Ir al contenido principal

Defender la alegría

 
"También vosotros ahora sentís tristeza; 
pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón." 
(Jn 16,20-23a)

En muchos momentos de nuestra vida nos toca esperar y ser pacientes. En medio de la inmediatez de nuestra cultura necesitamos recuperar la paz y el sosiego de los que confían. No todo es "ya". No todo está aquí y ahora. No somos dueños del tiempo. Hay procesos, las personas crecemos y maduramos cada uno a nuestro ritmo. Desesperamos cuando lo joven queremos que sea adulto, o que lo verde madure. Se alegra el corazón cuando amamos lo que hay, no lo que nos gustaría que fuese.


«Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón»
Cuando dejamos de ver a alguien que amamos nos llena la tristeza y sólo en el corazón está la confianza de volver a encontrarnos con él. Por ello, cuando llegue ese momento del encuentro nada ni nadie nos quitará la alegría eterna.
La vuelta del Señor será causa de gran alegría. Porque nuestra vida entera es espera activa de la vuelta del Señor. Cuando vuelva se alegrará nuestro corazón; además, nadie será capaz de quitarnos la alegría pues no es una alegría hueca o externa sino una alegría verdadera.
La alegría es verdadera si es por, con y en Él. La alegría del encuentro con Él en la comunidad, en los últimos, en el pan partido y comulgado. La alegría de la esperanza cierta y de la misericordia recibida de Él. La alegría de su presencia fiel y permanente.


A veces estoy triste, pero en el momento más inesperado, te siento a mi lado y me llenas de una alegría que nadie me puede quitar. Señor, aumenta mi fe, para que no dude nunca de que nuestra tristeza se convertirá en alegría.

 
La alegría que llena el corazón no se puede explicar como una conquista, gran satisfacción o resultado de un esfuerzo. La alegría auténtica no es transitoria. No está sujeta a circunstancias o personas. Trasciende la emoción y se aloja en el interior.


Si invocas con fe, y te dispones, con sinceridad, recibirás en la misma medida, la efusión de gozo y paz del Espíritu!

 

Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera.
Defenderla del escándalo y la rutina,
de la miseria y los miserables,
de las ausencias transitorias
y las definitivas.

Defender la alegría como un principio.
Defenderla del pasmo y las pesadillas,
de los neutrales y de los neutrones,
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos.

Defender la alegría como una bandera.
Defenderla del rayo y la melancolía,
de los ingenuos y de los canallas,
de la retórica y los paros cardiacos,
de las endemias y las academias.

Defender la alegría como un destino.
Defenderla del fuego y de los bomberos,
de los suicidas y los homicidas,
de las vacaciones y del agobio,
de la obligación de estar alegres.

Defender la alegría como una certeza.
Defenderla del óxido y la roña,
de la famosa pátina del tiempo,
del relente y del oportunismo,
de los proxenetas de la risa.

Defender la alegría como un derecho.
Defenderla de dios y del invierno,
de las mayúsculas y de la muerte,
de los apellidos y las lástimas,
del azar
y también de la alegría.


(Mario Benedetti)


 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Señor, enséñame a orar"

“Cuando oréis decid: “Padre”  (Lc 11,2).    Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.   Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!   ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar.  Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...

SAN JOSÉ

Salve, José, amante y tierno padre. Salve, guardián de nuestro Redentor. Esposo fiel de tu bendita Madre y salvador del mismo Salvador. Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti sus miembros reclinó. Al Hacedor de tierra, mar y cielo con cuánto amor le besas y te besó. ¡Oh, qué feliz el nombre de Hijo que dabas! Ninguno fue por Dios tan encumbrado como tú, José. ¡Oh, fiel guardián de nuestro Redentor! Dichoso aquél, José, que tú proteges y el que con fe te invoca en la aflicción, jamás, jamás lo dejas sin amparo y protección. ¡Oh, San José, amante y tierno padre, santo sin par y espejo de virtud! Haznos amar a la divina Virgen y a nuestro Dios y Salvador. “Protege, oh bienaventurado José, protégenos en nuestras tribulaciones. Defiéndenos de las asechanzas del demonio, protégenos con tu patrocinio, y ayúdanos y sostennos con tu auxilio para que podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza”. (León XIII)

Gracias, Señor.

El titulo de esta entrada me la ha do el Papa Francisco esta mañana en su tuit  @ Pontifex_es Termina un año y estamos a punto de comenzar uno nuevo. Se cierra un libro y empieza un nuevo libro con las paginas en blanco. Hoy es un buen momento para hacer balance del año, pedir perdón, dar gracias y pedir ayuda.  En el año que termina ha habido de todo, pero la certeza del amor de Dios ha estado conmigo todos los días. Su ternura la he sentido muchas veces, y muchas veces su mano me ha levantado. Gracias, Señor porque no termino el año sólo y el nuevo lo puedo empezar contigo. Por eso yo no le pido nada al 2015, yo se lo pido a Dios. En tus manos Señor pongo mi vida en este nuevo año 2015