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Ligero de equipaje


"Recibiréis en este tiempo cien veces más, 
con persecuciones, y en la edad futura, 
vida eterna" 
(Mc 10, 28-31)

"Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido" Hoy estas palabras nos dejan perplejos No queremos renunciar a nada Queremos seguir a Cristo pero manteniendo nuestro nivel de vida, nuestros caprichos y comodidades. No se puede nadar y guardar la ropa, amar y guardarse a sí… pero el Señor “devuelve” misteriosamente.

“Quién deje casa… por mí y por el Evangelio recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más”.  Dejar todo a los ojos de la evidencia, la sociedad y el bienestar, para vivir con mirada de fe, comunidad y entrega. Dejar casa y seguridad. Hermanos, padres o hijos y afectos. Dejar tierras y bienes. Para ganar cien veces más con persecuciones. Nada de facilidades


“Recibiréis cien veces más”.
¿No has tenido esa gran satisfacción de sentirte lleno cuando te has dado por entero? Para llenarte, has de vaciarte.

En el Reino no habrá miseria, sino afecto abundante para todos. Dios es buen pagador. Haz frente al deseo de acumular con tu vida compartida.  

Ligero de equipaje, te sigo Jesús. 
En mi mochila, tu alegría y un pan para una eucaristía.


"Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros."
La vida nueva que nos regala Jesús no sigue los criterios del mundo. No compite, no calcula, no busca ganar siempre. Jesús nos enseña a tener una mirada donde quepan los últimos y los rotos. Se fijó en la viuda pobre del templo. En la oveja que se pierde. En el hijo desobediente que se va de casa. Nos deslumbra el triunfo, el éxito, cumplir objetivos, conseguir resultados. Pero nunca olvidemos a los últimos ni a los pobres.

«Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros» Lo importante no es el momento de la llamada sino cuando respondemos y perseveramos en la fidelidad. Aún más, no sólo en la fidelidad sino en el esfuerzo por corregir nuestros fallos y buscar el ser fieles.

En el reino de los cielos habrá sorpresas: no sólo por los errores de previsión, sino sobre todo por las erráticas expectativas; alguno creyéndose último se vea primero, o considerándose primero se vea último. Por eso, no trae cuenta hacer cálculos. Lo divino siempre es desmedido.


Padre: pongo mi vida en Tus manos. 
Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre (C. de Foucauld)
 

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