Ir al contenido principal

Le reconocemos

 


«Es el Señor»
 
 (Jn 21,1-14)

Hoy se proclama la tercera aparición de Jesús a sus discípulos en el evangelio de Juan, y en esta ocasión junto al mar de Tiberíades. Este relato, lleno de significados eclesiales y espirituales, simboliza la tarea y misión de la Iglesia. Pedro como cabeza del grupo será el que asuma la tarea de liderarlos. Pero todos participan del mismo objetivo. Podemos descubrir que el éxito de la misión cristiana no depende del esfuerzo humano, sino de la presencia viva del Señor en ella.

"Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar». Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo»." Irse a pescar es lo mismo que ir a Emaús. Es volver a lo que vivimos antes de conocer a Cristo. Y es la respuesta humana frente a un gran trauma. Ante la cruz lo que sale es replegarse a lo conocido. Y Jesús se acerca a llenar de vida esas existencias vacías. Volver a lo de siempre sin Cristo es frustración y vacío. Lo de siempre con Jesús es sobreabundancia, y contemplar la luz de su rostro.

Se aparece en medio de la tarea, están pescando. Con Él todo cambia. Cambian la dirección dónde echar las redes, se llenan. Ya tienen pescado. Les prepara unas brasas y de nuevo la mesa: «Vamos, almorzad». Un poco de dudas sobre quién era aquel, están nerviosos, están inquietos... pero "sabían bien que era el Señor". Todo cambia, todo se hace nuevo. Seguimos viviendo lo mismo pero todo es diferente.

Jesús se aparece a los discípulos en su cotidianidad, en su trabajo. No lo reconocen cuando les pide pescado. Él les ofrece una pesca fructífera. El signo de su presencia es la abundancia. Escuchar y cumplir su palabra supone “pescar” en el desbordamiento. Y…comer.

En Pascua, Jesús viene a nuestro encuentro. Felices seremos, si con mirada transparente, y llenos de fe le reconocemos.

«Es el Señor» Cuando lo maravilloso llena nuestra vida tras de un tiempo de decepciones, es cuando somos capaces de reconocerlo. Para ello debemos recordar todo lo que hizo con nosotros mientras le escuchábamos, como partía el pan y nos lo daba, solo así la Pascua será camino.

«Es el Señor» Resuena el primer credo de la Iglesia, a orillas del Tiberiades. La dice el discípulo amado pues sólo desde la experiencia de sentirse amado por Dios puede profesarse, con autenticidad, el credo. En los momentos de mayor fracaso o de mayor éxito, Él se hace presente siempre.

"Es el Señor" Una vez más, se repite la invitación eucarística que hace dos mil años confirmó a los discípulos, y hoy nos sigue confirmando, la Presencia viva del Maestro entre nosotros.

"Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: Es el Señor" Quisiera los ojos de Juan que ven al Señor, y convertir el mar de mi vida en camino hacia Él "Pedro... se ató la túnica y se echó al agua" Quisiera el corazón de Pedro para lanzarme sin miedo.

Creo, Señor, que tú conoces nuestras decepciones.
Trato de contemplarte, de pie, al borde del agua.
Tú les ves venir sin nada, decepcionados. 
Tú eres salvador.
No puedes aceptar el mal.
Que yo sepa reconocerte como el discípulo amado.

Comentarios

  1. El Señor lo puede todo Gracias Señor por velar por todos y los Marineros Gracia Padre Juan Luis

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

"Señor, enséñame a orar"

“Cuando oréis decid: “Padre”  (Lc 11,2).    Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.   Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!   ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar.  Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...

SAN JOSÉ

Salve, José, amante y tierno padre. Salve, guardián de nuestro Redentor. Esposo fiel de tu bendita Madre y salvador del mismo Salvador. Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti sus miembros reclinó. Al Hacedor de tierra, mar y cielo con cuánto amor le besas y te besó. ¡Oh, qué feliz el nombre de Hijo que dabas! Ninguno fue por Dios tan encumbrado como tú, José. ¡Oh, fiel guardián de nuestro Redentor! Dichoso aquél, José, que tú proteges y el que con fe te invoca en la aflicción, jamás, jamás lo dejas sin amparo y protección. ¡Oh, San José, amante y tierno padre, santo sin par y espejo de virtud! Haznos amar a la divina Virgen y a nuestro Dios y Salvador. “Protege, oh bienaventurado José, protégenos en nuestras tribulaciones. Defiéndenos de las asechanzas del demonio, protégenos con tu patrocinio, y ayúdanos y sostennos con tu auxilio para que podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza”. (León XIII)

Gracias, Señor.

El titulo de esta entrada me la ha do el Papa Francisco esta mañana en su tuit  @ Pontifex_es Termina un año y estamos a punto de comenzar uno nuevo. Se cierra un libro y empieza un nuevo libro con las paginas en blanco. Hoy es un buen momento para hacer balance del año, pedir perdón, dar gracias y pedir ayuda.  En el año que termina ha habido de todo, pero la certeza del amor de Dios ha estado conmigo todos los días. Su ternura la he sentido muchas veces, y muchas veces su mano me ha levantado. Gracias, Señor porque no termino el año sólo y el nuevo lo puedo empezar contigo. Por eso yo no le pido nada al 2015, yo se lo pido a Dios. En tus manos Señor pongo mi vida en este nuevo año 2015