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Benditos

 


"
Venid vosotros, benditos de mi Padre; 
heredad el reino preparado para vosotros 
desde la creación del mundo." 
 (Mt 25,31-46).

Venid los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Venid porque yo ya estoy. He venido a cuidaros, a acompañaros, a quereros. El juicio no será en el futuro. El juicio es hoy. Vuestra capacidad de cuidar a los que tenéis cerca es lo que os hace iguales a mí. El desinterés o la indiferencia frente al sufrimiento del otro es lo que os encierra en el castigo más grande que podéis vivir: la soledad.

Cristo es nuestro rey. 
Un rey que se hace presente en el hermano desnudo, hambriento, sediento, solo, preso o enfermo.  No habita palacios sino corazones.  Él es un rey diferente, que nos conoce y sabe lo que hacemos, que valora el darse y el hacer por y con el hermano.  Él es un rey que da la vida y nos propone que la demos nosotros, un rey que no tiene ni súbditos ni siervos, que tiene amigos.

El Reino de Dios… el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz… puede hacerse presente en tu vida. Deja que Cristo reine en tu corazón. ¡Permíteselo!

A mí me lo hicisteis
Me dirás, Señor, ven, bendito, a disfrutar de la Vida eterna:
porque vivía cerca de ti y tenías palabras cálidas cada mañana, porque comprabas en la tienda y eras cercano y tierno, porque cuando estando pachucho me cuidaste y me dedicaste tu tiempo, porque cuando me sentí triste intentaste levantarme el ánimo, porque cuando estaba sólo tenías un rato para mí, porque cuando hice mal un trabajo supiste disculparme, porque cuando nadie me entendía encontré tu apoyo incondicional, porque cuando barría tu calle con tu mirada me dignificabas, porque cuando te hice una obra valorabas mi trabajo y me hacías sentir importante, porque cuando me hice mayor  tenías paciencia y no te ibas de mi lado, porque cuando me rechazaron tú te molestaste en escucharme.
Por haber sido un regalo en este mundo, ven aquí, bendito de mi Padre.


 

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