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Multiplicar

 


«Éste sí que es el Profeta 
que tenía que venir al mundo»  
(Jn 6,1-15)

Tiempo de Pascua, ...., Redescubramos que Jesucristo palpita viviente y vivificante, dándonos signos innumerables de su misericordia.

"Dadles vosotros de comer". Multiplicar cualquier número por cero dará cero. Jesús multiplica aquello que quieras dar y ofrecer de ti. ¿Qué estás dispuesto a dar de ti? ¿Será tu tiempo, tu espacio, tu generosidad, tus dones...? No des ceros...

Jesús para alimentar a la gente interroga a sus discípulos. Cuenta con los pocos panes y los peces que le pueden ofrecer, venciendo aquella tentación de transformar las piedras en panes. En sus manos lo poco sacia y sobra en abundancia. Después se retira solo.

Muchas veces somos nosotros los que ponemos el límite para hacer el bien. Tenemos poco, cinco panes y dos peces. ¿Qué haremos con ellos? Mirar con Jesús a las necesidades de la gente produce milagros.

 "Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados." Partirse y repartirse es la dinámica de la vida de Jesús y lo que nos invita a vivir también. El que quiera guardar su vida la perderá, el que la entrega, la ganará para la Vida Eterna. Ser alimento para las vidas de los demás, que les dé alimento y sustento para recorrer el camino. Jesús nos pregunta: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Haced vosotros lo mismo.

Hacen falta personas que multipliquen sus 5 panes con su entrega, que pongan sus 2 peces al servicio de los demás. Con nuestros 5 panes y nuestro par de peces, Dios puede seguir multiplicando la vida en favor de los demás. Con nuestro poco, Él puede hacer mucho.

Se comparte lo poco y se consigue lo mucho. Muchos pocos compartidos con verdad y generosidad se convierten en un mucho que transforma. Si son dados con la misma generosidad que aprendemos de Él son capaces de hacer que se ayude y cuide al prójimo. Debemos descubrir que 'lo nuestro' es más medio para transformar que propiedad exclusiva, aunque parezca poco.


«Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo»
Cuando estamos satisfechos es el momento en el que lo reconocemos como Profeta. Ahora, Él es el Hijo de Dios y lo veremos cuando aceptemos
nuestra vida como obra de Dios, dada para mostrarlo en el mundo y ser sus testigos.

La multiplicación de los panes y los peces tiene una marcada lectura postpascual. El Señor, vencedor del pecado y de la muerte, sigue multiplicando sobreabundantemente la vida nueva entre los seguidores. Y todo ello, como anticipo del banquete del reino de los cielos.                                                

                                                         Jesús

Jesús de Nazaret, palabra sin fin en tu nombre pequeño,
caricia infinita en tu mano de obrero,
perdón del Padre en calles sin liturgia,
todopoderoso Señor en sandalias sin tierras,
culmen de la historia creciendo día a día,
hermano sin fronteras en una reducida geografía.

No eres una mayúscula que no cabe
en la boca de los más pequeños,
sino pan hecho migajas entre los dedos del Padre
para todos los sencillos.
Tú sigues siendo el agua de la vida,
una fuente inagotable en la mochila raída
del que busca su futuro,
un lago azul en el hueco insomne de la almohada,
y un mar tan inmenso que sólo cabe
dentro un corazón sin puertas ni ventanas.

En ti todo está dicho, aunque sólo sorbo a sorbo
vamos libando tu misterio. En ti estamos todos,
aunque sólo nombre a nombre vamos siendo cuerpo tuyo.
En ti todo ha resucitado, aunque sólo muerte a muerte
vamos acogiendo tu futuro.
Y en cada uno de nosotros sigues hoy creciendo
hasta que todo nombre, raza, arcilla, credo,
culmine tu estatura.


(Benjamín G. Buelta, SJ)


 

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