ATARDECER

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Remar mar adentro

23/7/17

Deja a Dios el separar los buenos de los malos



Te damos Gracias, Dios Bueno y Misericordioso,
porque Tú nos entregas tu Reino de Vida y Salvación.
Te damos Gracias porque tu Paciencia es infinita
y porque tu Misericordia para nosotros es eterna.
Gracias, Dios Padre Bueno y Misericordioso,
porque Tú nos miras siempre con gran Ternura
y nos invitas cada día a ser ciudadanos de tu Reino.
¡Ayúdanos Tú a ser siempre constructor infatigables
de tu Reino de Vida y Salvación en medio del mundo,
y nunca dejes de recordarnos el poder de lo pequeño!
Tú nos recuerdas hoy que no se puede despreciar
a una semilla por su tamaño, porque en ella hay
una potencialidad asombrosa, si contamos Contigo.
Ten Misericordia de nosotros y ayúdanos cada día
a no sentirnos superiores ni mejores que los demás,
a no despreciar jamás a ningún hermano nuestro,
a no condenar nunca a nadie que nos haga daño,
y a no convertirnos nunca en jueces de los demás,
pues sólo Tú tienes poder para juzgar a cada persona.
Ayúdanos Tú a no tolerar jamás el mal, pero a la vez,
a ser pacientes, comprensivos y misericordiosos,
con todos los que cometen errores y se arrepienten.
Ten Misericordia de nosotros, y ayúdanos a ver,
en cada hermano, lo bueno que hay en su corazón,
y a sufrir con paciencia los defectos de cada persona.
Gracias, Dios Padre Bueno y Todo Misericordia,
porque a pesar de todos nuestros errores y defectos,
Tú nos enseñas a sembrar con ilusión y esperanza,
cada día y en todo momento, en medio del mundo.
Ayúdanos Tú, Dios Bueno, a ser siempre sembradores
de tu Vida, Amor, Alegría, Paz, Felicidad y Esperanza,
en medio de nuestro mundo, que tanto te necesita a Ti.
Amén.


Señor, en nuestro mundo, en tu Iglesia, en todas las personas, en mí, siembras trigo bueno, semillas de amor, de esperanza, de justicia y de paz.
Dame una mirada limpia para reconocer todo lo bueno que ha nacido y crecido en el mundo, en la Iglesia, en cada persona y en mí mismo.
Dame un corazón que sepa decir: “gracias”.

Pero, en nuestro mundo, en tu Iglesia, en todas las personas, en mí, también se ha sembrado y ha crecido la cizaña, semillas de egoísmo, de desilusión, de mentira y violencia.
Es más, a veces también soy sembrador de cizaña.
Te pido perdón.
Te pido luz y fuerza para sepa cuidar la buena semilla, para no dejar crecer la cizaña.

Señor, gracias por tener paciencia conmigo, porque me das tiempo para que pueda transformar mi corazón en tierra buena, en la que sólo crezca tu trigo.
Dame comprensión y paciencia, para no condenar a nadie por la cizaña que ha crecido en él, para que sepa animar y ayudar a quienes quieren ser trigo limpio. 

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