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¿A quién buscas tú?

 


"Él se acercó, 
la cogió de la mano y la levantó. 
Se le pasó 
la fiebre 
y se puso a servirles." 
(Mc 1,29-39). 

A Dios le encanta “tocarnos con sus manos”. Le encanta que sintamos el calor de sus manos. Le encanta que sintamos la cercanía y la ternura de sus manos. Las manos de Jesús son “manos que tocan”, “manos que agarran”, “manos que levantan”. Hay que aprender a “tocar con las manos”, “abrir nuestras manos”, “levantar con nuestras manos”.

Ese es el ritmo del amor. Acercarnos, ver, sentir como propia la situación de la otra persona, asumir su sufrimiento, calmarlo. Y siempre provoca una respuesta agradecida. A quien mucho se le ama y se le perdona, mucho amor muestra y devuelve. Decía Juan de la Cruz, donde falta amor, pon amor. Y sacarás amor. No nos cansemos de amar.

“Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar…. Vámonos a otra parte, para predicar también allí” (Mc 1, 36.38) 

Dos caminos recorre Jesús cada día: sale de madrugada al encuentro con su Abbá, para decirle su amor confiado y su total disponibilidad y se encamina hacia donde haya hombres y mujeres, donde haya historias que sanar, corazones en los que dibujar el gozo de saberse amados.  

El Señor nos enseña que por más ajetreada que sea nuestra vida, vale la pena buscar un momento cada día para dialogar con nuestro Padre Dios

Decídete a seguir a Jesús y así aprenderás los caminos de la universalidad y harás tuyas las voces y llantos que hasta ayer sólo pertenecían a los otros.

Nos movemos por modas y ofertas. Colas y colas para las rebajas, para un concierto, la firma o foto de un famoso... Y se nos pasa de largo la mayor oferta que nos ofrece Jesús: tu felicidad. ¿A quién buscas tú?

 “Todo el mundo te busca” (Mc 1,37)  

Todos buscaban a Jesús porque veían en él la solución de sus problemas, la liberación de sus sufrimientos. Él actuaba como nadie lo había hecho curando de toda clase de dolencias. Por ello le buscaban. Pero hoy se levantan mil prejuicios entre los que sufren y Jesús, su solución. 

Él sabía que las glorias humanas pasan y por ello marcha a otros sitios. En nosotros está si lo buscamos por nuestro interés, porque nos sana de nuestras enfermedades, o porque queremos unirnos y cumplir su voluntad en medio del mundo desde la fidelidad.

"Todo el mundo Te busca"(Mc 1,37)  Ojalá fuese verdad... Porque lo cierto es que son muchos los que huyen de Ti Quizá incluso quienes huyen, Te van buscando sin saberlo, porque buscan en las criaturas su salvación Quizá todos están buscando un salvador...

Todos buscamos algo, muchas veces sin saber qué. Pero, todo lo que buscamos, lo encontraremos en Jesús, a plenitud.

«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido» (Mc 1, 38).Jesús sale a todo lugar donde haya hombres y mujeres, donde haya historias que sanar, corazones en los que dibujar el gozo de saberse amados. Jesús va al encuentro de todos los pequeños, estén donde estén, para que puedan alcanzar la libertad y la dignidad.  Si decides seguir a Jesús, tendrás que aprender los caminos de la universalidad, hacer tuyas las voces y llantos que hasta ayer sólo pertenecían a los otros. Cruzar toda frontera ligero de equipaje, como hacen los pájaros, como hacen las nubes. Si decides seguir a Jesús, tendrás que anunciar a todos los que encuentres por los caminos el evangelio de la bondad y de la ternura de Dios.


Quiero ir contigo, Jesús, para anunciar el evangelio de la bondad y de la ternura de Dios.

 

 

Aquí estoy Señor, envíame

Hoy, Señor, me presento ante ti
con todo lo que soy y lo que tengo.
Acudo a ti como persona sedienta, necesitada…
porque sé que en ti encontraré respuesta.
Siento que no puedo vivir con la duda todo el tiempo
y que se acerca el momento de tomar una decisión.

Deseo ponerme ante tí con un corazón abierto como el de María,
con los ojos fijos en tí esperando que me dirijas tu Palabra.
Deseo ponerme ante ti como Abraham,
con el corazón lleno de tu esperanza,
poniendo mi vida en tus manos.
Deseo ponerme ante tí como Samuel,
con los oídos y el corazón dispuestos a escuchar tu voluntad.

Aquí me tienes, Señor,
con un deseo profundo de conocer tus designios.
Quisiera tener la seguridad
de saber lo que me pides en este momento;
quisiera que me hablases claramente, como a Samuel.
Muchas veces vivo en la eterna duda.
Vivo entre dos fuerzas opuestas que me provocan indecisión
y en medio de todo no acabo de ver claro.

Sácame, Señor, de esta confusión en que vivo.
Quiero saber con certeza el camino que tengo que seguir.
Quiero entrar dentro de mí mismo
y encontrar la fuerza suficiente
para darte una respuesta sin excusas, sin pretextos.
Quiero perder tantos miedos
que me impiden ver claro
el proyecto de vida que puedas tener sobre mí.

¿Qué quieres de mí, Señor? ¡Respóndeme!
¿Quieres que sea un discípulo tuyo
para anunciarte en medio de este mundo?
Señor, ¿qué esperas de mí? ¿Por qué yo y no otro?
¿Cómo tener la seguridad de que es este mi camino y no otro?

En medio de este enjambre de dudas
quiero que sepas, Señor, que haré lo que me pidas.
Si me quieres para anunciar tu Reino, cuenta conmigo, Señor.
Si necesitas mi colaboración
para llevar a todas las personas con las que me encuentre hacia ti,
cuenta conmigo, Señor.

Si me llamas a ser testigo tuyo de una forma más radical
como consagrado en medio de los hombres,
cuenta conmigo, Señor.
Y si estás con deseos de dirigir tu Palabra a mis oídos y a mi corazón,
habla, Señor, que tu siervo escucha.


 

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