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Al servicio del hombre


"Estaban al acecho 
para ver si curaba en sábado" 
(Lc 6, 6-11)

Cuántas veces pudiendo hacer el bien no lo hacemos, por inercia o pereza, por preservar nuestra comodidad y seguridades. 
El Evangelio no ha calado hondo en nosotros. 
Amar como Jesús nos amó, es la ley máxima, el criterio que ha de prevalecer en cada decisión de nuestra vida.

Cuánto bien haríamos si dejásemos de mirarnos y buscásemos el bien del otro.

Contempla al prójimo que sufre. 
Empatiza con su dolor. 
Llena tu corazón de compasión y misericordia. 
Ante el dolor, la única respuesta, humana y cristiana, es sanar, aliviar curar, acompañar. 
Para Jesús, lo primero es el hombre, imagen de Dios, hijo de Dios.

Las leyes, normas, códigos o reglamentos no pueden estar nunca por encima del bien a las personas. 
Nuestra conciencia tiene que estar bien formada, y abierta al discernimiento del bien y el mal por encima del dictado de las personas o de las normas establecidas

La Ley de Dios está al servicio del hombre, liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte. 
Jesucristo, también.

Es el hombre, no la ley, quién debe ocupar el centro, porque como bien decía San Ireneo: 


“Laa gloria de Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre es la visión de Dios".

Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis.
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestras mentes,
que nos impiden ver tus nuevas presencias en la historia.
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestros corazones,
incapaces de amar.
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestras lenguas,
incapaces de anunciarte a los hombres.
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestras manos,
incapaces de alargarse a los que nos necesitan.
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestros pies,
incapaces de ir a buscar al hermano perdido o a anunciarle tu Evangelio.
Señor: ¿no podías sanar hoy todas estas nuestras parálisis?


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