A Jesús acuden muchos poniendo en él su última esperanza. Era el caso del funcionario real, que pide al Señor que intervenga pues su hijo se está muriendo. Jesús tan solo le dice "anda, tu hijo vive". Él creyó en su palabra y se volvió a su casa. «El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino» Y encontró su hijo sano. Es el segundo signo que Jesús hace para que crean. Creer en la palabra de Jesús es el signo que a veces se espera.
Cuando te encuentras con Jesús y lo escuchas, crece la confianza en la palabra que nos lleva al camino a anunciar el evangelio.
“Si no veis signos y prodigios, no creéis”
Tú eres el signo: tú mismo, tu cruz.
Es el signo que nos has dado para la salvación del mundo.
Tu cruz adoramos, Señor,
y tu santa resurrección alabamos y glorificamos.
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.
“Anda, tu hijo vive”. Qué bien le hace a nuestra vida vivir confiando. Activar la confianza nos hace caminar sabiendo que no lo hacemos solos. Que lo que más amamos está cuidado y protegido por Aquel que es capaz de sostenerlo todo. Una palabra de Jesús es capaz de sanar la realidad enferma. Pero necesita vidas que acojan con firmeza la posibilidad del milagro. Es nuestra dureza y falta de fe lo que nos impide reconocer la acción de Dios en la historia. Con mirada limpia reconocemos que todo es milagro.
El funcionario no tiene nada más que la palabra de Jesús, confía en Él y se pone en camino. Nosotros tenemos su Evangelio, la compañía de los testigos, de la comunidad. Dejemos atrás lo de siempre, convirtamos la comodidad en compromiso y... ¡¡¡adelante!!!
Jesús hace milagros en nuestra vida para despertar la fe en Él. ¿En qué cosas necesito que el Señor pase y actúe con su poder?
Cuaresma es tiempo de redescubrir la fuerza de la fe. Milagros acontecen
cuando unes fe y obras con confianza y humildad, entonces del Corazón de Jesús
brotan manantial de bendiciones
Sabes, Señor, que soy uno de los tuyos,
que creo en ti y formas parte de mi vida,
pero muchas veces vivo como si no existieras,
porque no termino de fiarme en ti del todo.
Quiero tener la fe del hombre que te buscó
y te insistió para que curases a su hijo enfermo.
Me invitas a levantarme,
a no sestear en la mediocridad,
a vivir una vida apasionante,
a trabajar con la misma hermandad que Tú
y a confiar en ti mientras transcurre mi historia.
Tú me impulsas a levantar todo lo que está en mí dormido.
Tú me enseñas que puedo llegar a mucho más.
Tú me haces creer en el ser humano,
con todo lo que tiene de grandeza y fragilidad.
La fe en ti, Señor, me aparta de fatalismos y desesperanzas,
porque me haces confiar en las personas.
Hay mucho dolor en nuestro mundo,
a algunos les ha tocado una vida muy dura...
Hoy te pido que susurres al oído de cada hermano:
"Tu fe te ha salvado, vete en paz"...
Mari Patxi Ayerra (adaptación)
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