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¿Serviste hoy?

 

"El que quiera ser grande entre vosotros, 
que sea vuestro servidor; 
y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos". 
(Mc 10,32-45).

Vivimos tiempos difíciles. Las víctimas de Rafha, comentarios y bromas que ofenden, situaciones de ruptura que dejan daños irreparables. ¿De qué sirve la fe? A veces nos parecen deseos ingenuos que no solucionan nada. Y en medio de los conflictos aparece una palabra humilde: no te rindas, por favor, no cedas. Jesús llama a servir y darnos a los demás, a poner la vida en juego, a entregarse sin medida, a dar la vida como Él. Servir. Cree en el poder del Amor y del servicio. Parece que es esclavo, pero es lo que vence y levanta a una humanidad caída.


Jesús tuvo que lidiar con el despiste generalizado de sus discípulos. Subían a Jerusalén y el Maestro les anuncia su pasión, muerte y resurrección. Pero ellos están en otros intereses: quieren ser los más Importantes. Como no entienden nada, les insta a que imiten su ejemplo.

Jesús va a Jerusalén a dar la vida. Los discípulos van a Jerusalén con pretensiones de acumular poder y dominio. El contraste es evidente. Recorre este día el sendero del servicio. No es muy transitado, pero conduce a un bellísimo paisaje.  

Cada noche me preguntas: ¿Serviste hoy? 
Y yo, sin decir nada, te muestro el delantal, 
abro mis manos ante Ti.

«¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» La fidelidad a Cristo es seguirlo incluso en las dificultades. Cuando cuesta ser fieles es cuando de verdad lo sentimos caminar a nuestro lado y nos fortalece el mismo cáliz de vida no de muerte sino de esperanza.

La grandeza de la vida cristiana consiste en vivir con actitud de servicio hacia los demás. Esto es parte de la gloria que nos espera el Reino de Dios.


"El que quiera ser grande, sea vuestro servidor".
Ante un mundo que te dice que eres más cuanto más tienes, llega Jesús y te dice que eres más cuanto más te des. Depende de si buscas algo temporal o algo pleno y permanente.

La gente quiere escalar posiciones, subir a las cumbres, a los rascacielos de los poderosos, al podio de los triunfadores…pero tú hablas de subir a Jerusalén, camino de la incomprensión y la cruz. También hay hoy muchos lugares donde proclamar el evangelio implica riesgo y dolor. ¿Y yo, a dónde voy?

La gente quiere sentarse a tu derecha o a tu izquierda, en puestos de privilegio, por encima de los demás… pero tú no estás en esas alturas que imagina. Estás agachado, acariciando heridas ajenas, y a tu lado hay sitio para todos. Hoy sigue habiendo muchos pies que lavar, muchas heridas que abrazar, muchas vidas que acoger. Muchas soledades sin compañía. Muchos llantos sin consuelo. Muchas hambres sin pan. ¿Beberé el cáliz del servicio?

La gente quiere tener control, poder, prestigio, influencia, autonomía, grandeza… pero tú propones la capacidad y disposición de darse. Y hoy sigue batallando en cada uno de nosotros la ambición y la humildad, el poder y el servicio, el egoísmo, y el amor. Y yo, ¿cuál es mi batalla?

(Rezandovoy)


 

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