ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

31/10/16

Gratuidad




“Cuando des un banquete invita a los pobres, 
a los lisiados, , a los cojos y a los ciegos ...”
(Lc 14, 13)  

Es totalmente normal invitar y ser invitados en el círculo de nuestras amistades y familia.
La propuesta de Jesús es no quedar encerrados en este círculo.
«Pobres, lisiados, cojos y ciegos» deben tener un lugar en el banquete de la vida, y en nuestra Iglesia.

- Señor, que las comunidades cristianas sean espacios de acogida e integración, donde nadie se sienta marginado o forastero.

La propuesta de Jesús es claramente subversiva.
En su tiempo, los enfermos y los lisiados estaban excluidos no sólo de la vida social sino también del Templo.
Frente al interés personal, Jesús proclama que la generosidad con los pobres, sin esperar ser correspondido, es uno de los valores del reino.
Esta tendencia es de todos los tiempos y culturas, por lo tanto también tuya.
Dichoso serás si tienes un corazón generoso.
Abre tu puerta al pobre.

Señor, enséñame a ser como tú: desprendido, generoso, desinteresado.
Para que mi vida te agrade y sea feliz.

El camino hacia la santidad es el de la gratuidad: hacer las cosas sin buscar nada a cambio.
Dios es gratuito.
No espera nada para sí, porque nada necesita.
Si espera que demos buenos frutos, porque nos conviene y conviene a nuestros hermanos.
Damos gracias por el amor desinteresado de Dios.
Él nos invita al banquete de su Palabra, de la Eucaristía, sabiendo que no le podemos pagar con nada.

El Padre invita a todos a su Reino y especialmente a aquellos que más pequeños.
¿Cuál es nuestra actitud?
¿Con quiénes nos relacionamos más?
¿A quiénes nos acercamos?


Señor, Tú amor es siempre gratuito.
Invitas a tu mesa a todas las personas,
cultas e incultas, sanas y enfermas,
ricos y pobres, buenas y malas.
Me has invitado a mí, sin ningún mérito,
gratuitamente, sin buscar nada a cambio;
pues nada mío puede enriquecerte.
Nos abres de par en par las puertas de tu casa,
nos ofreces el regalo de tu amistad,
en tu Palabra, nos has revelado tus secretos,
compartes con nosotros tu Espíritu,
nos reservas un puesto en tu mesa
alimentas con tu amor nuestras hambres
y nos brindas una alegría nueva y eterna.
Sólo por amor.   
Todo por amor. 
Gracias, Señor.
Ayúdanos a ser gratuitos en nuestras relaciones,
a ir más allá de los sentimientos y del propio interés;
a abrir nuestro corazón y nuestra mesa
a los amigos y a la familia, por supuesto,
pero también a los que no podrán pagarnos,
a los pequeños, a los pobres, a los que están solos,
a los más necesitados, aunque no siempre lo merezcan.
Purifícanos y haznos parecidos a ti, Señor, 
ayúdanos a amar gratuitamente, como Tú,
para entrar de lleno en el camino del Evangelio,
para gozar de la felicidad más grande. 
Amén.

30/10/16

Zaqueo



El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar 
lo que estaba perdido 

Zaqueo se subió al árbol
Yo, para seguirte, Señor,
para mantener fuerte mi relación contigo,
tengo que buscar una postura especial,
tengo que elegir una actitud distinta,
tengo que salir de la normalidad
y retirarme contigo a un lugar tranquilo.
Porque cuando me aparto de lo cotidiano,
para encontrarme a solas contigo,
silenciando los ruidos exteriores
y hasta las músicas interiores,
es cuando consigo escuchar tu llamada,
es cuando te oigo nombrarme por mi nombre,
es cuando siento que quieres visitarme,
tienes muchas cosas que decirme
y un plan de vida especial que proponerme.
A veces, Señor, me engaño
creyendo que me basta encontrarte en el ruido,
pero la verdad es que para hablarme al corazón
necesitas que te escuche del todo,
apartándome de lo que me distrae,
escondiéndome un poco de la actividad,
olvidando mi cabeza que te intelectualiza,
huyendo de los ocios que me entretienen,
y eligiéndote a ti, sobre todas las cosas,
como el alimento más importante,
el lujo más exquisito y el amante más especial.
Entonces, sólo entonces,
es cuando disfruto de la oración,
de nuestro encuentro
y de la fuerza de tu Espíritu como impulso vital.








29/10/16

El camino de la humildad





“Porque todo el que se enaltece será humillado; 
y el que se humilla será enaltecido” 
(Lc 14, 11) 
 

De nuevo la enseñanza de Jesús es en casa de un fariseo, y bajo el acecho de los demás invitados.

Jesús no discrimina a nadie. 
No tiene problemas para entrar en casa de un recaudador, se acerca a los pecadores y prostitutas, a los enfermos y a los niños… 
Y en el Evangelio de hoy lo contemplamos en casa de uno de los principales fariseos. Tiene un corazón grande, abierto a todos.
El convite es ocasión para referirse a la actitud con que debemos vivir en relación con los demás, según los criterios del Evangelio.

Siempre nos parece que son los otros los que escogen los primeros puestos. 
Tenemos mucha facilidad para darnos cuenta. Pero ¿estás seguro de que tú no caes en esta tentación? Pide a Dios luz para que te ayude a descubrir la realidad. Recuerda la vida de Jesús:
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios;  al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. 
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. (Flp 2)

No somos importantes por lo que hacemos o podamos hacer, sino por lo que Dios nos ha dado y nos da. 
Por tanto, hay que acoger con agradecimiento y sencillez y poner al servicio de los demás lo que se nos ha dado.

- Gracias, Señor, por invitarnos a compartir la mesa de la Palabra y la Eucaristía. Que vivamos de acuerdo con lo que recibimos.


Jesús conoce bien el corazón del hombre y su ambición, pero no quiere que nos equivoquemos.

A Él le atraen los corazones humildes. 

Esta es la vía de Dios, el camino de la humildad. 
Es el camino de Jesús, no hay otro


María, eres el ejemplo más claro de los gustos de Dios.

Le gustó tu humildad; por eso te ensalzó y ahora todos te llamamos bienaventurada.   


Proclama mi alma la grandeza del Señor.

Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.  

28/10/16

El Señor nos llama a seguirlo





SANTOS SIMÓN Y JUDAS TADEO, APÓSTOLES.

 “Subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. 
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles” ( Lc 6, 12-13).

“Venían a oírlo a que los curara de sus enfermedades...y gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos” (Lc 6, 18-19)

Jesús se pasó la noche orando al Padre antes de elegir a los Doce.
Jesús ora toda la noche, y desde la fuerza de su oración llama a los discípulos, hace apóstoles y cura a todos los que se acercan a Él.
Estamos en uno de los momentos importantes de la vida de Jesús.
Por la mañana, llamó a los discípulos, es decir a muchos de los seguidores habituales suyos.
Eligió a doce de entre ellos los llamó apóstoles.
Jesús te invita a orar.
A acercarte a Él, a escucharle y tu fe le arrancará esa fuerza sanadora.
Señor, tú llamas a todos a tu mesa, nos acercamos...
¿Tenemos suficiente fe  para que tu fuerza nos cure?

Jesús «bajó del monte con ellos...»
La actividad de Jesús no ha sido individualista.
Ha creado una comunidad.
Les ha dado confianza y responsabilidad.
Los ha formado y ha compartido con ellos vida y misión.
El evangelio presenta una imagen de lo que debe ser la Iglesia.
Sobre la piedra angular de Jesús y el cimiento de los apóstoles (Ef. 2,19-22) estamos construyendo y debemos procurar que construyan los que vendrán después.

• Que la celebración de los santos apóstoles Simón y Judas refuerce nuestra dignidad de miembros de la familia de Dios y la misión de edificarla.


Señor Jesús, en esa oración nocturna tuviste alguna luz que nos es desconocida.
Si entre tantos jóvenes hombres elegiste a esos Doce sería por alguna razón, porque nos parece que no seleccionaste a los más fieles y buenitos.
¿Querías que representaran todas las tendencias del Israel?
Nos llama mucho la atención que uno te traicionara, otro te negara y los otros diez echaran a correr.
Gracias porque les enviaste al Espíritu Santo para que fuera su Fuerza.
Gracias.
 Llénanos de este mismo Espíritu en pequeños nuevos Pentecostés.
Amén.

Señor, tú llamaste a Abraham, a Moisés, a Samuel, a Jeremías... a cada uno lo llamaste por su nombre.
Jesús, tú también llamaste a tus apóstoles por su nombre.
Y a mí también me llamas por mi nombre.
(Dejo que resuene la voz de Dios en mi corazón,  llamándome por mi nombre).
Me llamas por mi nombre, porque me conoces,  me conoces mejor que yo mismo.
Conoces mi capacidad de amar, de trabajar, de entregarme,  de escuchar y compartir; esas capacidades que tú me diste y me ayudas a desarrollar, esas virtudes que alegran tu corazón.
Conoces también mis miserias, mis egoísmos, mi individualismo, el orgullo que me aparta de ti y los hermanos.
Conoces mi pobreza ¿y me sigues llamando?
Sí.
Me amas tal como soy y cuentas conmigo.
Y me repites lo mismo que dijiste a San Pablo:
tu fuerza se muestra perfecta en mi debilidad.
A través de mi pobreza se hace presente la grandeza de tu amor.
Señor, ayúdame a conocerme y amarme.
Dame fuerza para responder a tu llamada.
Amén.

27/10/16

Tengo que seguir mi camino




 “Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar” 
(Lc 13, 33)  

El evangelio de hoy habla de la libertad de Jesús ante las amenazas.
Si Herodes era un peligro, el pueblo —representado por Jerusalén— no está a la altura del amor de Dios ni de sus enviados.
Así como Jesús se dirige decididamente a Jerusalén, la comunidad de sus discípulos debemos caminar siempre hacia una fidelidad mayor al Evangelio. Reconociendo con sinceridad que nunca estaremos a la altura del Maestro.

- Señor: tu libertad y coraje ponen en evidencia nuestras cobardías y claudicaciones.
Que no nos cansemos de renovar la fidelidad a ti y al Reino.
Jesús se encamina hacia su muerte libremente, por amor y quiere que libremente también acojamos su salvación.
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Escoge vivir bajo su amor y  camina en paz hacia la meta.
Cúbreme con tu sombra, Señor, nada temeré en el camino.
Y bendeciré tu nombre, ante mis hermanos.