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Nos busca


“¡Alegraos conmigo!, 
he encontrado la oveja que se me había perdido” 
(Lc 15, 1-10)

Mientras los fariseos se quejan y viven muy preocupados por el ritual; Jesús es un maestro que se junta, come y bebe con pecadores; para hablarle de la misericordia de Dios que no ha eliminado su horizonte a ellos. ¡Aprendamos!

Las dos parábolas tienen puntos comunes. Hay una pérdida de una moneda y de una oveja. Una desproporción. El pastor deja noventa y nueve por buscar una. La mujer nueve monedas por buscar una. La iniciativa es de los buscadores. El encuentro termina en fiesta.

 La gran novedad de Jesús es su misericordia. Con la parábola de la oveja perdida comprendemos la locura de su amor entrañable. Déjate encontrar por Jesús. Deja que te cargue sobre sus hombros. Dale esa alegría.

Jesús es la mano que Dios tiende a la humanidad perdida. Es mediador, puente, camino, maestro y guía. Hay mucha gente sola, triste, perdida, que necesita que seamos presencia misericordiosa de Dios que nunca nos abandona. No pasemos de largo. El Evangelio es buena noticia.

La misericordia de Dios es infinita, y siempre va a nuestro encuentro. Nos busca como el pastor a la oveja perdida. Nos busca hasta encontrarnos. Nos busca porque nos quiere, porque sabe de nuestra necesidad. Nos busca para estar con nosotros, para que disfrutemos de Él y con Él. Nos busca.... No nos escondamos.

No te rindes conmigo, Señor. 
Me buscas y me llamas a pesar de perderme en muchas ocasiones. 
Cuando me aleje de ti, agárrame con fuerza. 
Nunca me sueltes de tu mano.  
Si me pierdo como esa moneda o esa oveja despistada, 
te pido que no te canses de salir a buscarme.  
Señor, que ternura la tuya, que paz tan grande saber 
que me buscas y que mi pobreza te atrae. 

HAY ALEGRÍA EN EL CIELO CUANDO NOS CONVERTIMOS Y VOLVEMOS A DIOS

Oración del perdón
 
Padre bueno y misericordioso digno de
alabanza y adoración; hoy te doy gracias
por tu amor tierno y compasivo porque
perdonas mis faltas y las apartas de tu vista sin que ellas disminuyan tu amor por mí.
Padre bueno y misericordioso digno de alabanza y adoración; 
hoy te doy graciaspor tu amor tierno y compasivo porque
perdonas mis faltas y las apartas de tu vista sin que ellas disminuyan tu amor por mí.
 Hoy quiero suplicarte una gracia especial, 
concédele a mi corazón el poder comprender la debilidad de mis hermanos, 
el entender que aquellos que me han herido tal vez también estaban heridos, 
que no podían dar lo que no tenían, por inmadurez o ignorancia.
Dame, mi Dios, un corazón tolerante, comprensivo y misericordioso como el tuyo.
Señor, dame la gracia de amar con tu corazón.
Amén

 

 

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