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Testigos

 


"Vosotros sois testigos de esto"
 
(Lc 24,35-48)

El evangelio de hoy nos presenta la aparición de Jesús resucitado en el evangelio de Lucas. Faltan cosas importantes que anunciarles que son importantes y fundamentales para adquirir la experiencia del resucitado, pero para ello es necesaria la ayuda y la fuerza del Espíritu. 

El miedo debe ser superado y hay que abandonar Jerusalén y recorrer los caminos anunciando a todos los pueblos el perdón y la conversión.


«Paz a vosotros»
No es un fantasma ni una aparición que nos asuste. Es su presencia que lo llena todo de luz y da sentido a sus palabras. Esas palabras que nos ha dirigido a cada uno de nosotros para en nuestras vidas hacerlas realidad anunciando su resurrección.


"Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona."
La incredulidad de los discípulos activó la creatividad de Jesús. Cuando alguien ama mucho, se le ocurren mil formas de demostrar ese amor. Así está el resucitado. Persigue hasta el último rincón del mundo a cada uno de sus amigos. Quiere devolverles la vida al saber que han compartido con él su muerte. La resurrección despierta y renueva todos los letargos del corazón. Nos rescata de los sepulcros y nos invita a ser resucitantes.


“Que las almas, pongan su nido en sus llagas, como «en las grietas de la roca» (Ct 2,14), y encuentre en ellas protección”.
(San Antonio de Padua).

El saludo de Jesús es el deseo de paz. Que sea el distintivo de quienes nos reunimos en su nombre. Que seamos anunciadores de paz. Que vivamos la paz con nosotros mismos, sabiéndonos amados por Dios. En la confianza de que Dios no decepciona y siempre nos acompaña.


"Paz a vosotros".
No seas desconfiado y disfruta de los momentos de calma y paz que Dios te regala. Cierra tus ojos, serena tu mente y llénate de Él.

"Vosotros sois testigos de esto" Testigos de un encuentro, testigos de que lo cambia todo, testigos de su presencia, testigos de su Palabra, testigos de su mensaje, testigos de la resurrección, testigos de la paz que da, testigos de su amor... No hay testigos sin experiencia de encuentro, no vale contar por otros, hay que vivirlo y anunciarlo.

La Resurrección de Jesús genera testigos; testigos que anuncien que el crucificado, muerto en la cruz, está vivo y presente porque ha resucitado. La vida cristiana se construye a partir del encuentro con el Resucitado. No tener experiencia de que vive, es no tener verdadera fe.

Me has seducido, Señor

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir,
desde que aprendí tu nombre
balbuceado en la familia.

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir
en cada nueva llamada
que el alto mar me traía.

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir
hasta el confín de la tarde,
hasta el umbral de la muerte.

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir
en cada rostro de pobre
que me gritaba tu rostro.

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir,
y en el desigual combate
me has dominado, Señor,
y es bien tuya la victoria.

Me has seducido, Señor,
y me dejé seducir
en un desigual combate
y la victoria es bien nuestra.


(Pedro Casaldáliga)


 

 

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