Ir al contenido principal

Luz en medio del mundo

 

“Mis ojos han visto a tu Salvador”. 
(Lc 2, 22-40)

Jesús es presentado en el templo según la ley.
Ofrecido a Dios, reconocido por Simeón y Ana. 
Consagrado a Dios es modelo de consagración para toda forma de vida consagrada.
Luz en medio del mundo es llamada para quienes son llamados.

"El niño iba creciendo y robusteciéndose; y se llenaba de sabiduría"
No hay mayor alegría en la familia que los hijos vayan creciendo con alegría y aprendiendo de la vida de cada día en la presencia del Señor.
No se trata de tener de todo sino de amarlo todo en la familia 
 




Señor, dame un corazón humilde y confiado,
como el de Simeón y Ana, como el de María.

Ellos no tenían nada y, precisamente por eso,
se acercaban a Ti, ponían toda su confianza en Ti,
observaban la ley, cumplían tu voluntad.

No deseaban otra cosa que encontrarse contigo;
tenían un corazón limpio y una mirada transparente,
capaz de reconocerte en un recién nacido,

Señor, líbrame de la idolatría de las riquezas.
Ayúdame a compartir con generosidad lo que tengo,
No dejes que tenga otro Dios fuera de Ti.

No permitas que me apoye demasiado en las personas,
tampoco en mis propias fuerzas.
Qué sólo confíe plenamente en Ti, Señor.

Dame sabiduría y fuerza para ser pobre y libre,
purifica mi corazón de todo deseo que me aparte de Ti,
para estar abierto del todo a la plenitud de tu Amor.
 
Cristo es de verdad nuestra LUZ, nuestra vida y resurrección, nuestra paz y fortaleza, nuestro triunfo y nuestra esperanza cierta. ¡Con Él podemos volver a vivir!

 
Señor, Jesús, Tú eres la luz que nos permite ver claro. Tú luz nos ayuda a ver la belleza de cada persona, de cada amanecer, de cada ser. Tú luz nos refleja el verdadero rostro de Dios, del Dios todo Amor, del Dios cercano que camina siempre a nuestro lado. Con tu luz, podemos descubrir en cada persona a un hermano o a una hermana. Dejándonos iluminar por Ti, nos damos cuenta de que estamos creados a imagen y semejanza tuya; que nuestra luz es más grande y poderosa que nuestra oscuridad. Gracias, Jesús, por esta luz que ilumina sin deslumbrar.
 
Gracias también porque Tú luz deja al descubierto lo que no queremos ver: nuestros sentimientos torcidos, nuestro deseo de poseer y aparentar… Tu luz evidencia, además, la injusticia de la sociedad, el dolor de muchas personas que sufren, las mentiras con las que justificamos lo injustificable. No nos gusta ver esta realidad oscura de nuestro corazón y de nuestro mundo. Perdona nuestro deseo de apagarte, para disfrutar una vida más tranquila, pero menos verdadera, menos humana, menos fraterna.

 Gracias, por regalarnos tu luz, por ser nuestra luz. Que sepamos acogerla, disfrutarla y compartirla. Amén.



Comentarios

Entradas populares de este blog

"Señor, enséñame a orar"

“Cuando oréis decid: “Padre”  (Lc 11,2).    Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.   Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!   ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar.  Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...

SAN JOSÉ

Salve, José, amante y tierno padre. Salve, guardián de nuestro Redentor. Esposo fiel de tu bendita Madre y salvador del mismo Salvador. Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti sus miembros reclinó. Al Hacedor de tierra, mar y cielo con cuánto amor le besas y te besó. ¡Oh, qué feliz el nombre de Hijo que dabas! Ninguno fue por Dios tan encumbrado como tú, José. ¡Oh, fiel guardián de nuestro Redentor! Dichoso aquél, José, que tú proteges y el que con fe te invoca en la aflicción, jamás, jamás lo dejas sin amparo y protección. ¡Oh, San José, amante y tierno padre, santo sin par y espejo de virtud! Haznos amar a la divina Virgen y a nuestro Dios y Salvador. “Protege, oh bienaventurado José, protégenos en nuestras tribulaciones. Defiéndenos de las asechanzas del demonio, protégenos con tu patrocinio, y ayúdanos y sostennos con tu auxilio para que podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza”. (León XIII)

Gracias, Señor.

El titulo de esta entrada me la ha do el Papa Francisco esta mañana en su tuit  @ Pontifex_es Termina un año y estamos a punto de comenzar uno nuevo. Se cierra un libro y empieza un nuevo libro con las paginas en blanco. Hoy es un buen momento para hacer balance del año, pedir perdón, dar gracias y pedir ayuda.  En el año que termina ha habido de todo, pero la certeza del amor de Dios ha estado conmigo todos los días. Su ternura la he sentido muchas veces, y muchas veces su mano me ha levantado. Gracias, Señor porque no termino el año sólo y el nuevo lo puedo empezar contigo. Por eso yo no le pido nada al 2015, yo se lo pido a Dios. En tus manos Señor pongo mi vida en este nuevo año 2015