es el fundamento de la vida cristiana. Si la fe se debilita, todo se resiente. Podríamos decir que la falta de fe “impide” la acción de Dios en nosotros y en nuestro mundo. Siempre me ha impresionado leer en el Evangelio que Jesús, en Nazaret, donde se había criado, no pudo hacer milagros porque no encontró fe allí (cfr. Mc 6, 56).
3. Durante este tiempo de Cuaresma debemos preguntarnos: ¿de dónde viene nuestra debilidad como cristianos? ¿de dónde la carencia de impulso evangelizador? ¿no será de la falta de fe? Jesús reprochaba con frecuencia a los mismos apóstoles: “No seáis hombres de poca fe”. Vivamos, pues, este tiempo de conversión, que nos prepara para celebrar la Pascua del Señor, como un itinerario que nos permita renovar la fe bautismal en la noche santa de la Resurrección. Pidamos al Señor que nos conceda una fe auténticamente cristiana. En este momento cultural que vivimos, tenemos el peligro de pensar que la fe es algo subjetivo: “todo el mundo cree en algo”, “yo creo a mi manera”... Estas expresiones indican una gran difuminación de la fe. Es más, como dice el Papa, “es como una llama que se va apagando”.
4. La fe cristiana es creer en Alguien, en una Persona, en Jesucristo, el Hijo único de Dios que ha entrado en nuestra historia para mostrarnos el amor del Padre y para abrirnos un horizonte nuevo. Como nos recuerda el Papa Benedicto: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida...” (Deus Caritas Est nº 1) ¿Creemos o no creemos en Él? ¿Lo aceptamos o no? La fe cristiana es respuesta amorosa y confiada a Dios, que ha venido a nuestro encuentro y se nos ha manifestado. La fe cristiana no es el resultado de nuestras investigaciones intelectuales, sino acogida del Dios que viene a nosotros. Por esta razón, cultivar la fe exige escuchar la Palabra de Dios, adherirse a Jesucristo, profesar la fe en comunión con la Iglesia, que es su depositaria, y tratar de vivirla en el servicio y amor a los hermanos, tal como nos enseñó el Señor.
5. La fe se fortalece dándola, así nos lo recordó el Beato Juan Pablo II, y el Papa Benedicto nos dice: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo”. En este momento de nueva evangelización es necesario “redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.” (Porta Fidei nº 7). La fe se aviva con el testimonio de la caridad. “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente...” (Porta fidei nº 14). Durante el tiempo de Cuaresma, continuaremos estimulándonos unos a otros para hacer el bien y servir a nuestros hermanos más necesitados. El gesto de Cuaresma que venimos realizando en favor de una “casa” para los pobres, será un cauce para expresar nuestra fe, que madura en el amor y un signo de nuestra unidad diocesana. “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012).
6. Con este mensaje deseo subrayar también un aspecto de nuestro Plan Diocesano de Evangelización, centrado en la renovación de nuestras parroquias. Tengamos en cuenta que una parroquia es una “comunidad de fe”: se trata de una comunidad de fieles, esto es, una comunidad cristiana, para lo cual es indispensable la fe en Jesucristo; no hay parroquia si no hay adhesión a Jesucristo; y, además, la parroquia tiene como tarea evangelizadora el transmitir y educar la fe de sus miembros, porque ella es el “ámbito ordinario donde se nace y se crece en la fe”. (Directorio General para la Catequesis, 1997, nº 257).
Queridos hermanos y hermanas, termino este sencillo mensaje recordando la página del Evangelio con la que he comenzado. Los apóstoles preguntaron a Jesús por qué ellos no habían podido expulsar el mal espíritu de aquel muchacho. El Señor les respondió: “Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno” (Mc 9, 29). Que estas prácticas cuaresmales nos ayuden a vencer en nosotros las fuerzas del mal y el Señor nos conceda vivir firmes en la fe.
Que Santa María, la dichosa por haber creído, interceda por nosotros.
Con mi afecto y bendición.
José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva
Huelva, 22 de febrero de 2012. Miércoles de Ceniza.

15/2/12

Un premio

PREMIO "LIEBSTER BLOG"

ME HAN DADO UNA SORPRESA Y UNA ALEGRÍA. MI AMIGA MENTO  HA COMPARTIDO CONMIGO ESTE PREMIO. 
"Liebster es una palabra en alemán, que según la definición que acompaña este premio, quiere decir "querida(o), amada(o) o favorita(o)". La idea de este premio es apoyar a blogs que tengan menos de 200 seguidores para que puedan crear más conexiones y que otros blogs los conozcan."



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ESTOS SON MIS ELEGIDOS.

10/2/12

EL BUEN SAMARITANO


Salmo del buen samaritano

Señor, no quiero pasar de lejos ante el hombre herido en el camino de la vida.
Quiero acercarme y contagiarme de compasión para expresar tu ternura,
Para ofrecer el aceite que cura heridas, el vino que crea y enamora.
Tú, Jesús, buen samaritano, acércate a mí, como hiciste siempre.
Acércate a mí, como hiciste siempre.
Ven a mí para introducirme en la posada de tu corazón.
Acércate a mí, herido por las flechas de la vida, por el dolor de tantos hermanos, por los misiles de la guerra, por la violencia de los poderosos.
Sí, acércate a mí, buen samaritano; llévame en tus hombros, pues soy oveja perdida; carga con todas mis caídas, ayúdame en todas mis tribulaciones, hazte presente en todas mis horas bajas.
Ven, buen samaritano y hazme tener tus mismos sentimientos, para no dar ningún rodeo ante el hermano que sufre, sino hacernos compañero de sus caminos, amigo de soledades, cercano a sus dolencias, para ser, como tú; “ilimitadamente bueno” y pasar por el mundo “haciendo el bien” y “curando las dolencias”. (Felipe Santos)

9/2/12

Una Santa en Valverde del Camino

Hoy celebramos la memoria de la Beata Sor Eusebia Palomino. Hija de María Auxiliadora.
"Siendo pobre enriqueció a muchos"
Todos aquellos que se acercan al pueblo de Valverde del Camino oyen hablar de una hija predilecta del pueblo. No fue una personalidad en política, ni una escritora famosa: fue una Hija de María Auxiliadora. Allí pasó gran parte de su vida dedicada a hacer el bien, tratando siempre de que todos conocieran al "amor de sus amores", Jesús. Vivió consagrada a Él y murió en olor de santidad, después de ofrecer su vida por la terminación de la guerra en España, por la desaparición del sufrimiento en sus hermanos.


7/2/12

ECHA LAS REDES


Desde que Tú te fuiste
no hemos pescado nada.
Llevamos veinte siglos
echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas
sólo pescamos el vacío.
Vamos quemando horas
y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra
cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos?
¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?
¿Quién recuerda la última vez que amamos?

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar,
abre tu alma,
saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón,
levántate y camina».
Y lo hacemos sólo por darte gusto.
Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor
que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta esperanzas.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua
de nuestra indiferencia,
devuélvenos, Señor, a tu alegría
                                José Luis Martín Descalzo