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Hay que cuidarlos

 

 “Hablaba del templo de su cuerpo”.  
(Jn 2, 13-22).

Hoy hacemos fiesta por una iglesia muy especial que está en Roma y es la basílica de San Juan de Letrán considerada la "iglesia madre de todas las iglesias de la urbe y del orbe", fundada en el siglo IV y desde donde el Papa preside en la caridad a toda la Iglesia.

La novedad del Mesías se manifiesta en la presencia de Dios en medio de su pueblo: ya no será a través del antiguo templo sino en el nuevo templo del cuerpo de Jesús, destruido y levantado. Si en otro tiempo el templo fue la esperanza de Israel, Jesús es nuestra única esperanza

"La casa de mi Padre" es lugar de encuentro con el Señor, con los hermanos de comunidad. Es un lugar de escucha de la Palabra, de la necesidad del otro, del grito de los pobres, del dolor de los enfermos. Hay flores, luz, música, vida. Se reza, se canta, se celebra.

El templo es un lugar sagrado donde se reúne la comunidad, espacio sagrado donde Dios habita. Cuando se devalúa lo sagrado, se infravalora lo humano. Cuando se comercia con lo sagrado se desvirtúa lo divino y lo humano. El respeto y la valía hay que cuidarlos.


Somos templos del Espíritu Santo. Estamos habitados, por Aquel que creo las maravillas del cosmos. VIVIR EN GRACIA, ES VIVIR EN DIÁLOGO Y AMISTAD CON DIOS.

Primero llénate del entusiasmo, del gozo íntimo que produce Dios en nuestro corazón cuando oramos en lo escondido. Después, sal al mundo y deja que ese manantial de amor, de alegría que nos inunda se derrame en los demás. Nadie puede dar lo que no tiene.

 
Señor, yo quiero entrar en tu santuario.
Dame manos limpias, corazón puro, enséñame a amar.
Tu sangre me limpia, tu Palabra me abrasa,
tu Espíritu Santo inunda mi ser.
 
Señor, bendice a nuestro papa Francisco.
Dale la gracia de tu Espíritu Santo.
Protégelo de todo mal. 
 
Y a nosotros, que somos las “piedras vivas” de tu Iglesia,
haznos testimonios de tu Evangelio en medio de este mundo
que te desconoce y te rechaza.
Amén

 

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