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¡Hosanna!

 



“Bendito el que viene en nombre del Señor” 
(Mc 11,1-10)

¡Vamos a emprender juntos el camino de la humildad!
Nos mueve el mejor motor posible: el amor al Señor 


En Navidad vemos la ternura del Salvador, en Semana Santa el amor extremo de Cristo, que en sus heridas se hace solidario con nuestra fragilidad,  y la restaura con la luz de su Resurrección.

El Domingo De Ramos y también Domingo de la Pasión del Señor es como un solemne portal a la gran Semana Santa.

Nos muestra la verdadera realeza de Cristo, confesada por el centurión:

«¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!»

Deja que Jesús entre por las callejuelas de tu Jerusalén interior y ponte en camino para vivir con pasión esta nueva Pascua.

Jesús es rey: rey de amor que reina en paz y conduce a su pueblo con paciencia y mansedumbre, como al burrito de su entrada triunfal en Jerusalén. Dejémonos conducir así por Él, nuestro Rey.

"Que todos sean uno, como el Padre y yo somos uno".
Jesús es nuestra paz.

Todo lo que vamos a vivir en esta Semana Santa está orientado a reunir a todos los hijos de Dios en un solo pueblo.

Él, con su muerte y resurrección ha derribado el muro del odio que divide a la humanidad.

'Cristo nos convoca para ser con Él
signo de esperanza, signo de unidad
para hacer posible el amanecer de una nueva vida que comienza ya.
Hemos conocido el amor, hemos puesto en el nuestro ideal
y sabemos que al unirnos en el nombre del Señor
dando fuerza nuestra vida Dios está.'

Debemos vernos reflejados en la Pasión para que nuestra relación con Él, que se da en el encuentro con el prójimo, no sea de injusticia, no sea de indiferencia, que sepamos caminar con Él pese a las dificultades y cruces de nuestra vida...

¡Qué veleta es el corazón humano!
¡Qué rápido pasamos del amor al odio!
Con la misma facilidad que alabamos a una persona, somos capaces de condenarla sin que haya lugar para la misericordia.




¡Hosanna!
Es Domingo de Ramos.
¡Bendito el que viene
en nombre del Señor!
Llega en la humildad
de un pollino.
Cabalga la Paz desarmada
sin guardias ni escoltas.
Benditos con él
quienes aman
hasta el extremo,
se dan sin reservarse
y perdonan de corazón.
 

F. Negre



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