ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

7/6/12

La Iglesia, mi Madre.

 
"¡Alabada sea esta gran Madre!
Madre ardiente, ella pone en el corazón de sus mejores hijos un celo siempre activo y los envía por todas partes como mensajeros de Jesucristo.
Madre prudente, ella nos evita los excesos sectarios, los entusiasmos engañosos que dan lugar a perniciosos virajes; ella nos enseña a amar todo lo que es bueno, todo lo que es verdadero, todo lo que es justo, a no rechazar nada que no haya sido contrastado.
Madre dolorosa, que lleva el corazón traspasado por la espada, ella revive en el tiempo la Pasión de su Esposo.
Madre fuerte, ella nos exhorta a combatir y dar testimonio por Cristo; más aún, no teme hacernos pasar por la muerte –después de esta primera muerte que es el bautismo– para engendrarnos a una vida más alta.
¡Bendita sea por tantos beneficios! ¡Bendita sea por encima de todas estas muertes que ella nos procura, de estas muertes de las que el hombres es incapaz, y sin las cuales estaría condenado a permanecer siempre siendo el mismo, dando vueltas en el círculo miserable de su caducidad
"
Henri de Lubac  Meditación sobre la Iglesia.

3/6/12

Oración a la Santísima Trinidad.

Señor, Dios,
 Padre nuestro, 
tú eres mi Dios. 
Que tu sabiduría me dirija, 
tu gracia me anime, 
tu amor me dé alegría,   
tu verdad me proteja,   
tu poder me guarde.
Jesucristo, 
Hijo de Dios,  
 hermano y Salvador mío.
 Que tú te hicieras hombre  
 es mi gran alegría. 
Quiero seguirte; 
que tus sufrimientos sean mi victoria,   
tu desgracia mi honor, 
tu muerte mi vida, 
tu resurrección mi bienestar. 
Oh Dios, 
Espíritu Santo, 
tú eres mi bienestar, 
conviérteme porque soy pecador. 
Devuélveme a la vida porque estoy muerto, 
despiértame  porque estoy dormido. 
Disponme para la vida eterna. 
Ilumina mi mente, 
santifica mi voluntad, 
fortalece mis débiles fuerzas. 
Quédate conmigo, 
vive en mi, 
permanece conmigo,
 oh Santísima Trinidad, 
digna de toda alabanza. 
Amén.

2/6/12

Fiesta de la Santísima Trinidad

Un joven deseoso de conocer la verdadera religión se acercó a un sabio para que lo aconsejara. 
El sabio lo envió a entrevistar a teólogos de varias religiones.
Un teólogo le explicó su religión, haciéndole ver que en ella no todo se podía comprender, y que se requería fe para aceptar misterios y verdades que nuestra inteligencia no podía abarcar. 
Al joven le atrajo esta religión, pero no le gustó que hubiera tantos puntos misteriosos. 
Otro teólogo le explicó su religión, que era muy fácil, sin misterios y con creencias que se entendían claramente.
Al joven le gustó. 
Volvió al sabio y le dijo:
−Encontré la religión que buscaba, donde uno comprende todo y no hay misterios ni dogmas de fe.
El sabio le respondió:
−Precisamente ésa es la prueba de que la religión que te gustó no es la religión verdadera, sino que es hecha por hombres a la medida de los hombres. 
En cambio, una religión con misterios y verdades que no entendemos con claridad, pero que son razonables, viene de Dios. 
Dios es tan diferente de nosotros, y nuestra inteligencia tan limitada frente a él, que al comunicarnos sus verdades, éstas nos deslumbran y quedan oscuras para nosotros. 
La demasiada luz nos enceguece, por eso necesitamos de la fe para recibir la luz.
(“Parábola de las dos religiones”, de La música de Dios, Segundo Galilea, Ediciones Paulinas, 1990).

Los 12 frutos del Espíritu Santo