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Un signo

 

“A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás”. 
 (Lc 11, 29-32).

En la cultura de la imagen y del vacío interior, pedimos signos, buscamos seguridades. Pero la fe es otra cosa. La fe implica confianza, obediencia. Es sentirse vulnerable, y a la vez, arropado y sostenido por Dios. Sabiéndose víctima, participará en la victoria de su victoria.

La grandeza de Dios se manifiesta en lo más pequeño. En gestos sencillos de gente sencilla. Aprender a descubrir la bondad humana… es aprender a ver el rostro de Cristo en cada una de esas acciones.

Jesús reprende a sus contemporáneos por sus falsas certezas y por su dureza de corazón. Junto con los ninivitas, la Reina de Saba, que vino de lejos, será también testigo de cargo contra ellos, pues, a pesar de ser Él «más grande que Salomón», no se abren a su mensaje. Ellos se creen muy seguros de su “privilegiada” condición de «pueblo elegido». Con todo, un día verán, con sorpresa, que Dios destina también su salvación a las demás razas y naciones, y que se complace en perdonar a todo aquel que, con sincero arrepentimiento, está dispuesto a cambiar de vida.

"Aquí hay uno que es más que Salomón." Decía Teresa de Ávila: "Humildad es andar en verdad". Y Jesús así vive. No le cuesta decir que es más grande que Salomón, que Noé, que Moisés. Imagino lo perplejas que se quedarían las gentes al oírlo. Pero no buscaba engrandecerse o deslumbrar. Buscaba la adhesión de corazón de los que le escuchaban para seguirle. No escondamos nuestros talentos, ni lo que somos. Hijas e hijos de Dios. La creación está expectante, necesita que manifestemos, la paz, la alegría, el amor de lo que significa vivir como discípulos de Jesús.

Sobre la naturaleza de la fe. No se trata de buscar señales o experiencias extraordinarias, sino de creer en Dios y seguir sus enseñanzas. La mayor señal ya ha sido dada: Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió y resucitó por nuestra salvación.


«Esta generación es una generación perversa»
Cuando sólo pedimos signos y no hay una conversión, si exigimos a los demás que cumplan la doctrina, pero nosotros nos servimos de ella, al no apreciar a las personas como hijos de Dios, entonces no vivimos a Cristo en el corazón.

Generación perversa que pide un signo para creer. Una fe que busca pruebas, certezas y seguridades. Una creencia que pueda ser controlada y manipulada. Jesús no da signos porque la fe es acogida en la incertidumbre. Confianza en su Palabra.

En una relación, Dios con nosotros, no hacen falta pruebas, signos, señales, seguridades… Con su fidelidad es suficiente, Él es ‘el siempre fiel’. Solo tenemos que responder con la nuestra, caminar con Él siempre, estar con Él siempre.

La predicación del Evangelio y el amor por los pobres son el "signo" de que Jesús continúa siendo el que salva de la tristeza y de la muerte.


El Espíritu nos convoca, a semejanza de Jesús, a ofrecer nuestros ayunos y sacrificios de expiación e intercesión. Nosotros solos, lograremos muy poco, pero unidos al sacrificio de Cristo podemos interceder más eficazmente.

Cuídate de tener un corazón endurecido. No pierdas la capacidad de asombro. ¡Dios sale todos los días a tu encuentro! Para un poco, piensa qué signos hoy Dios está permitiendo en tu vida para que lo descubras. Estamos en conversión permanente.

Espíritu divino abre los ojos de la fe 
para caer en la cuenta 
de que Dios habita entre nosotros, 
nos acompaña en la vida 
y nos protege en nuestras dificultades. 
En él vivimos, nos movemos y existimos.  
“Sabemos que todo contribuye 
al bien de quienes aman a Dios” 
(Rm 8,28).

 

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