ATARDECER

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Remar mar adentro

20/3/14

…”Dichosos los invitados a la mesa del Señor”…






…Quien sabe olvidarse y perderse en la ofrenda de sí mismo, quien puede sacrificar “gratuitamente” su corazón, es un hombre perfecto. En el lenguaje bíblico, poderse dar, poder entregarse, poder llegar a ser “pobre”, significa estar cerca de Dios, encontrar la propia vida escondida en Dios; en una palabra, esto es el cielo. Girar sólo alrededor de uno mismo, atrincherarse y hacerse fuerte significa, por el contrario, condenación, infierno. El hombre puede encontrarse a sí mismo y llegar a ser verdaderamente hombre solamente atravesando el dintel de la pobreza de un corazón sacrificado. Este sacrificio no es un vago misticismo que hace perder consistencia al mundo y al hombre, sino, al contrario, es una toma de consideración del hombre y del mundo. Dios mismo se ha acercado a nosotros como hermano, como prójimo; en resumen, como otro hombre cualquiera [...].

El amor al prójimo no es algo distinto del amor a Dios, sino, por así decir, su dimensión que nos toca, su aspecto terreno: ambas realidades son esencialmente una sola. Así queda garantizado nuestro espíritu de pobreza, nuestra disposición a la donación y al sacrificio desinteresado, por el que actualizamos nuestro ser humanos, siempre y necesariamente en relación con el hermano, con el prójimo. Dichoso el hombre que se ha puesto al servicio del hermano, que hace suyas las necesidades de los demás. Y desdichado el hombre que con su rechazo egoísta del hermano se ha cavado un abismo tenebroso que lo separa de la luz, del amor y de la comunión; el hombre que solamente ha deseado ser “rico” y “fuerte”, de suerte que los demás sólo constituyan para él una tentación, el enemigo, condición y componente de su infierno. En el sacrificio que se olvida totalmente de sí, en la donación total al otro es donde se abre y se revela la profundidad del misterio infinito; en el otro, el hombre llega contemporáneamente y realmente a Dios…

J. B. Metz, Pobreza en el espíritu., Brescia 1968, 42-45

16/3/14

¿Vosotros leéis un pasaje del Evangelio todos los días?

Hoy el Evangelio nos presenta la Transfiguración.
Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera las tentaciones en el desierto, el domingo pasado; la segunda: la Transfiguración.
Jesús “tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado” (Mt 17,1).
La montaña, en la Biblia, representa el lugar de la cercanía a Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar a la presencia del Señor.
Allá arriba en el monte, Jesús se muestra a los tres discípulos transfigurado, luminoso, bellísimo y después aparecen Moisés y Elías, que conversan con Él.
Su rostro es tan brillante y sus vestiduras tan blancas que Pedro queda deslumbrado, tanto que quisiera permanecer allí, detener el tiempo.
Pero enseguida suena la voz del Padre que proclama que Jesús es su hijo predilecto, diciendo:
“Escuchadlo” (v.5).
Esta palabra es importante, nuestro padre que dijo a los discípulos y también a nosotros:
 “Escuchad a Jesús, porque es mi hijo predilecto”.
Esta semana, tengamos esta palabra en la cabeza y en el corazón:
“Escuchad a Jesús”.
No lo dice el Papa, lo dice Dios Padre a todos, a mí, a vosotros.
Es una ayuda para seguir adelante con el camino de la Cuaresma.
“Escuchad a Jesús”.
¡No lo olvidéis!
Es muy importante esta invitación del Padre.
Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras.
Para escuchar a Jesús hay que seguirlo, como hacían las multitudes del Evangelio que lo siguen por las calles de Palestina.
Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijo, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas, que eran las enseñanzas que le había dado el Padre, por las calles, recorriendo trayectos no siempre previsibles y a veces, difíciles.
Seguir a Jesús para escucharlo.
También escuchamos a Jesús en su Palabra escrita, en el Evangelio.
Os hago una pregunta:
¿Vosotros leéis un pasaje del Evangelio todos los días?
Sí, no, sí, no, mitad y mitad, eh?
Algunos sí y algunos no.
Pues es importante.
Leed el Evangelio.
Es bueno tener un pequeño Evangelio y llevarlo con nosotros, en el bolsillo, en la bolsa y leer un pequeño pasaje en cualquier momento de la jornada.
En cualquier momento, coger el Evangelio y leer un pequeño pasaje, allí está Jesús que nos habla.
No es necesario que estén los cuatro, con que sea uno es suficiente.
Siempre el Evangelio con nosotros, porque es la Palabra de Jesús, para poder escucharlo.
De este episodio de la Transfiguración quisiera destacar dos elementos significativos, que resumo en dos palabras: subida y descenso.
Nosotros necesitamos salir de la multitud, subir a la montaña, a un espacio de silencio, para encontrarnos con nosotros mismos y escuchar mejor la voz del Señor.
 Esto lo hacemos en la oración
¡Pero no podemos quedarnos allí!
El encuentro con Dios en la oración nos empuja nuevamente a “descender de la montaña” y volver a la llanura donde nos encontramos con el resto de hermanos cargados de fatigas, injusticias, ignorancias, pobreza material y espiritual.
A estos, nuestros hermanos, que están en dificultades, estamos llamados a llevar los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de gracia recibidos.
Esto es curioso, cuando escuchamos la Palabra de Jesús, la tenemos en el corazón, esa Palabra crece, ¿sabéis cómo crece?
Dándola al otro.
La Palabra de Cristo en nosotros crece cuando la proclamamos, cuando la damos a los demás.
Esta es la vida cristiana.
Es una misión para toda la Iglesia, para todos los bautizados, para todos nosotros.
Escuchar a Jesús y ofrecerlo a los demás.
No os olvidéis.
Esta semana, escuchad a Jesús.
Y pensad lo del Evangelio
¿Lo haréis?
¿Haréis eso?
¿Eh?
El próximo domingo me diréis si habéis hecho eso de llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo, en la bolsa para leer un pequeño pasaje durante la semana.
Y ahora dirijámonos a nuestra Madre María, y confiémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad el camino de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a “subir” con la oración y a “descender” con la caridad fraterna.

El Papa Francisco en el ángelus. 
Ángelus de hoy

9/3/14

JESUS NO DIALOGA CON SATANAS, SE REFUGIA EN LA PALABRA DE DIOS


El Evangelio del primer domingo de Cuaresma de cada año presenta la historia de la tentación de Jesús, cuando el Espíritu Santo descendió sobre él después de su bautismo en el Jordán y lo empuja a enfrentarse abiertamente a Satanás en el desierto durante cuarenta días, antes de iniciar su misión pública.

El tentador trata de desviar a Jesús del proyecto de su Padre. A modo de sacrificio y de amor se ofrece en la expiación, para hacer un camino fácil para el éxito y el poder. El duelo entre Jesús y Satanás se lleva a cabo por medio de las citas de las escrituras. El diablo, de hecho, a Jesús a través de la Cruz, le da la falsa esperanza mesiánica: bienestar económico, indicado por la oportunidad de convertir las piedras en pan; la idea de saltar hacia abajo desde el más alto punto del templo de Jerusalén y ser salvado por los Ángeles; y finalmente el atajo de poder y dominación, a cambio de un acto de adoración a Satanás. Son los tres grupos de tentaciones que nosotros conocemos bien.

Jesús decididamente rechaza todas estas tentaciones y reitera su determinación de seguir el camino establecido por su Padre, sin ningún compromiso con el pecado y con la lógica del mundo.

Jesus sabe que con Satanás no se puede dialogar, porque es muy astuto. En vez de dialogar con él, como hizo Eva, se refugia en la palabra de Dios y responde con la fuerza de esta palabra. Recordemos que en el momento de nuestra tentación no dialoguemos con Satanas, sólo nos salvará la Palabra de Dios.

En sus respuestas a Satanás, el Señor nos recuerda que "no solo del pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4; cf. Dt 8,3); y esto nos da fuerza, nos apoya en la lucha contra la mentalidad social que reduce al hombre a la altura de las necesidades básicas, haciéndole perder su hambre por lo que es verdadero, bueno y bello, el hambre de Dios y su amor.

Recuerda también que "también está escrito:" no pondrás a prueba al Señor tu Dios ", porque el camino de la fe también pasa a través de la oscuridad, duda y se alimenta de la paciencia y la espera perseverante.

Recuerda que también está escrito que tenemos que deshacernos de los ídolos de cosas vanas y construir nuestras vidas en lo esencial. Estas palabras de Jesús se reflejan luego en acciones concretas. Su lealtad absoluta al amor del padre lo llevará después de casi tres años a el enfrentamiento final con el ' Príncipe de este mundo "(Jn 16.11), en la hora de la pasión y la Cruz y Jesús presentarán su última victoria, la victoria del amor.

Queridos hermanos, el tiempo de Cuaresma es buena oportunidad para todos nosotros de hacer un viaje de conversión, sinceramente con esta página de comparación del Evangelio. Renovemos nuestras promesas bautismales: renunciamos a Satanás y todas sus obras y seducción, recorramos los caminos de Dios y "la alegría de la Pascua del espíritu”.


Ángelus del Papa Francisco en el primer domingo de Cuaresma

7/3/14

Oración de Cuaresma



Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia de nosotros.   
Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en generosidad. 
Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
 Que transformemos la obscuridad y el dolor en vida y alegría. 
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo. 
Amén.


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