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Nos espera




“Habrá más alegría en el cielo 
por un solo pecador que se convierta”. 
(Lc 15, 1-32).

Así es el corazón de Jesús y el del Padre.
Para ellos hasta el último de nosotros es importantísimo

Dios nunca da a nadie por perdido.
Siempre se alegra cuando volvemos a su corazón, nuestro hogar.


Dios es el buen pastor que sale a buscar la oveja perdida, es la mujer que no descansa hasta que haya la moneda perdida, es el Padre que acoge siempre al hijo que vuelve.

Dios tiene una sola preocupación, un solo deseo: encontrar a su criatura perdida.
En Dios, el amor siempre es superior a la justicia rígida, el perdón triunfa sobre el juicio, la búsqueda apasionada sobre el abandono y la indiferencia.

Dios Padre que da libertad a sus hijos, espera siempre, está contento del que vive con Él y desea el regreso del que se fue, perdona y acoge siempre, abraza y besa, el encuentro con Él es una fiesta, banquete...


Nuestro Padre celeste otea el horizonte todos los días y todos los instantes, no solo para perdonarnos, sino para hacer una gran fiesta jamás soñada por ningún ser humano.

El hijo mayor, externamente, observaba las reglas del padre, pero en el secreto del corazón había resentimiento, autoveneno que nos destruye.
Cristo nos dice que sin misericordia y compasión, no se puede vivir en libertad y felicidad.

Gracias, Padre mío, por darme a tu Hijo Jesucristo como pastor y guía de mi vida.
No quiero tener otro ideal que alcanzar la santidad para gozar plenamente de Ti por toda la eternidad.
Confío en tu misericordia, y en el auxilio de la gracia de tu Espíritu Santo, para purificarme.

Dios no se cansa de esperarnos, por mucho que nos alejemos de Él.
Confiemos siempre en su misericordia, pero no tengamos la tentación de abusar de su amor.




Siempre estamos a tiempo para volvernos a ese Dios que, sobre todo, es Padre.
Siempre estamos a tiempo para pedir perdón y ser perdonados.
Y siempre estamos a tiempo para volver a empezar, haciendo del amor nuestro estilo de vida.


Hoy es la Virgen de los Dolores , la madre fiel que siguió a su hijo Jesús en su Pasión y Muerte.
Junto a la Cruz nos enseña que el Amor es más fuerte que el dolor, el pecado o la muerte.

Padre, gracias por recordarme que Tú me esperas al final de cada desvío,
de cada regreso, de cada error, de cada fracaso…
Que me aceptas con lo que soy y lo que tengo,
y que me acoges sin condiciones, ni reproches…
Gracias, Señor, por mostrarme que basta mi arrepentimiento,
mi necesidad de buscarte, de volver a encontrarte, de refugiarme en Ti,
para que me abraces de nuevo, para que me hagas sentir tu presencia…
Dios mío, que siempre seas mi referencia,
mi norte, mi auxilio;
y dame fuerzas también para reconocerte y valorar tu Amor,
cuando todo está en orden, cuando todo sale según lo “previsto”,
cuando me siento a salvo de tribulaciones y contratiempos…
Señor, que te descubra, te sienta y te viva, en mi rutina,
y que esta se torne para mí en oportunidad de disfrutar Contigo,
y en Ti…
Y que tenga la sensibilidad de sentirme querido y cuidado en ella,
de saberme siempre correspondido por Ti…
Padre, que no se me olvide la misión de ayudar al que lo necesita,
de socorrer al que se siente perdido,
de acoger al que acude a mí,
de perdonar al que me ofendió,
porque en esos gestos descubro, correspondo y testimonio cada vez que yo fui
socorrido, acogido, perdonado y apoyado por Ti.





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