ATARDECER

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Remar mar adentro

8/5/15

"Hijo de David, ten compasión de mí"

Una Oración para siempre


¿Que no sabes rezar? 
¿Y por qué no gritas también tú: 
"Hijo de David, ten compasión de mí"?
¿Que no sabes qué decirle? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás triste? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás preocupado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que estás con dudas? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mi".
¿Que estas angustiado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".

¿Que no puedes perdonar? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te dejas perdonar? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te sientes arrepentido? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te atreves a confesar tu pecado? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".
¿Que no te atreves a darle cara? Grita:
"Hijo de David, ten compasión de mí".

Pero que grite tu corazón. Que grite tu dolor.
Dios no puede dejar de escuchar cuando el corazón grita.
Y no tengas vergüenza de gritar.
¿A caso no le gritas a tus hijos?
¿A caso no le gritas a tu esposa o a tu marido?
¿A caso no le gritas al vecino?
No digas que no sabes orar.
Comprométete a gritar ese grito del ciego, durante una temporada.
Deja que sea esa tu oración.
Y notarás que también tú comienzas a ver de una manera diferente.
Clemente Sobrado C.P.

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