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María nos trae la alegría más grande: ¡Jesús!



“María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña” (Lc 1,39).  

María caminaba llevando en su interioridad a Jesús: fuente de alegría para todos.  
¿Cuál es el camino que Jesús me ofrece?

“Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión” (EG 25).
Las buenas noticias son para compartirlas y comunicarlas.
María intuye que Isabel podrá entender lo que el Señor le ha dicho, porque ha tenido una experiencia semejante.
El Espíritu Santo se adelanta a sus expectativas cuando, por boca de Isabel, es proclamada «madre de mi Señor» y feliz por haber creído.
No es María -madre y modelo de la Iglesia— la que marca el camino, es el Espíritu Santo quien ha tomado el protagonismo.
• María, ayuda ala Iglesia a ser, como tú, portadora de alegría y misericordia.
Y, sobre todo, de la presencia de Cristo en el mundo.
Que suenen todos los instrumentos, que todo el mundo rebose de alegría, que suenen todas las músicas, que salga por las ventanas la alegría de las casas, que los parques florezcan, que hagamos comida especial, que invitemos a los amigos, que bailemos hasta agotarnos, que circule la ternura por el mundo, porque Dios viene a nosotros para hacernos como Él, para que tengamos una vida plena.                       
 La venida de Cristo en Belén trajo alegría al mundo.
Con él hay esperanza.
¡No hay ya más espacio para el miedo y la tristeza! ¡
Incluso la cruz  puede llevarnos a la alegría!
Que el Señor nos haga su pueblo, contento y  alegre.
María nos ha marcado el camino: el gozo de encontrarnos con Dios nos debe llevar a comunicarlo a los demás.
La mejor manera, la de María; una entrega alegre que nos conduce cerca de quien necesita algo de nosotros.
Y muchas veces, lo que necesitan es simplemente eso: el estar cerca, el escucharlos, el prestarles atención, el hacerles caso.

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