23/6/21

Buen fruto

 


"Por sus frutos los conoceréis"  

(Mt 7,15-20)


No por sus palabras,
sino por sus hechos:
por su modo de amar,
por su entrega a los demás,
por perdonar y acoger.

Los frutos desvelan quienes somos. Trasmiten lo que tenemos en nuestro interior: nuestras inquietudes y deseos, nuestros miedos e intenciones, nuestras búsquedas y heridas. Conocernos, trabajarnos, sincerarnos, y crecer cada día en autenticidad y entrega.

Los frutos que transforman salen del corazón y ponen en el centro a la persona, no a uno mismo. Son frutos generosos, frutos de proyecto de vida entregado, con la humildad de saber que son como son, sin brillantina ni papel celofán. Auténticos.

"Por sus frutos les conoceréis"
Dar frutos. Amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, humildad y dominio de uno mismo.  Este fin de curso es un buen momento para hacer balance de nuestros frutos

Somos pequeños árboles

Señor, Jesús, somos pequeños árboles
junto a la corriente del Rio de tu gran amor.

Sólo tú nos das fertilidad,
solo tú sabes donde podar nuestras vidas para sanarlas,
para cubrirlas de flores,
para poder llevar a cada rincón de la tierra
frutos que sanen el hambre de aceptación y cariño
que hay en el corazón de cada persona.

Labrador paciente y generoso,
tú nunca te cansas de darnos tiempo para madurar.

(Mariola López Villanueva, rscj)


 

22/6/21

Una sencilla regla

 


 

“Entrad por la puerta estrecha”  

(Mt 7, 6. 12-14).

 

Tratad a los demás como queremos ser tratados, es una clave en las relaciones que nos ayudará a superar conflictos, potenciar el contacto, despertar la confianza, crecer en el cariño y sembrar el bien.

Es ancha la puerta del egoísmo, de la soberbia, del odio, de la distancia, de la autoformación prepotente. Confiemos en el Evangelio y su luz que nos invita a una sencilla regla: "todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos"

La puerta estrecha supone aceptar que muchas veces hay que agacharse a servir, que la perseverancia y la espera forman parte de nuestra vida... Lo importante no es el tamaño o la facilidad para entrar sino que está abierta y que Él nos está esperando.

Jesús crucificado es la puerta. Es angosto el camino porque renuncias, para recorrerlo, a la propia voluntad. Tienes que despojarte, como dijo san Ignacio, de libertad, memoria, entendimiento, como fue despojado Jesús. Pero en esa desnudez, te abraza el Crucificado, imprime en tí sus llagas y podrías morir de un ataque de alegría 

 


21/6/21

¡Misericordia!


 

"La medida que uséis, la usarán con vosotros" 

(Mt 7, 1-5). 

Sólo Dios sabe lo que hay en el corazón de cada persona. Sólo su juicio puede ser justo. Y más aún, es la misericordia el criterio con el que nos mira y nos juzga. En cambio nosotros somos expertos elaborando juicios y prejuicios sobre cualquiera que nos incomode. ¡Misericordia!
Dios juzga manifestando su misericordia. Es justo porque es misericordioso y es misericordioso porque es justo. En cambio en nosotros, justicia y misericordia se hallan a menudo dolorosamente separadas"

Entremos de puntillas en la vida de cada hermano, porque cada uno es terreno sagrado. Escuchar sin juzgar, acoger cada historia y abrazarla en su totalidad. No sabemos, no hemos caminado con sus zapatos. Respeto, empatía, acogida. No mirar con los ojos del miedo sino los del Amor

El juicio es una medida que se aplica a lo que otros hacen o dicen, y oculta o ignora lo que hacemos en primera persona. Si los criterios fueran los mismos, tendríamos más que callar que criticar. Mirarnos y evaluarnos antes de imponer normas, formas o juicios.
Que nuestra medida de juicio sea, en todo caso, la de la misericordia para que, confiadamente, podamos esperar que sea esta la que Dios tenga con nosotros.

Señor, hazme generoso con las faltas de los demás, y riguroso con las mías. Quiero seguirte con mansedumbre y humildad.



Dios de gran misericordia,

que te dignaste enviarnos a tu Hijo Unigénito

como el mayor testimonio de tu insondable amor y misericordia,

Tú no rechazas a los pecadores

sino que también a ellos has abierto el tesoro

de tu infinita misericordia,

del que pueden recoger en abundancia tanto la justificación

como toda santidad a la que un alma puede llegar.

Padre de gran misericordia,

deseo que todos los corazones se dirijan con confianza

a tu infinita misericordia.

Nadie podrá justificarse ante ti si no va acompañado

por la insondable misericordia tuya.

Cuando nos reveles el misterio de tu misericordia,

la eternidad no bastará para agradecerte

por ella debidamente.

 

Santa  Faustina Kowalska