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La casa de Pedro

 


“Todos te buscan”
 
(Mc 1,29-39)

Marcos nos muestra el resumen de una jornada en la vida de Jesús. Ora, anuncia, sana, sirve, cuida... Jesús nos revela que Dios es un Padre lleno de amor que se hace cercano, que visita nuestras casas, que quiere salvar y liberar, sanar todo mal del cuerpo y del espíritu.

 La casa de Pedro es un icono de lo que debería ser cada comunidad cristiana : un santuario del Evangelio, una casa de amor y de misericordia, donde todos son acogidos y amados gratuitamente

Jesús sana y libera. A la suegra de Pedro, la coge de la mano y la levanta. Es el proceder de Jesús: ante la enfermedad, no se pone de perfil o mira para otro lado sino que se acerca al que sufre. Además la cogió de la mano, algo prohibido por las leyes religiosas para no caer en impureza. Por último, la levantó de la postración, la devolvió la dignidad.


Cura a los enfermos y endemoniados de todos sus males. Y en medio de esa actividad, la oración. El motor de su predicación y actuación. El sintonizador de su palabra y su misión.

Hablar y rezar con los amigos, compartir la mesa, sanar a los enfermos... y buscar momentos en soledad para estar con el Padre. La “agenda” de Jesús está llena de bondad. Busquemos la manera de imitar su quehacer diario.

Todos queremos ser felices, Él es el camino para conseguirla. Todos buscamos una seguridad en la vida, de lo que anhelamos. Él es la Verdad donde apoyarnos. Él es la Vida, en el que podemos todos confiar para vivirla en plenitud. Todos le buscamos para que llene nuestra vida de sentido, felicidad y plenitud. No hay nadie que lo puede hacer como Él.


"Todo el mundo te busca".
Lo sepa o no lo sepa, te conozca de oídas o haya tenido experiencia, todo el mundo te busca Jesús. Sólo tú tienes palabras de vida eterna. Sólo tú has modelado cada corazón y comprendes sus acciones. Sólo tú ofreces una alegría que nadie nos puede quitar. Tú revelas el sentido al misterio de cada existencia. Nos hablas de nuestro valor, de nuestros talentos, de desplegar toda la potencialidad de nuestras vidas. Nos invitas a acoger la cruz, a integrar lo negativo en la propia vida. A esperar esperanzados y pacientes la resurrección en medio de tanta muerte y fracaso. Por eso te busco.

'A otras aldeas', no hay exclusivas, es para todos. Más allá de nuestra casa, más allá de nuestra comodidad, más allá de nuestra 'mesa camilla'... un anuncio sin imponer, una propuesta para encontrarle. Le anunciamos a Él, no a nosotros... y lo hacemos 'de balde'.

¿Cómo puedo reflejar la compasión de Jesús en mi vida diaria? ¿Qué lugar ocupa la oración en mi vida? ¿De qué manera puedo participar en la misión de Jesús?

San Pablo nos enseña su planteamiento ante el reto de la evangelización: realismo y esperanza "¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos" (1Cor 9,16.22)

A tiempo

A tiempo y a destiempo,
en cualquier lugar,
a cualquier hora,
con el viento de espalda
o un huracán a la contra;
alegre o afligido,
sereno o exaltado,
descansado o exhausto,
lleva el Amor por bandera.

No cejes en el intento
de compartir la justicia.
No acomodes la Palabra
en nombre de la prudencia,
no adulteres la esperanza,
proclama la Vida plena
de quien con su voz nos llama
y con su historia nos llena.

No niegues que eres apóstol,
no olvides que eres profeta,
portador de una noticia
que ha de atravesar la guerra,
que ha de romper las paredes
y ha de fecundar la tierra.


(José María R. Olaizola sj)


 

 

 

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