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"Buscadores de luz"

 

«Este es mi Hijo amado; escuchadlo»
 
(Mc9,2-10).

Seguir a Jesús no es sólo adorarlo, contemplarlo y quedar admirados, es necesario ESCUCHAR su voz, su Palabra y vivirla.

 La Transfiguración del Señor sigue siendo un acontecimiento referente en la vida de los discípulos. Tras el anunció de su pasión y muerte, Jesús quería mostrar a los tres elegidos que su camino termina en la resurrección. El Padre muestra al Hijo y nos manda que le escuchemos.

La transfiguración es un evento que nos invita a contemplar la gloria de Jesús y a fortalecer nuestra fe en él. Es un recordatorio de su divinidad, su misión y la importancia de seguir sus enseñanzas.


«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo»
Lo oyó Jesús, lo oyeron los discípulos, lo pronunció Dios para que ese grito llegará a través de la historia, hasta nosotros. Saber que Dios nos llama hijos tiene que modificar la forma de percibirnos. Somos amados como el mismo Jesús y cada una de nuestras vidas merece ser escuchada. El valor de una obra depende de su autor. Nuestro valor es muy grande porque el amor dedicado a cada uno de nosotros es total. Desde nuestro origen hasta el final somos acompañados por el amor de Dios que nos sostiene y nos crea.


Cada domingo, los cristianos renovamos la experiencia del Tabor: Escuchamos la voz del Padre, que nos reconoce en Jesucristo, su Hijo amado, vencedor del pecado y de la muerte, que –por la acción de su Espíritu– nos va transfigurando a su imagen.

Si en estos días de Cuaresma ponemos nuestros ojos y nuestro corazón en Jesús, escuchamos sus Palabras y servimos a los pobres, serán para nosotros días de transfiguración.

Jesús se manifiesta cada día, en cada detalle, en cada rostro concreto de quienes están a nuestro lado. Pero, a veces, tenemos el corazón demasiado cerrado para darnos cuenta de ello…

He aquí un buen propósito para la Cuaresma: cultivar miradas abiertas, convertirnos en "buscadores de luz", buscadores de la luz de Jesús en la oración y en las personas.

¡Señor te ofrezco mi pobreza!
Señor, hoy te hemos visto en el monte orando, llenando a tus apóstoles de luz y de vida nueva, mostrándoles que la cruz es camino de resurrección, fortaleciéndoles con tu Palabra y tu presencia.
Señor, yo he pensado que soy un desastre, pero te quiero, ya hace años que salí de tus manos pero mi alforja está vacía, mis flores mustias y descoloridas, me espanta mi pobreza pero me consuela tu ternura estoy ante Ti como un cántaro roto, pero con mi mismo barro puedes hacer otro a tu gusto.
Señor ¿qué te diré cuando me pidas cuentas? Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo, que he volado muy bajo. Acepta pues, la ofrenda de mi vida, es como una flauta llena de agujeros pero tómala en tus manos divinas. Que tu Música pase a través de mí y llegue hasta mis hermanos que sea para ellos ritmo y melodía que acompañe su caminar.
Qué bueno es estar contigo





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