ATARDECER

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Remar mar adentro

29/1/15

El símbolo de la paz



Hace miles de años hubo en Asia dos príncipes enemigos que constantemente se amenazaban aprovechando el menor pretexto.


Uno de ellos decidió declarar la guerra y ordenó a los habitantes de su nación que se prepararan para luchar.

El otro príncipe aceptó el desafío. Sin embargo, como habían pasado más de quince años desde la última batalla, no recordaba dónde estaban guardadas su armadura y su ropa de combate. Cuando faltaba un día para el enfrentamiento pidió a su madre que le llevara su casco. La señora regresó con las manos vacías.

—¿Por qué no lo trajiste? —le reclamó.
—No pude cargarlo, pesa mucho —contestó ella.
—Yo mismo iré por él.
—No, por favor no lo toques —pidió la madre mientras le impedía el paso.
—¿Cómo piensas que puedo ir a la guerra sin casco? —preguntó él.
—Mira hijo, dentro de tu casco, que estaba en el patio trasero, una paloma hizo su nido, y dentro de él hay tres pequeñas crías. Las palomas son las aves de la paz: nunca hacen daño a nadie. Todos los días su madre les trae de comer lo que encuentra. ¿Cómo puedo destruir su nido? Cuando vea que quiero tomar el casco, la madre se irá volando y dejará llorando a los polluelos. Eso traerá desgracias a nuestro país..

El príncipe no quería discutir con su madre y se presentó al combate sin casco. Al verlo, su enemigo quedó sorprendido.

—¿Cómo se te ocurre combatir así?
—Mi madre halló que en el casco viven una paloma y sus polluelos. No quisimos hacerles daño.

El otro príncipe no podía creer lo que escuchaba y pidió a uno de sus hombres que comprobara si la historia era cierta.

—Pues sí. Dentro del casco hay tres palomas muy pequeñas con su madre. Se me hace que apenas rompieron el cascarón —confirmó el enviado.

Entonces el príncipe le tendió la mano a su enemigo.

—Hagamos la paz para siempre. Le propuso. Tu madre no quiso destruir el nido de la paloma y sus polluelos ¿cómo podemos querer tú y yo destruir los hogares de miles de personas?

Desde aquel día, los dos reinos fueron amigos y la paloma se convirtió en símbolo de la paz.

(Leyenda de Bakú, Azerbaiyán)

28/1/15

El Papa advierte sobre una 'sociedad sin padres'

 Resumen de la catequesis en español
Queridos hermanos y hermanas: 
En nuestra reflexión sobre la familia, hoy nos centramos sobre la palabra padre. 
Padre es una palabra universal, conocida por todos, que indica una relación fundamental cuya realidad es tan antigua como la historia del hombre. 
Es la palabra con la que Jesús nos ha enseñado a llamar a Dios, dándole un nuevo y profundo sentido, revelándonos, así, el misterio de la intimidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es el centro de nuestra fe cristiana.
En nuestros días, --ha proseguido-- se ha llegado a hablar de una sociedad sin padres. 
 La ausencia de esta figura es entendida como una liberación, sobre todo cuando el padre es percibido como la autoridad cruel que coarta la libertad de los hijos, o cuando éstos se sienten desatendidos por unos padres centrados únicamente en sus problemas, en su trabajo o en su propia realización personal o caracterizados por su marcada ausencia del hogar. 
Todo esto crea una situación de orfandad en los niños y jóvenes de hoy, que viven desorientados sin el buen ejemplo o la guía prudente de un padre. 
De este modo, ha afirmado que todas las comunidades cristianas y la comunidad civil deben estar atentas a la ausencia de la figura paterna, pues ésta deja lagunas y heridas en la educación de los jóvenes.
Sin guías de los que fiarse, los jóvenes pueden llenarse de ídolos que terminan robándole el corazón, robándole la ilusión, robándole las auténticas riquezas, robándole la esperanza.

22/1/15

Francisco: Las familias numerosas no son la causa de la pobreza.


 En la audiencia del miércoles el Papa recuerda agradecido su vista a Sri Lanka y Filipinas.
 La causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto al dios dinero y no a las familias numerosas. 




Queridos hermanos y hermanas,

hoy me detendré en el viaje apostólico en Sri Lanka y en Filipinas, que llevé a cabo la pasada semana. Tras la visita a Corea de hace unos meses, me he dirigido nuevamente a Asia, continente de ricas tradiciones culturales y espirituales. El viaje ha sido sobre todo un encuentro con las comunidades eclesiales que, en esos países, dan testimonio de Cristo: las confirmé en la fe y en la misionariedad. Conservaré siempre en el corazón el recuerdo de la festiva acogida por parte de las muchedumbres – en algunos casos incluso oceánicas –, que acompañó los momentos principales del viaje. Además alenté el diálogo interreligioso al servicio de la paz, como también el camino de esos pueblos hacia la unidad y el desarrollo social, especialmente con el protagonismo de las familias y de los jóvenes.

El momento culminante de mi estancia en Sri Lanka fue la canonización del gran misionero José Vaz. Este santo sacerdote administraba los Sacramentos, a menudo en secreto, a los fieles, pero ayudaba indistintamente a todos los necesitados, de toda religión y condición social. Su ejemplo de santidad y amor al prójimo sigue inspirando a la Iglesia en Sri Lanka en su apostolado de caridad y de educación. Indiqué a san José Vaz como modelo para todos los cristianos, llamados hoy a proponer la verdad salvífica del Evangelio en un contexto multireligioso, con respecto hacia los demás, con perseverancia y con humildad.

Sri Lanka es un país de gran belleza natural, cuyo pueblo esta intentando reconstruir la unidad después de un largo y dramático conflicto civil. En mi encuentro con las Autoridades gubernamentales subrayé la importancia del diálogo, del respeto de la dignidad humana, del esfuerzo de implicar a todos para encontrar soluciones adecuadas de cada a la reconciliación y al bien común.
       
Las diversas religiones tienen un papel significativo que desarrollar al respecto. Mi encuentro con los representantes religiosos fue una confirmación de las buenas relaciones que ya existen entre las diversas comunidades. En este contexto quise alentar la cooperación ya emprendida entre los seguidores de las distintas tradiciones religiosas, con el fin también de poder sanar con el bálsamo del perdón a cuantos aún están afligidos por los sufrimientos de los últimos años. El tema de la reconciliación caracterizó también mi visita al santuario de Nuestra Señora de Madhu, muy venerada por las poblaciones Tamil y Cingalesas y meta de peregrinación para los miembros de otras religiones. En ese lugar santo pedimos a María nuestra Madre que obtenga para todo el pueblo de Sri Lanka el don de la unidad y de la paz.

Desde Sri Lanka fui al encuentro de las Filipinas, donde la Iglesia se prepara a celebrar el quinto centenario de la llegada del Evangelio. Es el principal país católico de Asia, y el pueblo filipino es bien conocido por su profunda fe, su religiosidad y su entusiasmo, también en la diaspora. En mi encuentro con las autoridades nacionales, como también en los momentos de oración y durante la concurrida Misa conclusiva, subrayé la constante fecundidad del Evangelio y su capacidad de inspirar una sociedad digna del hombre, en el que hay sitio para la dignidad de cada uno y las aspiraciones del pueblo filipino.

El fin principal de la visita, y motivo por el que he decidido  ir a Filipinas, era poder expresar mi cercanía a nuestros hermanos y hermanas que han sufrido la devastación del tifón Yolanda. Me dirigí a Tacloban, en la región más gravemente afectada, donde rendí homenaje a la fe y a la capacidad de recuperación de la población local. En Tacloban, por desgracia, las adversas condiciones climáticas han causado otra víctima inocente: la joven voluntaria Kristel, golpeada y muerta por una estructura arrastrada por el viento. Después di las gracias a cuantos, de todas partes del mundo, han respondido a su necesidad con una generosa profusión de ayudas. El poder del amor de Dios, revelado en el misterio de la Cruz, se hizo evidente en el espíritu de solidaridad demostrada por los múltiples actos de caridad y de sacrificio que marcaron esos días oscuros.
Los encuentros con las familias y con los jóvenes en Manila, han sido momentos sobresalientes de la visita a Filipinas. Las familias sanas son esenciales en la vida de la sociedad. Da consuelo y esperanza ver a tantas familias que acogen a los hijos como un verdadero don de Dios. He oído decir que las familias con muchos hijos y el nacimiento de muchos niños están entre las causas de la pobreza. Me parece una opinión simplista. Puedo decir que la causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto en su lugar al dios dinero; un sistema económico que excluye y que crea la cultura del descarte que vivimos. Reevocando la figura de san José, que protegió la vida del “Santo Niño”, tan venerado en ese país, recordé que es necesario proteger a las familias, que afrontan diversas amenazas, para que puedan dar testimonio de la belleza de la familia en el proyecto de Dios. Es necesario también defenderlas de las nuevas colonizaciones ideológicas, que atentan contra su identidad y su misión.

Fue una alegría para mí estar con los jóvenes de Filipinas. Quise ofrecerles mi aliento por sus esfuerzos para contribuir a la renovación de la sociedad, especialmente a través del servicio a los pobres y la tutela del ambiente natural.
El cuidado de los pobres es un elemento esencial de nuestra vida y testimonio cristiano; comporta el rechazo de toda forma de corrupción que roba a los pobres y requiere una cultura de honradez.

Doy gracias al Señor por esta visita pastoral a Sri Lanka y a Filipinas. Le pido que bendiga siempre estos dos países y confirme la fidelidad de los cristianos al mensaje evangélico de nuestra redención, reconciliación y comunión en Cristo.
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19/1/15

Tropos tomados de textos antiguos y de la liturgia sobre el Bautismo




En ti creemos, Cristo: Infunde tu luz en nuestros corazones, para que seamos hechos hijos de la luz.

Acudimos a ti, Señor; concédenos tu vida para que en ti seamos hijos de adopción.

De tu costado, Cristo, brotó una fuente de agua en la cual son lavadas las manchas del mundo y la vida es renovada.

Sobre las aguas la voz del Padre llama, la gloria del Hijo resplandece y la caridad del Espíritu Santo vivifica.

Santa Iglesia, extiende tus brazos y recibe a los nacidos a quienes el Espíritu Santo hace renacer por el agua.

Alégrense, bautizados, vasos elegidos del Reino, consepultados en la muerte, renacidos por la fe en Cristo.


Esta es la fuente de vida, que habiendo brotado del costado abierto de Cristo, lava a todo el orbe: esperen el Reino de Dios, los que han nacido de esta fuente

18/1/15

DIOS SE OCUPA DE MÍ


"Me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión
 por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo
Sólo por hoy no tendré temores. 
De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad" (San Juan XXIII)

8/1/15

El amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende.



 El Papa Francisco hoy en Santa Marta:
 
Dios nos precede siempre en el amor.
El amor cristiano está hecho de obras concretas, no palabras.
Para conocer a Dios no basta el intelecto, es necesario el amor.

En estos días después de Navidad la palabra clave en la liturgia es “manifestación”.
Jesús se manifiesta: en la fiesta de la Epifanía, en el Bautismo y de nuevo en las Bodas de Caná.
Pero “¿cómo podemos conocer a Dios?”.
Es precisamente este el tema del que habla el apóstol Juan en la primera lectura, subrayando que para conocer a Dios nuestro “intelecto”, “la razón” es “insuficiente”.
Dios “se conoce totalmente en el encuentro con Él, y para el encuentro la razón no basta”.
Hace falta algo más.

“¡Dios es amor!
Y sólo por el camino del amor tú puedes conocer a Dios.
Amor razonable, acompañado de la razón.
¡Pero amor!
Pero ¿cómo puedo amar lo que no conozco?
Ama a los que tienes cerca.
Esta es la doctrina de los dos mandamientos:
El más importante es amar a Dios, porque Él es amor.
Pero el segundo es amar al prójimo, y para llegar al primero debemos subir los escalones del segundo: es decir, a través del amor al prójimo llegamos a conocer a Dios, que es amor.
Sólo amando razonablemente, pero amando, podemos llegar a este amor”.

Por esto debemos amarnos unos a otros, porque “el amor es de Dios” y “quien ama ha sido engendrado por Dios”.
 Y también para conocer a Dios hay que amar:


“El que ama conoce a Dios, el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
Pero no amor de telenovela.
¡No, no!
 Amor sólido, fuerte; amor eterno, amor que se manifiesta – la palabra de estos días, manifestación – en su Hijo, que vino para salvarnos.
Amor concreto; amor de obras y no de palabras.
Para conocer a Dios hace falta toda una vida; un camino, un camino de amor, de conocimiento, de amor al prójimo, de amor a los que nos odian, de amor por todos”.

No hemos sido nosotros en dar el amor a Dios, sino que fue “Él quien nos amó y nos mandó a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados”.
 En la persona de Jesús  “podemos contemplar el amor de Dios” y siguiendo su ejemplo “llegamos – escalón a escalón – al amor de Dios, al conocimiento de Dios que es amor”.

Recordando al profeta Jeremías  el amor de Dios nos “precede”, nos ama antes incluso de que lo busquemos.
El amor de Dios es como “la flor del almendro”, que es “la primera que florece en primavera”.
El Señor “nos ama primero”, “siempre tendremos esta sorpresa”.

 “Cuando nos acercamos a Dios a través de las obras de caridad, la oración, la Comunión, la Palabra de Dios, encontramos que Él está allí antes, esperándonos, así nos ama”.

El Evangelio de hoy  narra la multiplicación de los panes y los peces por parte de Jesús.
El Señor “tuvo compasión” de la tanta gente que había ido a escucharlo, porque “eran ovejas sin pastor, desorientadas”.
Y también hoy mucha gente está “desorientada” en “nuestras ciudades, en nuestros países”.

Por esto, Jesús les enseña la doctrina y la gente le escucha.
 Cuando se hace tarde y les pide que les den de comer, los discípulos responden “un poco nerviosos”.
Una vez más Dios llegó “primero, los discípulos no habían entendido nada”.

“Así es el amor de Dios: siempre nos espera, siempre nos sorprende.
Es el Padre, es nuestro Padre que nos ama tanto, que siempre está dispuesto a perdonarnos.
¡Siempre!
No una vez, 70 veces 7.
¡Siempre!
Como un padre lleno de amor y para conocer a este Dios que es amor debemos subir por los escalones del amor al prójimo, por las obras de caridad, por las obras de misericordia, que el Señor nos ha enseñado.
 Que el Señor, en estos días en que la Iglesia nos hace pensar en la manifestación de Dios, nos dé la gracia de conocerle  por el camino del amor”.