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“Amar y servir”.

 

 


 
“Tú sabes que te quiero”
 
Jn21,15-19

 

"¿Me amas?" Sólo el amor puede curar la infidelidad, el daño, el error... Es esa fuente de agua que, si no sabemos ofrecer, nuestras relaciones se secan. No tengas miedo ni te olvides de decir "te quiero" a quien realmente te importa... incluso a Dios.

«...¿me quieres?». Hoy me haces esta pregunta de nuevo. Desde donde estoy, con toda mi pobreza, Señor, Tú conoces todo, enséñame a dejarme amar por Ti, enséñame a amar.

Cuántas veces lo decimos con la boca pequeñita, cuánto nos cuesta decirlo con el corazón, de verdad, a pleno pulmón.

Señor Jesús, tú sabes que te quiero.

El amor es la raíz en la que se alimenta todo seguimiento verdadero y el seguimiento es el sello de todo amor verdadero

La gramática de Dios tiene solo dos verbos:
“Amar y servir”.
Amar sirviendo y servir amando.

El amor a Dios no puede quedarse en una experiencia íntima y personal, la fe cristiana no puede quedarse en la sacristía. La fe implica salir a pastorear, buscar  a las ovejas descarriadas, guiarlas sabiamente, enfrentarse al lobo… Requiere un esfuerzo, pero no cuesta, si hay amor.

"Sígueme" La resurrección de Cristo es un misterio de fe y todos nosotros estamos llamados a dar testimonio con nuestra propia vida, aunque las consecuencias no sean fáciles.

  

“Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo con todas las fuerzas de mi pobre corazón, sabes que soy capaz de jugármela por ti ahora y gritar que no te conozco dentro de un rato. Así soy Señor: débil y fuerte a la vez. Así es mi corazón: valiente y cobarde a un tiempo. Mis días son cartas de amor y egoísmo barajadas. Sé que me quieres, Señor, y que nada ni nadie puede separar tu amor de mi pobreza. Te doy gracias porque cuentas conmigo Señor para cuidar a tus hijos, para mostrarles tu amor. Te seguiré, Señor, envíame, aunque me ciñan las incomprensiones y me conduzcan al dolor que menos quiero, Gracias, Señor, por poder vivir contigo esta historia de amor.”

 


 

 

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