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Un corazón como el tuyo

 


“Su madre conservaba todo esto 
en su corazón” 
(Lc 2,41-51).

Confiemos al Corazón Inmaculado de María, en el que Dios se refleja, los bienes preciosos de la fraternidad y de la paz, todo lo que tenemos y lo que somos, para que sea ella, la Madre que nos ha dado el Señor, la que nos proteja y nos cuide. (Francisco)

Ayer celebrábamos el “Corazón del Hijo”.
Hoy los hijos celebramos el “Corazón de la Madre”.
“Corazón de Jesús y Corazón de María”.

Todo corazón es un misterio.
El Corazón de Jesús, es un Corazón Llagado”.
El Corazón de María, es un corazón de Madre.
Es el Corazón del “silencio”.
Es el Corazón que “guardó en silencio el misterio de Dios”.
Que guardó en silencio “el misterio de la Encarnación”.
Que guardó en silencio “el misterio de la vida de su Hijo”.
Que guardó en silencio “el misterio de la Muerte de su Hijo”.

Inmaculado Corazón de María,
el que nunca conoció pecado.
Inmaculado Corazón de María,
el corazón del que Dios se enamoró.
Inmaculado Corazón de María,
de Dios enamorado.
Inmaculado Corazón de María,
que junto a la Cruz sufrió.
Inmaculado Corazón de María,
que, desde la Cruz,
el Hijo, por Madre nos dio.

No te pido un corazón como el tuyo,
pero sí te pido me des un corazón limpio como el tuyo,
dócil como el tuyo,
que ame como el tuyo.
Sé que mucho te estoy pidiendo,
pero al corazón de una madre no le podemos pedir menos.

 


 

Señor, que bueno es dejarme abrigar por tu presencia cada y abandonarme por entero a Ti y a tu amor. Ábreme caminos de para que todo me salga bien.

Quiero aprender a imitarte al igual que María. Como ella, también quiero siempre conservar y meditar tus obras en mi corazón y crecer en santidad.

Su Inmaculado Corazón es ejemplo de fidelidad plena a la aceptación de la voluntad del Padre. Que su maternal cariño siempre repose sobre mí.

Quiero estar atento y dispuesto a escuchar y meditar tu Palabra como María y así, hacerla una acción de vida, convertirla en obras de amor y de servicio.

María es tu mejor discípula y su Inmaculado Corazón es mi mejor Maestro. Guiado de su mano, quiero testimoniar tu bondad, tu misericordia y tu amor.

Abre mi entendimiento, Señor mío, para saber atesorar las cosas buenas que me das. Hazme perseverante en la fe en medio de todas las circunstancias.

Y a ti, Inmaculado Corazón de María, acógeme como el más pequeño de tus hijos, posa tu dulce mano sobre mí y guíame por el camino de la humildad.

Quiero hacer tuyas esas palabras de eternidad: "Mi alma canta la grandeza del Señor. Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador" Amén.


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