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Puerta siempre abierta




"Yo soy la puerta: 
quien entra por mí, se salvará"
(Jn 10,9)  

Las palabras y los gestos de Jesús desvelan un entrañable amor por el pueblo, son una denuncia contra los que abusan de los indefensos; su forma de acercarse tan abierta, sincera y gratuita, abre caminos de liberación.

TU VOZ
Tu voz.
Seguirla y amarla.
Tu voz.
Desearla y aprehenderla.
Tu voz.
Repetirla y cantarla.
Tu voz.
Conocerla y reconocerla.
Tu voz.
Escucharla y soñarla.
Tu voz.
Tu voz.
Tu voz.

"Yo soy la puerta...yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante".



Haz de mí una puerta abierta para que todo el que llegue a mi vida se vaya lleno de esperanza y razones para vivir.





Ten hoy abierta la puerta de tu vida, para recibir y para dar, para anunciar y denunciar la extorsión y a la exclusión de los más pobres.        

Gracias, Jesús, por tu puerta abierta, por tus manos y tu corazón abiertos.
Gracias por tu eucaristía, mesa abierta.
Gracias por abrirnos tu corazón 

Señor, todos queremos ser felices, plenamente felices.
Tú has puesto en nuestro corazón el deseo de una felicidad infinita.
Pero no siempre acertamos a entrar por la puerta que conduce a esa felicidad, a esa salvación.
Y, a veces, llegamos a pensar que no existe esa puerta,
que nunca podremos disfrutar una felicidad a la medida de nuestro corazón.

Pero tú, Jesús, nos dices que existe una puerta que nos hace entrar en la familia del Padre, en el calor de su casa.
Tú, Jesús, eres la puerta, el paso hacia la salvación, hacia la felicidad que colmará todos nuestros deseos.
Eres la puerta que nunca está cerrada, ni tiene aduanas
que está abierta siempre y a todos, sin exclusiones, sin privilegios;
puerta abierta para entrar y para salir.

No quieres que tus hijos te amemos a la fuerza.
Tú eres una puerta abierta, también y de forma especial a los que nos sentimos pecadores.
Tú nos esperas para abrazarnos, para perdonarnos, para curarnos,
para transformar y renovar nuestra vida, para llenarla de alegría plena y duradera.

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