ATARDECER

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Remar mar adentro

31/5/10

Jesús Navas, futbolista de la selección española: ‘Dios me ayuda’

No esconde su fe.
-¿Tan importante es Dios en su vida?
-Por supuesto. Dios es el que me da su ayuda y fuerzas para todo. Las ganas las pongo yo, pero Dios lo es todo. Por eso grabé en las botas ‘Dios es amor’.

27/5/10

NO TEMAS

"Hace más ruido un árbol que cae qu e un bosque que crece". Carta de un misionero español al New York Times

Abril, 2010

Querido hermano y hermana periodista:

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero.

Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta.

Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio.

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región…Ninguno pasa los 40 años.

            No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve. 

            La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

            No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…

            Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido.

            Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión.

            En Cristo,

            P.  Martín Lasarte sdb

12/5/10

Acto de consagración de los sacerdotes al Corazón Inmaculado de María por parte de Benedicto XVI en Ia Iglesia de la Santísima Trinidad - Fátima



Madre Inmaculada,

en este lugar de gracia,

convocados por el amor de tu Hijo Jesús,

Sumo y Eterno Sacerdote, nosotros,

hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,

nos consagramos a tu Corazón materno,

para cumplir fielmente la voluntad del Padre.

 

Somos conscientes de que, sin Jesús,

no podemos hacer nada (cfr. Jn 15,5)

y de que, sólo por Él, con Él y en Él,

seremos instrumentos de salvación para el mundo.

 

Esposa del Espíritu Santo,

alcánzanos el don inestimable

de la transformación en Cristo.

Por la misma potencia del Espíritu que,

extendiendo su sombra sobre Ti,

te hizo Madre del Salvador,

ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,

nazca también en nosotros.

Y, de este modo, la Iglesia pueda

ser renovada por santos sacerdotes,

transfigurados por la gracia de Aquel

que hace nuevas todas las cosas.

 

Madre de Misericordia,

ha sido tu Hijo Jesús quien nos ha llamado

a ser como Él:

luz del mundo y sal de la tierra

(cfr. Mt 5,13-14).

 

Ayúdanos,

con tu poderosa intercesión,

a no desmerecer esta vocación sublime,

a no ceder a nuestros egoísmos,

ni a las lisonjas del mundo,

ni a las tentaciones del Maligno.

 

Presérvanos con tu pureza,

custódianos con tu humildad

y rodéanos con tu amor maternal,

que se refleja en tantas almas 

consagradas a ti

y que son para nosotros

auténticas madres espirituales.

 

Madre de la Iglesia,

nosotros, sacerdotes,

queremos ser pastores

que no se apacientan a sí mismos,

sino que se entregan a Dios por los hermanos,

encontrando la felicidad en esto.

Queremos cada día repetir humildemente 

no sólo de palabra sino con la vida,

nuestro “aquí estoy”.

 

Guiados por ti,

queremos ser Apóstoles

de la Divina Misericordia,

llenos de gozo por poder celebrar diariamente

el Santo Sacrificio del Altar

y ofrecer a todos los que nos lo pidan

el sacramento de la Reconciliación.

 

Abogada y Mediadora de la gracia,

tu que estas unida

a la única mediación universal de Cristo,

pide a Dios, para nosotros,

un corazón completamente renovado,

que ame a Dios con todas sus fuerzas

y sirva a la humanidad como tú lo hiciste.

 

Repite al Señor

esa eficaz palabra tuya:

“no les queda vino” (Jn 2,3),

para que el Padre y el Hijo derramen sobre nosotros,

como una nueva efusión,

el Espíritu Santo.

 

Lleno de admiración y de gratitud

por tu presencia continua entre nosotros,

en nombre de todos los sacerdotes,

también yo quiero exclamar:

“¿quién soy yo para que me visite

la Madre de mi Señor? (Lc 1,43)

 

Madre nuestra desde siempre,

no te canses de “visitarnos”,

consolarnos, sostenernos.

Ven en nuestra ayuda

y líbranos de todos los peligros

que nos acechan.

Con este acto de ofrecimiento y consagración,

queremos acogerte de un modo 

más profundo y radical,

para siempre y totalmente,

en nuestra existencia humana y sacerdotal.

 

Que tu presencia haga reverdecer el desierto

de nuestras soledades y brillar el sol

en nuestras tinieblas,

haga que torne la calma después de la tempestad,

para que todo hombre vea la salvación

del Señor,

que tiene el nombre y el rostro de Jesús,

reflejado en nuestros corazones,

unidos para siempre al tuyo.

Así sea.
 

Oración ante la Virgen de Fátima de Benedicto XVI


Señora Nuestra

y Madre de todos los hombres y mujeres,

aquí estoy como un hijo

que viene a visitar a su Madre

y lo hace en compañía

de una multitud de hermanos y hermanas.

Como Sucesor de Pedro,

al que se le confió la misión

de presidir el servicio

de la caridad en la Iglesia de Cristo

y de confirmar a todos en la fe

y en la esperanza,

quiero presentar a tu Corazón Inmaculado

las alegrías y las esperanzas,

así como los problemas y los sufrimientos

de cada uno de estos hijos e hijas tuyos,

que se encuentran en Cova de Iria

o que nos acompañan desde la distancia.



Madre amabilísima,

tú conoces a cada uno por su nombre,

con su rostro y con su historia,

y quieres a todos

con amor materno,

que fluye del mismo corazón de Dios Amor.

Te confío a todos y los consagro a ti,

María Santísima,

Madre de Dios y Madre nuestra.


El Venerable Papa Juan Pablo II,

que te visitó tres veces, aquí en Fátima,

y te agradeció aquella “mano invisible”

que lo libró de la muerte,

en el atentado del trece de mayo,

en la Plaza de San Pedro, hace casi treinta años,

quiso ofrecer al Santuario de Fátima

la bala que lo hirió gravemente

y que fue colocada en tu corona de Reina de la Paz.

Nos consuela profundamente

saber que estás coronada

no sólo con la plata

y el oro de nuestras alegrías y esperanzas,

sino también con la “bala”

de nuestras preocupaciones y sufrimientos.


Te agradezco, Madre querida,

las oraciones y sacrificios

que los Pastorcillos

de Fátima realizaron por el Papa,

animados por los sentimientos

que tú les habías infundido en las apariciones.

Agradezco igualmente a todos aquellos que,

cada día,

rezan por el Sucesor de Pedro

y sus intenciones,

para que el Papa sea fuerte en la fe,

audaz en la esperanza y ferviente en el amor.

 Madre querida por todos nosotros,

te entrego aquí en tu Santuario de Fátima,

la Rosa de Oro

que he traído desde Roma,

como regalo de gratitud del Papa,

por las maravillas que el Omnipotente

ha realizado por tu mediación

en los corazones de tantos peregrinos

que vienen a esta tu casa materna.
 
Estoy seguro de que los Pastorcillos de Fátima,

los Beatos Francisco y Jacinta

y la Sierva de Dios Lucía de Jesús,

nos acompañan en este momento de súplica y júbilo.

6/5/10

MUCHAS GRACIAS

E l sacerdote  que sale en este video es de la Diocesis de Huelva. Don Manuel. Un sacerdote muy querido por todos. Ha sido toda una sorpresa.

1/5/10

CORONACIÓN DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LOS MILAGROS


ORACIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Monasterio de la Rábida, Palos de la Frontera
Lunes 14 de junio de 1993

1. Dios te salve, Madre y Señora Nuestra de los Milagros,
Santa María de la Rábida.
Peregrino por tierras andaluzas,
donde se siente por doquier tu presencia y se oye tu nombre,
he venido a los Lugares Colombinos, que, de modo privilegiado,
evocan los recuerdos, siempre vivos,
del V Centenario de la Evangelización de América.
Ante tu imagen oró Cristóbal Colón
y de ti recibió fortaleza y amparo para su intrépido proyecto,
que la reina Isabel la Católica puso al servicio de la fe.
2. Estrella de los mares y Madre de los marineros.
Tus hijos palermos llevaban impresa en sus ojos y en su corazón
tu imagen de bondad y dulzura cuando, aquel 3 de agosto de 1492,
guiados por el Almirante y por los hermanos Pinzón,
sostenidos por el cariño y la oración de sus esposas e hijos,
zarparon del puerto de Palos hacia la singular aventura
del encuentro de dos mundos,
que abrió nuevos caminos al Evangelio.
Tu nombre, “ Santa María ”, era el de la nao capitana.
Y con ese nombre en sus labios y en sus corazones,
una pléyade de misioneros llevaron la Buena Nueva de salvación
a los nuevos pueblos de América.
3. Tu imagen, Virgen María,
ha hecho presente, a través de los siglos, tu amor maternal
para todos los hijos de esta tierra,
en sus faenas de mar y en sus labores agrícolas,
en los momentos de angustia, y en los gozos y alegrías.
Por eso, por voluntad de mi predecesor Pablo VI,
fuiste declarada celestial Patrona de la ciudad de Palos,
y eres aclamada como Reina por estos hijos tuyos,
que sienten en sus vidas tu amorosa intercesión.
A ti, humilde Madre del Señor,
la Trinidad gloriosa te coronó en el cielo.
Y hoy, como signo de filial devoción,
colocamos en tu imagen y en la de tu Hijo Jesús
la corona de amor y de fe de este pueblo que te venera.
4. Santa María, Estrella de la Evangelización,
Madre de España y de América.
Ante ti se renueva la memoria, cinco veces centenaria,
del anuncio de Cristo a los pueblos del Nuevo Mundo.
Rodean a tu imagen los emblemas de tantas Naciones
hermanadas por la misma fe católica y la misma lengua hispana.
Tras peregrinar por las queridas tierras de América,
y haber visto por doquier tu presencia maternal,
vengo ahora a darte gracias, Virgen Santísima,
por los cinco siglos de acción evangelizadora en el Nuevo Mundo.
Te encomiendo a todas las Naciones hermanas de América,
para que se abran más y más a la Buena Nueva que libera y salva.
5. Madre de Dios y Madre nuestra,
bendice a la comunidad de franciscanos, que te venera.
Protege a las familias, a los niños y jóvenes, a los ancianos,
a los pobres y enfermos, y a cuantos se acogen a tu protección.
Guíalos en el camino de la vida para que encuentren al Señor.
Dales luz y fuerza para que sigan sus huellas.
Sé para todos tus hijos de Palos
la Estrella que los conduzca a Jesús, Luz del mundo.
Abre su corazón a la solidaridad con los más necesitados.
Renueva en la Iglesia onubense y en toda España
la conciencia misionera, que llevó a una pléyade de sus hijos
a compartir la fe de sus mayores con los hermanos de ultramar.

6. Reina y Señora de los Milagros,
desde este histórico lugar de La Rábida,
cuna del Descubrimiento y Evangelización de América,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,
y ruega siempre por nosotros para que seamos dignos de alcanzar
y gozar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

* * *
Al final de la Liturgia de la Palabra, Juan Pablo II saludó a los numerosísimo fieles presentes.
Muchas gracias por este encuentro.
Es una gran emoción encontrarse en el lugar totalmente histórico donde empezó un nuevo capítulo de la historia del mundo, de nuestro mundo, del nuevo mundo, de todo el mundo, del globo terrestre.
Donde empezó también la historia de la salvación y de la evangelización del continente americano.
Siempre vuelven a este lugar bendito, encomendándose a la Señora de los Milagros, a la Madre de los hombres, a la Reina de las Américas, todos nuestros hermanos de aquí, en España y en la otra parte del mundo.
Sea alabado Jesucristo.