ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

31/5/15

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD





¡Trinidad eterna! 
Tú eres un mar sin fondo en el que, 
cuanto más me hundo, 
más te encuentro; 
y cuanto más te encuentro,
 más te busco todavía. 
De ti jamás se puede decir: ¡basta! 
El alma que se sacia en tus profundidades,
 te desea sin cesar, 
porque siempre está sedienta de ti, 
Trinidad eterna; 
siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. 
Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, 
así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, 
para verte de verdad…
¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? 
Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. 
Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; 
tú eres la luz por encima de toda luz…
Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, 

el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. 
¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!
¡Revísteme, Trinidad eterna, 

revísteme de ti misma 
para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia 
y en la luz de la fe santísima, 
con la que tú has embriagado a mi alma! 

AMÉN






8/5/15

"Hijo de David, ten compasión de mí"

Una Oración para siempre


¿Que no sabes rezar? 
¿Y por qué no gritas también tú: 
"Hijo de David, ten compasión de mí"?
¿Que no sabes qué decirle? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás triste? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás preocupado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás con dudas? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mi".
¿Que estas angustiado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".

¿Que no puedes perdonar? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te dejas perdonar? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te sientes arrepentido? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te atreves a confesar tu pecado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te atreves a darle cara? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".

Pero que grite tu corazón. Que grite tu dolor.
Dios no puede dejar de escuchar cuando el corazón grita.
Y no tengas vergüenza de gritar.
¿A caso no le gritas a tus hijos?
¿A caso no le gritas a tu esposa o a tu marido?
¿A caso no le gritas al vecino?
No digas que no sabes orar.
Comprométete a gritar ese grito del ciego, durante una temporada.
Deja que sea esa tu oración.
Y notarás que también tú comienzas a ver de una manera diferente.
Clemente Sobrado C.P.