ATARDECER

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Remar mar adentro

24/3/16

Yo estoy a tu servicio





“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre,  habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, 
los amó hasta el extremo”  
(Jn 13,1).   

“Ha llegado la Hora” de la Pascua, la hora del amor, que se compromete hasta el extremo. 
Otro gesto desconcertante de Jesús, otro más, rompe todos los esquemas, abre los ojos de esa nueva humanidad que está naciendo. 
Jesús se levanta de la mesa, se quita el manto, toma la toalla, lava y seca los pies de los discípulos, dialoga, explica lo que hace e invita a realizar lo que él ha hecho.

 “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” 
(Jn 13,14).   
 Jesús con este gesto profético, expresa el sentido de su vida y de su pasión, como servicio a Dios y a los hermanos: “Lavar los pies significa decir: yo estoy a tu servicio; significa que tenemos que ayudarnos los unos a los otros. Esto es lo que Jesús nos enseña. 
Así, ayudándonos, nos haremos bien”. 

"En nuestro corazón debemos tener la certeza, la seguridad de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, purifica todo" (Papa Francisco).   

“Haced esto en memoria mía”. 
¡Qué palabras tan bellas de Jesús! 
¡Qué palabras tan comprometidas! 
¡Qué palabras tan cargadas de futuro! 
Jesús está en medio de todos como el que sirve.  
 
“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre” 
( Salmo 115, 18)   

Oración:  Dios lleno de amor,  asombrados ante tanto derroche de amor, nos ponemos en tu presencia para adorarte y darte gracias por tu entrega sin límites.
Sabemos que, si acogemos tu amor, seremos un don para los más excluidos de palabra, sitio, tarea.
 
Hay momentos íntimos
en que caen las barreras,
momentos privilegiados
en los que se abre el corazón de una persona
y podemos vislumbrar lo más profundo de su ser.

Tú has querido que este momento fuera eterno.
Cada vez que celebramos la Eucaristía
podemos revivir, podemos participar
de las sensaciones de aquella tarde densa e inolvidable.
Me parece que entiendo lo que quieres:
que cada Eucaristía sea el memorial de tu entrega
hasta el final por nuestra liberación.

Que entendamos que tu precepto
no es que asistamos a misa,
sino que nos unamos a ti
en este acto de entrega por amor.

Por eso la misa queda incompleta
si no salgo con la voluntad decidida
de lavar los pies a los que
me has dado como hermanos,
y de unirme a tu gesto de
oblación por la humanidad.

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