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Reconciliación

 


"Deja allí tu ofrenda ante el altar 
y vete primero a reconciliarte con tu hermano."  
(Mt 25,20-26).

Los ritos son para la vida. Toda la vivencia de la espiritualidad se concreta en nuestra forma de tratar a los demás. Una fe sin obras está muerta. Quien dice que cree en Jesús debe vivir como vivió él. Quienes decimos que creemos en Dios si luego no amamos a los hermanos reales, con sus límites y sus fortalezas somos unos mentirosos. Que este camino de Cuaresma nos acerque cada día más al corazón de Dios y de las personas con las que compartimos vida.

Apelando a su propia autoridad, Jesús nos va a ir proponiendo varias “contraposiciones” entre lo antiguo y lo nuevo. Y, hablando del «homicidio», se nos dice hoy que para entrar en el Reino al discípulo se le pide algo más que el no matar físicamente. El Señor no se contenta con el mínimo de la «letra», sino que trata de situarnos en el máximo del «espíritu». La reconciliación y el amor fraterno son condiciones previas e indispensables para ofrecer luego a Dios un culto que le sea de verdad agradable. Efectivamente: «cumplir perfectamente la ley consiste en amar».


Jesús advierte a los doce que no es bueno seguir el ejemplo de los que alaban a Dios con los labios pero su corazón está lejos de él. Para entrar en el reino de los cielos hay que volver los pasos hacia el Señor. La Cuaresma no es para los autosuficientes sino para los indigentes

La justicia de Dios es la misericordia. Se dijo no matar. Jesús va más allá. Hay muchas manera de matar: la cólera hacia el otro, el insulto o la infravaloración. Hay formas de matar muy sutiles: hablando mal de la persona, ignorando, ninguneando…

«Vete primero a reconciliarte con tu hermano» Antes de presentar la ofrenda abandonemos las iras con el otro, el enfado hace no sólo que nos alejemos de ellos, sino que también de Dios. Estar cerca del hermano es estar cerca de Dios. Nuestros actos son testimonios de nuestra fe.

La medida del perdón es perdonar sin medida. Con frecuencia resulta difícil perdonar. La paz, la fraternidad y la civilización de la verdad y el amor nacen solo del perdón. La paz comienza siempre por la reconciliación, y esta presupone el perdón.

Pacifica, Señor, nuestro corazón.
Que sembremos semillas de paz.

Nuestra libertad, nuestras decisiones son las constructoras de nuestro presente y futuro. Si tenemos a Jesucristo, en nuestras vidas..., "Todo lo bueno, vendrá por añadidura".

Debemos perdonar y pedir perdón. La teoría nos la sabemos de sobra… pero ¡Ay, el orgullo! ¡Cuidado lo que nos cuesta llevarlo a la práctica! No tengas miedo a dar el primer paso hacia la reconciliación. ¡Adelante!

Cántame las verdades

Cántame las verdades de mi vida.
Oídas de tus labios
no sonarán a cálido reproche,
sino a amor que me acepta desgarrado.
Cántame las verdades.

Acostumbro
diariamente a caer en el engaño
de condolerme de mis propios lutos
y, sin criterio, disculpar mis fallos.
Miro tanto las faltas de los otros…
Tantas recetas doy que yo no hago…
Dime cómo me ves, Tú que me abarcas
con tus ojos eternos de milagro.
No perderé los ánimos. Tú sabes
corregir con amor. Lleva tu mano
a las secretas llagas. Vamos, cántame
las verdades que sanen mis pecados.


(Luis Carlos Flores Mateos, sj) 


 

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