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Nos ama

 


"Los has amado a ellos 
como me has amado a mí." 
(Jn 17,20-26)
La lectura de hoy nos muestra a Jesús pidiendo por ti, con todos tus dones: fe, unidad, misión, amor... la amistad con Jesús es ser chispa, gota, sal, levadura o simiente.

En la oración Sacerdotal, Jesús expresa su deseo de íntima comunión entre sus discípulos, reflejo de la unión entre el Padre y él. Esa unión ontológica será condición necesaria para que el mundo crea. La fe, por lo tanto, es fruto de la comunión. Si esta falta, la fe se muere.

"Que todos sean uno". Es más lo que nos une que lo que nos diferencia. Cuando señalas, creas barreras. Pero cuando abrazas, creas puentes. ¿Qué tipo de constructor quieres ser?


Milagros acontecen cuando se derrama la efusión del Espíritu! Lo que se intentó por décadas y siglos, en un instante, puede ser logrado por el Espíritu.

Jesús ruega por quienes crean en él por la palabra de aquellos que lo han conocido. Un mensaje que ha recorrido los caminos de la historia y sigue abriendo veredas. Palabra atemporal que se expande por todos los rincones del planeta. Roguemos por los mensajeros.

"Los has amado a ellos como me has amado a mí." Jesús está convencido que Dios es para todos. No hay distinción entre griegos ni judíos, esclavos o libres, hombre o mujer. El amor que Jesús sentía de parte de su Padre es el mismo que los demás podemos vivir. Eso nos pide situarnos frente a Dios con la misma confianza y disposición para hacer su voluntad. Es amor lo que unía a Jesús y al Padre, pero que se concretaba en la misión redentora.

«Para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos» La intimidad con Dios no es encerrarnos en nuestro interior para vivirlo sólo a Él. Sino estar tan cercanos a su amor que nos desborda y nos lleva a compartirlo para que cuantos más lo conozcan más estén en Él.

El Señor nos ama. Le hemos conocido, hemos celebrado momentos privilegiado de encuentro con Él, los sacramentos... Dejemos sitio y espacio para Él. Está deseando estar con nosotros.


 

Quiero ser tu amigo, Jesucristo

Eres mi futuro y mi presente, Jesucristo;
mi horizonte sobre llanuras anheladas.
Desde ayer eres mi amigo:
desde siempre.
En la noche extiendo mi mano adolescente,
toco tus ojos, adivino tu mirada.
[…]
Yo quiero ser tu amigo, Jesucristo,
yo quiero ser tu amigo:
que nunca jamás me doblegue la bajeza;
que no me venza la mentira y la tristeza.
Quiero ser chispa de tu fuego
y gota de tu fuente
y sal, y levadura, y simiente
sembrada por tu mano:
pensando poco en mí, mucho en mi hermano.
Que sea contigo justicia de pobres,
respeto de débiles,
y vaya contigo, sin doblar la cabeza
a los amos del dinero y de la fuerza.
Yo quiero ser tu amigo, Jesucristo,
yo quiero ser tu amigo.
Encontrar tu yugo suave y tu carga ligera
y llevar por todas partes,
en mi cuerpo y en mi alma,
tu vida en primavera.


(Esteban Gumucio, ss.cc)


 

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