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Por su gran misericordia

 


“Al pasar vio a Leví y le dijo: Sígueme. 
Se levantó y lo siguió”. 
(Mc 2,13-17)

“Jesús va delante, nos precede, abre el camino y nos invita a seguirlo. Nos invita a ir lentamente superando nuestros preconceptos, nuestras resistencias al cambio de los demás
e incluso de nosotros mismos. Nos desafía día a día con una pregunta: ¿Crees? ¿Crees que es posible que un recaudador
se transforme en servidor? ¿Crees que es posible que un traidor se vuelva un amigo? ¿Crees que es posible que el hijo de un carpintero sea el Hijo de Dios? Su mirada transforma nuestras miradas, su corazón transforma nuestro corazón. Dios es Padre que busca la salvación de todos sus hijos”. (Papa Francisco)


Jesús era criticado por tratar con los pecadores y hacer amistades entre ellos. Eso resultaba indigno a los ojos de escribas y fariseos. Pero él lo tenía claro: "No necesitan médico los sanos sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"

Envidiable Leví. Un hombre valiente y decidido. Jesús se sienta a su mesa con sus amigos. Una mesa de encuentro, de vocación, de alegría por lo nuevo, de incomprensión ante la decisión de Leví y de la propuesta de Jesús, pero también de amistad, de fiesta.

“Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira.» (Papa Francisco)

Dios confía en nosotros, se fía de nosotros. Confiemos también nosotros en Él. Es necesario que nosotros tengamos una actitud de
búsqueda y de escucha para seguir al Señor. Él nos sigue llamando a pesar de nuestras dificultades.

Seguir a Jesús es el sentido más profundo y verdadero de nuestra existencia. No tengamos temor a ser contraculturales, cuando realidad, nuestra sociedad necesita la huella de cristianos convencidos y convincentes.
Jesús nos llama: no por nuestros méritos sino por su gran misericordia; y esto no tiene precio porque es de infinito valor.

Oh Dios de misericordia y compasión:
Tú llamas a personas débiles  -aun siendo pecadoras-
para ir dando forma a tus sueños
sobre los hombres y su mundo
y para ser instrumentos de salvación.

Danos confianza, no en nuestra propia fuerza,
sino en el poder de tu amor,
que puede hacer,
por medio de nosotros y con nosotros,
lo que somos incapaces de hacer.
Te damos gracias por llamarnos
a salir de nuestra fragilidad y alienación.
 

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