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“Alegraos”



“Alegraos” 
(Mt 28,9)  

Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».

Resucitar es vivir abriendo puertas de felicidad y alegría a quien te encuentras por el camino.
Resurrección es elegir creer que los indicios apuntan a la esperanza y no a la desconfianza, a la vida y no a la derrota, al encuentro y no a la soledad.
La alegría es la señal de Jesús resucitado.
La alegría es la señal de todas las comunidades de Jesús.
Donde hay alegría ahí está Jesús.
Alégrate.

Tu alegría puede ser el sendero que lleve a muchos a encontrar a Jesús.  

Escribe hasta que lo aprenda tu corazón: ALEGRAOS

Tú alegras mi corazón.
Canto y toco para ti, Jesús resucitado. 

Gracias, Señor, porque al romper la piedra de tu sepulcro
nos trajiste en las manos la vida verdadera,
no sólo un trozo más de esto que los hombres llamamos vida,
sino la inextinguible,
la zarza ardiendo que no se consume,
la misma vida que vive Dios.
Gracias por este gozo,
gracias por esta Gracia,
gracias por esta vida eterna que nos hace inmortales,
gracias porque al resucitar inauguraste
la nueva humanidad
y nos pusiste en las manos estas vida multiplicada,
este milagro de ser hombres y más,
esta alegría de sabernos partícipes de tu triunfo,
este sentirnos y ser hijos y miembros
de tu cuerpo de hombre y Dios resucitado.

José Luis Martín Descalzo

Coloquio de resurrección
Se quedaron sin habla… pero llevadas de su amor se abrazaron a tus pies.
¡Todo tan sencillo, tan entrañable!
Señor, quisiera encontrarte entre los crucificados y los sepulcros que hemos excavado entre todos para ellos.
No sé si estoy suficientemente cerca de tanto dolor y de tanto fracaso.
Me da miedo acercarme demasiado a ellos y por eso envidio a aquellas mujeres que supieron estar cerca de tu cruz.
Sé que por eso fueron las primeras en recibir el don de tu alegría y el don de tu paz.
Quisiera escuchar también esas palabras de tus labios: «alégrate, no tengas miedo»… si dejas que trabaje en ti mi Espíritu, recibirás el don de compartir la cruz con los crucificados de este mundo, y esa alegría nada ni nadie te la podrá arrebatar: tú serás portador de paz, de alegría, de compasión, y la gente sabrá que yo, el Señor, soy el Viviente que da vida y transforma la muerte y los sepulcros en nueva vida.
Señor, dame tu paz y hazme portador de tu consuelo para que pueda contagiar la alegría de tu Resurrección.

(Pep Baquer, SJ)

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